las arrugas de la cara. desde la nariz, hasta los bordes de la boca, encerrándola apenas, un poquito hacia abajo. me miro en una foto y las registro. son las arrugas de la risa. si fueran las únicas no me preocuparía. pero también tengo las arrugas de la seriedad, las del ceño fruncido de vieja chota. están firmes, rectas entre mis cejas, como postes anunciando lo peor. llevo días acá, sin enfrentarme al espejo. lo evito en todas sus formas, incluidos los reflejos de las ventanas, los lagos, y mi propia sombra. alguna vez supe ir mirándome en mi propia sombra, calculando las dimensiones de la cintura y la cadera. evito los espejos y un poco el alcohol. anteanoche tomé y terminé cantando a los gritos. arengando a unos niños percusionistas. al otro día todos me saludaron con la distancia necesaria. decía, me vi las arrugas en una foto. vi a mi madre en esas arrugas y las próximas que voy a tener. mi cara entera, y mi cuello arrugado. entré en una especie de malhumor momentáneo. entonces salí a caminar. éramos varios. por supuesto estaba E. mis conversaciones con E se parecen un poco a las de Leto y el Matemático. seguro Saer se está retorciendo en la tumba al leer estas líneas desde el espacio sin tiempo donde siguen existiendo los escritores que partieron. volviendo a E, decía, sus preguntas y los cruces con las mías resultan de una profundidad que me retornan a Buenos Aires. de ese modo no extraño a mi lugar y este viaje se vuelve parte de mi verdadero viaje, la escritura. el cuerpo cansado, luego de varios kilómetros, da lugar a los mejores momentos de nuestras conversaciones. E tiene un saber y una capacidad de transmisión que despiertan deseos de conocimiento. llevo dos libros descargados para seguirle el hilo en las caminatas. además E interpreta mis sueños. me cuenta el suyo a la mañana, cada día, mientras tomamos café, y después le cuento el mio. a medida que avanza la jornada, que nuestros fallidos dan espacio a nuestro inconsciente para que salga a mostrarse, construimos un relato. le cuento una parte de lo que leo, me cuenta una parte de lo que lee, nuestras charlas se referencian, después, en citas del libro propio, o del libro de la otra. no sólo ese día, sino también los subsiguientes, todo este espacio de descanso en la montaña, es un gran relato, un googlear dudas cuando volvemos a casa, un interpretar los errores, los deja vu, los fallidos, las citas, los hechos significativos de estos días, desde el principio de este paréntesis. pienso en silencio a ratos. camino a la par, se nos sincroniza el paso, y cierro la boca, hablo conmigo. ¿quién es VZ si no fuera mi compañera de trabajo? ¿por qué aparece en ese sueño? ¿qué es el 3? ¿qué es el 5? ¿por qué tiré La novela luminosa al Nahuel Huapi? dos termos rotos en un mismo día. abstinencia de mate y de alcohol, algunos días, tábanos ensañados con el olor de una crema que me puse en la piel, tábanos zumbando fuerte en la cascada, girando alrededor de mi cabeza, con saña, molestándome hasta el borde de la locura.
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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot
19.1.13
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