hoy me acordé de los lupines.
algo que preparaban a la italiana María y Nicola, mis vecinos de la calle Acevedo, allá en el barrio de Tablada.
ella bajita, toda suave, él un pura sangre siciliana, que nadie me saca de la cabeza que la fajaba.
no lo hacía delante nuestro, pero en algún momento se la zafaba el revés.
María tenía las manos destruidas, le ponía lavandina pura a la rejilla y la fregaba sin guantes, sobre la mesada de la cocina.
ese olor estaba impregnado en toda ella.
ahora lo siento al recordarla.
y ahí pasaba algunas tardes yo, cuando mi mamá iba a sus "horas de piedad".
la excusa era aprender guitarra, que Susana, la hija mayor iba a enseñarme.
nunca entendí mucho lo que ella me enseñó de música, eso no.
pero sí sé, de cómo se comen los lupines.
cómo se pelan.