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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

19.1.13

#del papel a la piel

Malena me dice, mamá estás más negra que Octavio, y tiene razón. miro mi brazo y es de otra raza, miro a mis hijos y no puedo creer la diversidad de esas pieles, la carga genética que recibieron, la mezcla de caracteres y los gestos adquiridos. negociamos la compu por un paseo más tarde y así me hago de esta disputada Netbook, que ya entró en tiempo de descuento. Octavio se viene a sentar conmigo. estamos en el quincho comedor de Inacayal. trae dos taza, un vasito de vidrio, un saquito de té, y un frasco de azúcar comunitario. son las cinco y media de la tarde. para inglés viene retrasado, para argentino se equivocó de infusión. lo primero que hago, antes de empezar esta breve entrada, es leer unas recomendaciones de lecturas veraniegas que aparece hoy, en Infobae. a la mañana miré las tapas de los matutinos nacionales, y el diario on line de La Angostura. hay un sesenta por ciento más de turismo en la zona que en 2011. a mi derecha el té  ya está repartido entre las tazas, el vasito y la fórmica de la mesa. se parece a un lago que en lugar de arena tiene un importante fondo de azúcar. no digo nada, es un juego. sólo le pido que seque el té volcado con una servilleta de papel, por temor a que se moje la computadora. él me dice algo que no escucho y se va. antes seca el enchastre. al medio día almorzamos con Toti La Boglia y Hernán Lucas. hablamos del oficio de librero, de la venta de saldos, de los perfiles falsos de Facebook y de la presidenta de la Nación. obviamente planeamos un asado a la parrilla en unos días y una caminata que será mañana, al mirador de Belvedere y la cascada de Inacayal, unos kilómetros más allá del Río Correntoso. luego E se sumó a la conversación y el tono de la charla se puso más abstracto. Hernán citó a Piglia para hablar del corrimiento del cine a la esfera representacional y desembocamos en las series yankies con mega presupuestos holliwoodenses. iba a dormir la siesta, pero me abracé a Levrero una vez más, como tantas veces, después de almorzar, que me tiro en el pasto, o en la arena, o donde estemos, y me apoyo el libro sobre la cara, cierro los ojos, aspiro el olor de las páginas, e imagino que puedo recibir sus influencias, que me pasa por los poros, del papel a la piel. a la mañana, recuerdo ahora, hablamos de las influencias. dije algo así como, uno no elige sus influencias, uno lee los libros que le llegan, elige libros, sí, pero no la escritura que lo marcará o que despuntará sin aviso en su propia narrativa. E asintió, pareció sorprendida por mi pensamiento, entonces seguí, yo quisiera que mis influencias fuera Fogwill, Levrero, Lispector, pero tal vez mi escritura esté marcada desde antes por Márquez, Cortázar, Allende, esos que leí sin pensar, en la adolescencia y la primera juventud, esos que enfervorecieron mi perfil lector y ahora veo tan lejanos. hay una distancia difícil en la paz de estos días de privilegio, lectura, análisis y escritura. hay una distancia difícil, un dolor del que algún día, tal vez, pueda escribir. ahora dejo esta máquina a mis hijos, vuelvo a la lectura de La novela luminosa.




#sueños y tábanos

las arrugas de la cara. desde la nariz, hasta los bordes de la boca, encerrándola apenas, un poquito hacia abajo. me miro en una foto y las registro. son las arrugas de la risa. si fueran las únicas no me preocuparía. pero también tengo las arrugas de la seriedad, las del ceño fruncido de vieja chota. están firmes, rectas entre mis cejas, como postes anunciando lo peor. llevo días acá, sin enfrentarme al espejo. lo evito en todas sus formas, incluidos los reflejos de las ventanas, los lagos, y mi propia sombra. alguna vez supe ir mirándome en mi propia sombra, calculando las dimensiones de la cintura y la cadera. evito los espejos y un poco el alcohol. anteanoche tomé y terminé cantando a los gritos. arengando a unos niños percusionistas. al otro día todos me saludaron con la distancia necesaria. decía, me vi las arrugas en una foto. vi a mi madre en esas arrugas y las próximas que voy a tener. mi cara entera, y mi cuello arrugado. entré en una especie de malhumor momentáneo. entonces salí a caminar. éramos varios. por supuesto estaba E. mis conversaciones con E se parecen un poco a las de Leto y el Matemático. seguro Saer se está retorciendo en la tumba al leer estas líneas desde el espacio sin tiempo donde siguen existiendo los escritores que partieron. volviendo a E, decía, sus preguntas y los cruces con las mías resultan de una profundidad que me retornan a Buenos Aires. de ese modo no extraño a mi lugar y este viaje se vuelve parte de mi verdadero viaje, la escritura. el cuerpo cansado, luego de varios kilómetros, da lugar a los mejores momentos de nuestras conversaciones. E tiene un saber y una capacidad de transmisión que despiertan deseos de conocimiento. llevo dos libros descargados para seguirle el hilo en las caminatas. además E interpreta mis sueños. me cuenta el suyo a la mañana, cada día, mientras tomamos café, y después le cuento el mio. a medida que avanza la jornada, que nuestros fallidos dan espacio a nuestro inconsciente para que salga a mostrarse, construimos un relato. le cuento una parte de lo que leo, me cuenta una parte de lo que lee, nuestras charlas se referencian, después,  en citas del libro propio, o del libro de la otra. no sólo ese día, sino también los subsiguientes, todo este espacio de descanso en la montaña, es un gran relato, un googlear dudas cuando volvemos a casa, un interpretar los errores, los deja vu, los fallidos, las citas, los hechos significativos de estos días, desde el principio de este paréntesis. pienso en silencio a ratos. camino a la par, se nos sincroniza el paso, y cierro la boca, hablo conmigo. ¿quién es VZ si no fuera mi compañera de trabajo? ¿por qué aparece en ese sueño? ¿qué es el 3? ¿qué es el 5? ¿por qué tiré La novela luminosa al Nahuel Huapi? dos termos rotos en un mismo día. abstinencia de mate y de alcohol, algunos días, tábanos ensañados con el olor de una crema que me puse en la piel, tábanos zumbando fuerte en la cascada, girando alrededor de mi cabeza, con saña, molestándome hasta el borde de la locura. 






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