se cae un plan y sube otro. los amigos son esas personas que te quieren ver en el momento en que vos ni sabías que los necesitabas. "estoy por Almagro, ¿tomamos una birra?". así dice el mensaje de texto que me manda la gallega. nos encontramos a mitad de camino. camino por Corrientes, iluminada, llego hasta el Imaginario, ya casi no hace frío. se está cerrando una etapa. me acompaña Martín Felipe Castagnet. hace un rato, mientras debatíamos el próximo sumario, le dije sin pruritos que su libro, Los cuerpos del verano, era mejor que otro bastante reconocido del que se hablaba con énfasis. "no podría decir que es el mejor libro del año, pero sí uno de los mejores". lo dije con total sinceridad. ahora, en la esquina de los bares clausurados le doy un beso y sigo camino. me acuerdo otra vez de la trucha que comí en enero, al borde del Nahuel Huapi. qué lejos la lectura aquella, inspiradora, de Levrero. Hacher tiene mi ejemplar de La novela luminosa. almorzamos los otros días y se lo presté, previo rosario de recaudos. tengo una lista de libros prestados subida al google drive. me piso la capa. menos mal que voy a ver a la gallega, pienso. seguro me cuenta que está por estrenar una obra nueva y eso me pellizca esta idiotez que me picó hace unas semanas. creo que estoy débil. tal vez por enfermar. me posee una especie de vacilación, una dependencia horrible de apéndices infectas que en un descuido le crecieron a mis planes. no es que no pueda escribir o que haya dejado de hacerlo. odio ese discurso lastimoso de la víctima sufriente. voy a parecer reiterativa, ya estoy en el bar, ya pedimos la segunda botella de Stella Artois, ya le estoy contando a Maca que padezco de cierta "desconfianza de lo que escribí". releer me está matando. releer es volver sobre lo escrito, verle el defecto, buscarle la falla, encontrarlo estúpido, leve, limitado. ¿limitado para quién? me dice Maca. me meo, le contesto, y salgo de su plano medio en dirección al baño. el Imaginario está casi vacío. es martes, enseguida se hacen las once, no puedo volver a casa todavía. a esta altura sé que mañana será un día imposible. en el baño se escuchan mis demonios, igual salgo con cierta apariencia de frescura, levantando el mentón, acomodándome la ropa. pedimos otra cerveza. cambio de tema, hablamos de sus textos, algo se cierra en la charla proyectada, una especie de metas tácitas y compromisos mutuos. sin verbalizarlas nos hacemos unas promesas. quisiera decirle a Maca que su presencia me puso en otro plano, pero decido no enunciar esa idea. los amigos son esas personas que se actualizan cuando ni sabías que los necesitabas.
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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot
31.7.13
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