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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

31.10.15

Levrero x Sanchiz

Un encuentro de culto en la sede central del CEC.
Con la presencia de Ramiro Sanchiz.
*31/10/15*

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Parte 1. 
Parte 2.









Un prólogo

PRÓLOGO


Leticia Martin

Un libro de entrevistas bien podría ser el ejemplar de una revista de chismes. La afirmación puede sonar despectiva, menor, sin embargo arrastra buena parte de una verdad. Nos interesa el borde de la obra, lo que está por fuera e intuimos, lo que imaginamos, lo que se vela detrás de lo que se narra, el secreto, el detalle, la infidencia.
La entrevista, entonces, se erige como el género por excelencia para hacer de bisagra entre las mentes interpretativas de los lectores y el detrás de escena de los libros. No por casualidad la pregunta obligada, siempre, en toda entrevista, sea la que reclama un relato de las formas de trabajo o del día tipo en la vida de una personalidad.  
Llevamos más de un siglo leyendo conversaciones impresas. “Antes de que se inventara el cine, antes de que existiera la luz eléctrica, ya se hacían entrevistas en los diarios”, señala Rosa Montero. ¿Cómo ser original después de tantos diálogos? ¿Qué preguntar en el siglo XXI? ¿Cómo preguntar? ¿De que forma señalar las diferencias o reconstruir el contexto de la entrevista?
Durante muchos años la formalidad fue la vedette del género y la seriedad el tono que se imprimió tanto a las preguntas como a las respuestas. Sin embargo, una vez entrado el siglo XX —ahora le robo a Silvio Mattoni— “las mejores infidencias de la vida de un escritor pasaban de inmediato a formar parte del contorno de su obra, como un halo que daba cierta profundidad vital y que permitía la identificación de los lectores”.
Nando Varela Pagliaro no desconoce las genealogías del género al consolidar su lugar de entrevistador y presentarnos estas conversaciones que entabló con escritores y periodistas argentinos. Desde su temprana curiosidad y sus descripciones de ambientes y climas, consigue generar unas preguntas renovadas y enfocar los aspectos menos iluminados de la obra de sus dieciséis presas: Pablo Ramos, Mempo Giardinelli, Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Fabián Casas, Hernán Casciari, Reynaldo Sietecase, Guillermo Arriaga, Antonio Dal Masetto, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Marcelo Cohen, Marcelo Birmajer, Eduardo Sacheri, José Pablo Feinmann y Pedro Mairal.
Los entrevistados, por su parte, tienen unas características comunes que el buen entrevistador debe sortear. Ellos se prestan al intercambio, no sin antes constituir un sistema de defensa basado en la repetición de estereotipos. En general, y aún cuando esa no sea la intención, el entrevistado cuenta con una serie de lugares comunes preconcebidos, o unas respuestas armadas de antemano, que lo vuelven impenetrable al diálogo sustancioso. Jorge Rivera en El periodismo cultural señala que los entrevistados actúan dos tipos de papeles o posiciones. Por un lado están los encantadores, positivos, receptivos, y por el otro los que aparecen como eternos huraños, escudándose detrás de la reputación de “difíciles”. Estos últimos se oponen a responder algunas preguntas, reformulan los términos, reemplazan las palabras del entrevistador, se muestran inaccesibles, o esquivan el momento del encuentro. El chiste de la entrevista, entonces, es mucho más profundo que la búsqueda de nuevas respuestas a temas que se repiten desde que el hombre dialoga en público. Lo distintivo de una buena entrevista, permítanme pensar en voz alta, es la puesta en juego de una intención concreta: la necesidad de volver abordable lo inabordable, de despejar el lugar común y la respuesta automática. Como bien señala María Moreno retomando a Graciela Brodsky, “el saber ordenado bajo la forma de la previsión sólo da lugar a la sorpresa cuando falla”. Justamente allí, en el error, en la respuesta inconsciente, fallida, inesperada, en ese punto donde el entrevistado se sorprende a sí mismo diciendo lo que dice, es que la serie de entrevistas presentadas en este volumen, se vuelven atractivas y despiertan la curiosidad de los lectores. Varela Pagliaro no tarda en ubicar el talón de Aquiles de sus entrevistados y hurga, desde su lugar invisible, casi desapareciendo de la escena, en los rincones menos explorados de estas discursividades. Finalmente, a costa de repreguntar, fluye esa materia oculta que captura toda nuestra atención.Por último hay que señalar que estas entrevistas, todas, fueron pensadas alrededor de un tema central y que van cosiéndose entre sí, generando un entramado sólido e integrado. En muchas de ellas se repiten las temáticas con la intención de mostrar distintos puntos de vista y en otras se retoman respuestas de los propios entrevistados para reformular ciertas preguntas y enfocar las diferencias individuales, en torno a las mismas cuestiones.
Parece una tarea sencilla elogiar y recomendar lo que está bien hecho, bien escrito, bien concebido y bien presentado a los lectores. Sin embargo, para ser justos, no lo es tanto. El elogio sin argumentos pasa a convertirse en una gran mentira apenas dejamos pasar unas páginas.

