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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

4.8.13

qué estamos dispuestos
                                   a hacer
a cambio de una palmada
de un cacho de popularidad
de un me gusta
de una estrellita en tuiter.

qué estamos dispuestos
                                   a dejar
a cambio de pertenecer
a qué
      tenemos que llegar
para sentirnos satisfechos.

qué estamos dispuestos
                                   a perder
para decir algo con nosotros
para irradiar algo mientras vamos
                          andando por ahí.

los días se me hacen largos. una goma chiclosa que se estira y no se corta. por suerte alguien reconoce mis lecturas. ¿de qué sirve eso?, pienso. de mucho. es un modo de sobrevivir. el resto del tiempo, el que pasa entre lectura y lectura, libro y libro, sumario y sumario, se parece mucho a la demasía del 35 mm, al sobrante, a los retazos que no van a formar parte del vestido. están ahí, son horas que hay que recorrer, extensas reuniones escuchando prejuicios, aburridas personas que se lamentan de su suerte, de la suerte de los otros, del país. algunos, más lamentables, asumen el lugar de víctimas, otros no tienen tema, otros hablan hasta por los codos y no registran ni qué dicen, ni para qué. otros sobran a todos los demás, sectorizan, arman círculos de pertenencia para segregar. esta noche, apoltronada en el inodoro, llegué a la conclusión de que por cada persona con la que quiero hablar, sentarme en un bar a debatir, intercambiar ideas o impresiones, hay decenas de otras personas indeseables. en cualquier momento se me acaba la batería de la mac, como aquella mañana de enero, este año, en Neuquén, la distancia puede generar, el efecto contrario.

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