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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

11.5.17

Suspender-se para poner la patria en el centro de la escena

"Pero esta vez, esa hoguera de las vanidades literarias se tomó un respiro: son varios los escritores que decidieron no presentar sus libros el miércoles y posponer o suspender sus charlas allí por considerar que sus presencias eran más importantes en la marcha de repudio al fallo de la Corte Suprema que habilitó la aplicación del 2x1 para los represores de la dictadura. Un acto de valentía, despojado de alharaca y pleno de sentido común. Por eso, vale la pena mencionarlos: Claudia Piñeiro, Luisa Valenzuela, Luis Mey, Gabriel Kessler, Daniel Feierstein, Leticia Martin, Tatiana Goransky, Patricia Suárez, y el editor Leandro Donozo, entre otros. Hasta las propias autoridades de la Feria decidieron pasar del miércoles a mañana la entrega del premio literario al tucumano Máximo Chein."
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El error de la mujer

Directoras creativas de la Secretaría de Comunicación Pública durante el kirchnerismo: 0 (cero).
Directoras creativas de la Secretaría de Comunicación Pública durante el cambierismo: 0 (cero).
Hay mujeres en cuentas, biblioteca, administración, producción, limpieza, cafetería, compras y una larga lista más de sub-rubros del medio. Evidentemente, hay que aceptarlo, la creación se hace esquiva a la mujer. Esta puede procrear, claro. Pero pensar es otra cosa. Imaginar algo de cero, contarlo, venderlo, defenderlo en su proceso de producción y verlo al aire, luego, en la tele o en una revista, eso es otra cosa. Eso es tema, más bien masculino. Sobre todo si se trata de campañas de bien público o spots contando campañas de gobierno, trabajo dificultoso si los hay. 
Jamás me pasó que ideas mías estuvieran al aire en la tele o en el cine, producidas con sus millones de pesos bien pagados, a veces dólares, a veces de campañas regionales, bien lindas, bien musicalizadas, y, como por arte de magia, que yo las vieras y supiera que habían sido concebidas en mi intelecto, con o sin colaboración de alguien más. No. Eso no le pasa a una mujer. En general las ideas surgen de la cabeza de los hombres. La que contiene al cerebro o la que contiene el esperma, igual da. Ellos son algo más dúctiles al pensamiento. Más propicios. Más aptos. A una se le puede ocurrir algo, sí, pero eso siempre es una punta, una especie de subcategoría del pensamiento, algo parecido a una idea pero que debe ser retrabajado durante largo tiempo por una inteligencia masculina para –entonces sí– pasar al ámbito propiamente llamado por los filósofos griegos: "mundo de las ideas". Tampoco me pasó el contarle a director creativo una idea que –un par de horas o días después– se le ocurriera a él. Eso no pasa jamás y no debe ser confundido con una cuestión de género.
Hay que decirlo de una vez y para siempre: el hombre es más flexibles mentalmente que la mujer, es mejor asociando ideas, más generalista, más apto para concentrarse. Cuenta con una virtud genética para esos menesteres. No es un tema del ejercicio del poder de forma continua y casi de modo "hereditario". No. Tiene que ver con configuraciones genéticas. La mujer se desconcentra. Se dispersa. Tiene otras cualidades, pero no las necesarias para elegir las ideas más aptas y cuidarlas hasta llevarlas a la pantalla. No sabría como explicar mejor este proceso porque, justamente, no me salen bien las palabras. Soy redactora, sí. Pero me faltan muchas condiciones para ser una que, luego de 40 años de vida y 19 de profesión, tenga incorporadas las dificultades del medio, pueda lidiar con los difíciles desafíos de la profesión y, sobre todo, cuente con la virtud de dominar la lengua. 
