me obligo un poco, cada día. me obligo a escribir. a veces mi deseo coincide, a veces no, y ahí es entonces que me obligo, tengo dudas, de que escribir así no corresponda, de sólo correr sin responder, a las preguntas que me esperan. recuerdo la frase de Levrero que leí anoche, cuando intentaba escribir lo que no escribí, el motivo tal vez deste malestar: "escribir no es hacerlo bien, escribir es lidiar con los monstruos de uno". a veces tipeo con el fantasma de la melancolía colgado de la espalda. a veces pienso en otras veces, en cómo lo hice, en qué circunstancias escribí, sobre qué evocaciones, con qué energía. he pensado muchas veces que mi escritura aparece en el dolor, en momentos de reclusión e imposibilidad. voy a romper esos términos, desasociarlos, voy a encontrar mi fuerza en otra parte, de mí, en otro motivo. "mi nafta es que no me importe el reconocimiento", mi nafta es el sabor del juego ecléctico de las palabras que a veces pueden dar sentidos y otras veces no. quiero un piso abierto, algunas baldosas y debajo nada, ni tierra, ni cimientos, ni llegada. un camino sobre el aire y el gozo de caminar sin saber a dónde. sólo tememos cuando queremos seguridades, continuidades, repeticiones. mi nafta también puede ser la apertura total a lo que venga, con sus bifes, sus miserias, las caras de orto de los demás. la aceptación del bache, del dedo faltante de mi hermano, del poder de mi deseo sobre mi pereza.
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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot
11.6.13
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