a no molestar al esposo,
a trabajar como si fuéramos esposos de nosotras mismas.
Las publicidades se ríen
de la que estorba al estúpido
mirando el partido.
De la que llama,
de la que espera despierta
porque desde niña
le inculcaron el desvelo.
Nos dan una muñeca,
y nos quitan la destreza de los pies.
Llorá, nos dicen,
y nos permiten ser sensibles.
Madre, tenés que ser.y linda.
Madrecitas nuevas
de Barbies virtuales
que amen a sus esposos
aún cuando no estén.
Barbies solas
con sus cabellos rubios
y largos / brillosos
Barbies con 2000 autores
sabidos de memoria,
incapces de patear el tablero
y de romper las piezas.
Barbies que no puedan barajar
y dar de nuevo.
Estúpidas intelectuales
que siguen meciendo cunitas
de juguete
alimentando el ego
gordo
del macho proveedor.
Mujeres que sólo gritan
cual si el grito acallara los mandatos.
Estúpidas.
Frágiles nos hacen,
paranoicas
frágiles / duras
intelectuales de la casa
escritoras sin nombre y sin destino,
con el apellido prestado
que ni siquiera puede trascender en esos, a los que les dimos el útero.