El pensamiento creativo, se sabe, es más apto al varón desde el inicio de los tiempos. Ese varón viril que, con su pene, sobre todo con su pene erecto, esgrime mejores BIG IDEAS y pone en acto mejores criterios creativos. Por esa razón se explica que haya tantos de ellos filósofos o políticos, escritores o sociólogos, por no poner "y". Las mujeres, bueno. Las mujeres no podemos. Yo soy un claro ejemplo, junto a tantas otras que por error, creí admirar. La mujer sólo quiere cargos directivos para ganar más guita y despilfarrarla en ropa. Seamos autocríticas. Todas tenemos una amiga directora de jardín de infantes o que llega a puestos directivos de jerarquía en departamentos de marketing o multinacionales. Lo que sucede es que muchas mujeres pecamos de soberbia y no somos capaces de ver nuestras debilidades. Eso hace que lleguen tan pocas. Al final los manuales tenían razón. Todo es cuestión de: fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. La mujer creativa publicitaria, en general, no entiende que ella es presa de la debilidad y la amenaza, en términos mayoritarios. Si entendiera esto no andaría reclamando estupideces por ahí, y se ocuparía de criar a los hijos y tener un trabajito de cuatro a seis horas máximo, que le permita desplegar su creatividad en el hogar, pintando patos en los repasadores o imanes de heladera. En lugar de reclamar nuestro espacio en ámbitos que nos son más naturales y cómodos –como la docencia, el hogar o las oficinas de "Cuentas" y "Atención al cliente"– perdemos el tiempo en luchar contra los molinos de viento de la ingeniería, la cirugía mayor, la creatividad o la política. Sería mucho más inteligente si aprovecháramos nuestras fortalezas y planteáramos mejores estrategias para vender nuestra fuerza laboral en el mercado que sí nos ofrecen. 
Otro punto es que el hombre –cuando nos quiere– sabe aconsejarnos muy bien qué camino estratégico tomar en nuestra vida profesional. Deberíamos aprender a escucharlos mejor. ¡Me he cruzado con tantos! Algunos más generosos que otros, claro está, muchos de ellos que han sabido aconsejarme sobre las áreas en las que me convenía desarrollarme, incluso algunos pocos que hay decidido por mí que era mejor que –después de parir– me quedara en casa viendo crecer a los chicos. Eso sí que es genial. Hasta me dieron una mano enorme despidiéndome e indemnizándome. Jamás los olvidaré, ellos han sabido ser buenos consejeros, aún, cuando yo no había conseguido ser una buena oreja para sus consejos. 
Las hormonas suelen jugarnos malas pasadas y destruyen todo ese edificio de buenas ideas que esporádicamente podamos tener. Imagino que hay directoras creativas en áreas estatales como municipios y comunas. Eso sí está bien. Esos ámbitos de menos dificultades y sin la necesidad de que la mujer tenga que estar dando órdenes y ocupando lugares de jerarquía son más aptos para la concha. La mujer en esos ámbitos tiene la posibilidad de irse al médico con los hijos, pedir una mañana para una reunión de padres del colegio, incluso ausentarse algún día al año si hiciera falta, cosa que jamás le pasaría al hombre.
Por supuesto, al exponer la situación de la mujer creativa en estos términos, jamás estoy hablando de mí. Sé que mi condición de género me inhabilita para muchas tareas y que mi capacidad creativa es limitada. Además no me gusta exponerme. Nunca lo hice. Justamente por esa razón es que traté de ni esforzarme en escribir dramaturgia y novela, cuentos y poemas, ensayos, críticas y periodismo cultural, al tiempo que cumplía con mis roles de madre y redactora, en el mundo privado como en el mundo público. Me pareció que hacerlo no iba a tener ningún sentido. Además nunca quise mostrar que podía, ni lo demostré, e hice mi trabajo a medias, o como pude.
Bueno, es todo por hoy. Voy a aprovechar lo que queda del horario del almuerzo para escribir una reseña, que es una pelotudez que le sale bastante bien a las minitas. De paso, saludos a todas las boludas que lloran y se hipersensibilizan una vez al mes, descartándose para todo cargo de jerarquía.

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