Los héroes no escamotean. No descansan. Néstor Kichner tenía hasta hoy a la mañana 60 años. Es tan difícil decir unas líneas coherentes cuando todavía la conmoción no pasó, cuando seguimos tratando de entender por qué. Y nos cuesta entenderlo porque lo vemos desde el mundo egoísta de cada uno. Porque hay que decirlo sin vueltas. Kirchner supo mirar a nuestro país pensando en hacerlo grande, proponiendo un modelo que trascienda su gobierno, el de su susesora, y hasta su propia vida. Por eso al día siguiente de operarse estaba en un acto y nunca hizo el descanzo suficiente. Porque el objetivo no era cuidarse. Era cuidar a todos los argentinos, pero sobre todo a los que estaban afuera de los planes del modelo anterior.
Puede ser que hablar de héroes en esta época huela a naftalina. Pero díganme entonces cómo se nombra a un tipo que pone en primer lugar su ideal, lo compartamos o no, por sobre su propia salud. Justamente hoy, más que antes, sobrevalorar el bien común es un gesto para aplaudir. Y a los que les parezca grandilocuente los entiendo, no todos nacimos para ver más allá de nuestro propio ombligo.