podría escribir que estoy ebria, o casi ebria, o que soñé que estaba ebria. pero simplemente despido a unos amigos, sí, nada más, esas personas que apenas conocés, que no son amigos desde antes, salvo las dos o tres veces que los viste. hago las compras y preparo con esmero vino tinto, vasos, quesos pan y fiambre. el día de sol deslumbra, como ayer, el Lago Traful queriendo que lo vea, mis ojos pequeños, tan humanos e incapaces. eso definirá para siempre al lago aquel. Traful. la inmensidad turquesa que no cabe en la mirada. el paneo de izquierda a derecha donde tampoco entrás. seguís allá, Traful, bordes atrás de la amplitud incomprensible. debería verte en un paneo desde el cielo, en un avión, imagino, algo así. sos la naturaleza gritando su condición inabarcable y eterna, reorganizándose y volviendo a reencarnar, la inmensidad, la cueva inaccesible por tierra, en la roca, debajo del mirador, el bosque submarino, Traful, la poesía no fue inventada para contenerte. fuera de la vista, de la métrica de las palabras "belleza", "inmensidad", "hermosura". no entrá, Traful, aldea de montaña, no entrás en la lengua ni en el idioma, como no entra a veces, cuando tomo, cuando amo, mi existencia en este cuerpo ques conmigo, fallido, de la mañana a la noche y en los viajes, cuerpo breve, ágil también, y escurridizo. cuerpo de mente desconocida, sutil, frágil, de apasionamientos que no le caben, que exceden el trato social, que sobre-estiman, sobre-valoran, sobre-viven.
decía.
vuelvo al comienzo.
despedí a mis amigos, que no eran, hace un mes. estaba ebria o soñaba que tomaba. despedimos todos la inesperada coincidencia. el encuentro feliz y el tiempo bueno. recordamos. el pasado reciente y el presente vivido en toda su extensión. levantaron sus cosas, mis amigos, y se fueron. no me dejé ganar por la emoción violenta de los desarraigos. les dije: chau, con el vaso en la mano, como si nada me importara. les dije nos vemos a la vuelta, en casa, no hagamos una despedida de este chau. los vi alejarse y reparé en el taxi cuando partió. los demás hablaban, disimulé, se evanesció el taxi por la pendiente de la montaña y la conversación, alguna que no escuché, seguía como siempre sigue todo, como si nada.
decía.
vuelvo al comienzo.
despedí a mis amigos, que no eran, hace un mes. estaba ebria o soñaba que tomaba. despedimos todos la inesperada coincidencia. el encuentro feliz y el tiempo bueno. recordamos. el pasado reciente y el presente vivido en toda su extensión. levantaron sus cosas, mis amigos, y se fueron. no me dejé ganar por la emoción violenta de los desarraigos. les dije: chau, con el vaso en la mano, como si nada me importara. les dije nos vemos a la vuelta, en casa, no hagamos una despedida de este chau. los vi alejarse y reparé en el taxi cuando partió. los demás hablaban, disimulé, se evanesció el taxi por la pendiente de la montaña y la conversación, alguna que no escuché, seguía como siempre sigue todo, como si nada.