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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

12.2.13

#martes cual domingos

son días largos, es feriado de carnaval, avanzo un cuento a paso lento, releyendo cada párrafo, ajustando el lenguaje para olvidarme de la realidad.
no tomo un trabajo freelance que me ofrecen vía Skype, ya lo conté.
armo una cena de escritoras, cuido a la gata de V, leo a Ramiro Sanchiz, le hago un comentario, recuerdo a Levrero.

ensayo canciones suaves acompañando el ukelele.
V ejecuta cada vez mejor.
el ukelele es la banda de sonido de estos días.

tengo olvidado este diario on line.
debería dejar de escribirlo.
iba a ser mi Diario de enero y sin querer lo estoy siguiendo.
ayer me puse un nuevo dead line: el comienzo del ciclo lectivo.
también me propuse terminar El año del desierto, de Pedro Mairal, y la escritura del cuento que apenas tengo empezado. pero el libro de Mairal se me hace imprescindible; inspiradora lectura previa al acto de escribir. sus observaciones ajustadas dibujan imágenes en mi cabeza, sobre el aire, y entonces suspendo el apuro y apoyo el libro en mi mesa de luz, leo partes de capítulos y anoto, me repito cierto ritmo de las frases y sólo entonces intento lo mío.
igual el cuento avanza lento.

mi hija me habla de Arriety y le construye una casita con cajas y cartones. después pone un Playmóvil a jugar, y hace con su voz la del personaje en miniatura.

me gusta la palabra "poroso", la dicen Ana Ojeda y Juan Terranova.
"poroso".
suena inteligente.
pero en mi boca parece impostada.

hice unos cálculos de peso y metí Géminis, de Janza, en la cartera que llevo al trabajo. trataré de leerlo en los viajes en subte y a la hora del almuerzo. en estos días, además, debería reseñarlo; igual que otros dos libros que dejé en el banco del baño de esta casa.

no se escuchan las comparsas por la ventana que da a la calle y el Pachi abrió muy tarde, recién hoy.

entro a tuiter y me maldigo, es infinito el tiempo que se me escapa, se me pierde, se me escurre entre los dedos. carísimo tiempo que elegí no hacer dinero, para escribir.
esta tarde me quemé dos dedos con una taza de loza hirviendo.
Santiago Loza estrena La mujer puerca en el Espacio elefante, a dos cuadras de mi casa. en breve iré a verla porque nadie me lo pide y se me antoja.

no sé cómo voy a tocarme.

tampoco salgo, finalmente a andar en bici, como dije.
temo que el viento en la cara, el auricular en los oídos, y estar sola, destruyan mi frágil equilibrio emocional. googleo cuentos que ya leí: Tripas, de Palahniuk, y Poison Heart, de El Tigre Oyola.
pienso que tengo un poco abandonada mi poesía.
pienso también que nunca nada deja de pasar.
que algo de todo esto estoy por aprender.

11.2.13

#sábados, domingos y feriados

me escribe un ex compañero de trabajo, radicado en un país de corte capitalista, ascendido a clase alta, pelo largo, bastante facha, dos idiomas o tres, puesto jerárquico en una agencia de publicidad. obviamente me escribe por trabajo. 

—hola, Leti, tanto tiempo, cómo anda la flia, tengo un freelo si te interesa, contame en qué anda tu vida.
—ey, qué bueno saber de vos, tanto tiempo que no nos vemos. contame de qué se trata, siendo trabajo siempre es bienvenido.

el intercambio de mails terminó en una reunión vía Skype, con otro integrante de la agencia, del área de cuentas, llamémoslo N. siendo sábado, víspera de un feriado, pedí que la reunión se haga al día siguiente, con la fresca, dije, "desde las ocho puedo estar disponible". por supuesto mi pedido no fue escuchado y el mismo sábado a las once de la noche, mientras mi padre sacaba el asado de la parrilla y el resto de la familia tomaba unos hermosos vinos de doce pesos, yo respondía el llamado vía Skype desde mi teléfono celular.

me hubiera gustado preguntar al toque; —che, negro, ¿cuánto hay?— pero antes de quedar como una angurrienta, preferí escuchar de qué se trataba.

N, cual Moisés con las tablas de la ley, desplegó una inmensa cantidad de datos y, al minuto de iniciado el contacto telefónico, me pidió que pasemos a la compu. yo pedí silencio en el patio y, mientras mi máquina se iniciaba, me serví agua, le puse hielo, me arreglé el pelo y me ubiqué en la mesa del comedor.

apenas abrí el Google Crome tenía cuatro mails de N en la bandeja de entrada. en uno había un video, en otro varias fotos de un boliche bastante oscuras, en el tercero un documento de Word, y en el cuarto un pdf comprimido linkeado vía We Transfer. como estarán imaginándose a esta altura yo seguía preguntándome; —che, negro, ¿cuánto hay?—. de todos modos decidí parecer civilizada y no abrí la boca. sonó la ringtone de mi Skype y atendí la llamada enseguida. mi madre entró a preguntarme si ya terminaba. —esto recién empieza, ma—, le dije, —hola, qué tal, N, yo te escucho bien ¿y vos?

