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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

6.2.13

#hijos, árboles y libros

los libros no son hijos. leo la frase en el facebook de mi editor. [pongo "facebook", sí, deliveradamente, con minúscula y en inglés. pienso en el término. no creo que esa palabra siga siendo una marca. de ninguna manera. ya es un sustantivo hace rato. así que la cargo en el diccionario de mi word. con minúscula y en inglés. no la vuelvo lunfarda. no me gusta feisbuk, por ejemplo, y no encuentro una forma mejor. queda así] vuelvo al comienzo. "los libros no son hijos". me gusta la distancia entres esas entidades autónomas que yo suelo pegotear. muchas veces pensé que mi pulsión materna había encontrado su cause en la escritura. —un pensamiento boicotero se cruza en este momento por mi mente: "¿a quién le importa lo que estás escribiendo?". me importa a mí, le contesto a esa fábrica de producir pensamientos paralelos, y sigo—. tomo un recuerdo para completar la idea anterior. mi padre eligió tener siete hijos. luego comenzó a plantar árboles. muchos. cada vez más. la terraza de su casa en Lomas del Mirador está llena de Álamos, Paraísos, Moras, Cedrones, Tilos y otras especies arbóreas. por las mañana sube a la terraza y riega cada maceta. en el lugar donde me escapaba a leer en la adolescencia ahora hay un vivero. la diferencia es que esos árboles no se venden sino que se regalan, o se plantan, donde haya una carencia o un lugar apropiado. "los árboles no son hijos", pienso. voy a decírselo a mi papá. también pienso que me agarró mucha hambre y que se está acabando mi hora de almorzar.   

los libros no son hijos
los árboles no son hijos
los libros no son árboles, ni hijos.
y esto no es una pipa.

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