25.10.15

Tohio Saruki

https://www.tumblr.com/tagged/saeki-toshio

18.10.15

Lo único que quiero es dormir
dormir y verte
dormir y verte si es que sueño

16.10.15

David Houncheringer

Sublimar con fotos lo que pensás de los ignorantes que ganan un sueldo por pajearse. Click acá.




15.10.15

El prime time analógico de la cultura letrada

Una Feria del Libro Popular en un Centro Cultural de dimensiones descomunales. El Centro Cultural más grande de Latinoamérica. El viejo edificio del Correo dispuesto íntegramente para cobijar, durante los próximos cuatro días, a cincuenta editoriales, decenas de escritores, cientos y cientos de libros publicados en todos los rincones de la Argentina. ¿Por qué? ¿Por qué se edita tanto? ¿Por qué el Estado le da ese espacio privilegiado a la literatura nacional?
Si Bourdieu hubiera observado esta postal diría que nos encontramos frente a un momento histórico que pone de relieve un determinado estado en la distribución del capital simbólico de este campo específico: el campo literario. Los libros materializan objetos simbólicos que en una espiral ascendente generan más editoriales, más lectores, más escritores, y, en definitiva, una ampliación del campo de batalla. La trillada y archinombrada: “batalla cultural”.
Cambiemos la pregunta entonces. ¿Por qué un Estado que se amplió en todos los campos no iba a poner todo, también, a disposición del campo cultural? ¿Es lícito? ¿Es criticable? Seguramente habrá opiniones encontradas, razones y argumentos para poner en tela de juicio cada actividad en la que el Estado se vuelva posibilitador de ciertas expresiones. Lo que nadie podrá cuestionar es que más personas están accediendo a la lectura y la escritura y que, leer, siempre, la experiencia literaria es una experiencia de aprendizaje y ascenso social.

El programa completo para los cuatro días: Click acá

10.10.15

7.10.15

Diez x diez



Tercer título de la colección Diez por diez (Teatro en Sociales), libro de ensayos donde publico un trabajo sobre la obra Por eso las curitas, de Macarena Trigo. #Alegría.














1.10.15

El Gigoló


La crítica según Auden, vía Mavrakis

"Más de una vez hemos escuchado la pregunta acerca de cuál debería ser la función de la crítica literaria. Auden la resume en apenas seis puntos: dar a conocer autores ignorados; convencer de la importancia de autores menospreciados; mostrar relaciones entre obras de distintas épocas y culturas; ofrecer una lectura que mejore determinada obra; arrojar luz sobre el proceso del "hacer" artístico; y arrojar luz sobre el arte de vivir, la ciencia, la economía, la ética o la religión. Con cumplir algunos de esos puntos alcanza. Sobre todo, agrega Auden, "la lucidez de un crítico puede medirse por la novedad e importancia de sus preguntas, más allá de que uno pueda estar en desacuerdo con sus respuestas"."

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