N peló un habano y vomitó un estilo de vida impecable. quiero decir, mientras pintaba de punta a punta los hábitos del target, me hizo saber quién era él, en realidad, qué actividades hacía y cómo hay que hablarle a esa "clase" de consumidores. por lo que entendí hasta ahí el trabajo era para un whisky. N se acercaba a la cámara, se batía el pelo y abría los ojos. después fumaba y bebía de un vaso bajito, que parecía pesado. atrás suyo, el fondo de la imagen dejaba ver una pared blanca sobre la que colgaba un estante exótico, blanco también, con dos o tres libros de diseño.

—Ellis es una marca top. por ahí en Buenos Aires no la conocen, pero acá la rompe. compite con Jonnie Walker, para que te des una idea. ¿Conocés ese whisky? 

yo iba a decirle que sí, que en una clase de poesía que dictaba Carlos Godoy el año pasado, los lunes en el CEC, casi nos tomamos media botella que nos dio Gogui en menos de una hora; pero mejor no dije nada. ni eso, ni —che, negro, bancá, antes de contarme todo, ¿cuánto hay?

N, pelo batido, exhalando humo en la camarita de su Mac, me explicó que el whisky se toma solo y que en esta "activación" le estamos hablando a tipos que gastan entre 550 y 1000 dólares por noche. 

—es un target AB, ¿entendés? gente con dinero, y a la vez mucha cultura, gente que tiene y gusta de mostrar lo que tiene.
—ajá.
—tenemos que activar en tres centros de consumo—, y me tiró los nombres de los lugares y las edades de los grupos. 
—las activaciones tienen que ser atractivas e impactantes.
—ah, ok, yo tengo que pensar las activaciones.
—¡claro! uy, no te dije, empecemos por ahí—, se corrigió. 
—tenemos que hacer ruido en los boliches de moda. si voy muy rápido parame. 
ahí nomás casi lo corto para decirle, no vas muy rápido, vas muy lento, papi, ¿cuánto hay?— pero no, seguí poniendo cara de quien está escuchando seriamente.

—ojo, a estos pibes con una modelo no los arreglás, por más que sean súper modelos carísimas. ¡no! acá hay que pensar en grande; pantalla de leds, proyecciones, exuberancia. nada de stands, o la típica idea de regalar vasos de vidrio. necesitamos ideas que no invadan al target objetivo, insights. porque este tipo es un empresario que no sabe qué hacer con su guita. ¡nada de hieleras o esas cosas, como regalar destapadores, o que el barman haga alguna gilada en la barra! estas son fiestas exclusivas. ¡ah! y es muy importante que uses el color cobre, porque el producto se destila en barricas de cobre. la idea es que pienses excentricidades.

creo que fue justo cuando dijo esa última palabra que yo me paré, fui hasta el ventilador de pie y lo puse fijo, mirando mi silla. 

—sorry, le dije cuando volví, un poco para no decir perdón. no sé allá, pero acá hace un calor tremendo.

el flaco siguió hablando. nunca registró mi salida de cuadro y mi vuelta a la cámara. dijo que apenas terminado el feriado de carnaval tenía que tener el trabajo listo y que el tema guita iba a hablarlo con otro, mañana, porque él no toca el temas guita. después le pegó otro beso al vaso y una pitada profunda al habano, lo hizo casi a la vez.

mientras él terminaba con las aclaraciones del caso yo pensé en la típica situación de boliche, el millonario en el sofá, todo oscuro, los gatos rondándole, una mina en calzas tipo leopardo justo sentada en el sillón de enfrente, el tipo que pide el producto y cuando la camarera se lo sirve —y él lo prueba— le agregamos una mina vestida igual, de calzas de leopardo y tetas bien expuestas, sentada justo al lado de la otra. no es tan complicado, traté de convencerme, habría que reclutar muchas parejas de minitas, hacer un casting de gemelas, y la degustación podría terminar con una escena lésbica entre ellas, cuando el tipo prueba el segundo trago. 

por supuesto no dije nada en el momento, y me guardé la idea para trabajarla después.

ok, ok, finalizó la charla de una hora, y los dos nos desconectamos.

en el patio, mis viejos ya estaban juntando las copas de la ensalada de fruta. me quedé pensando si esa punta era realmente una buena idea, qué pasaba si la redondeaba un toque más, la guionaba, se la mandaba a mi director de arte amigo, y en dos semanas cobraba la mitad de la guita que hubiera.

volví a Almagro con la cabeza revolucionada. —algo me cayó mal, comí rápido—pensé, y me tiré en la cama para darle unas vueltas al asunto. seguía sin saber cuánta guita iban a pagarme. todas las ideas que se me ocurrían tenían la forma de lo que el tipo iba a querer escuchar. soy una mujer pensando como si fuera un hombre, pensé, y me di cosa.

soñé toda la noche con vasos de whisky y modelos pulposas. a la mañana siguiente un mail tiraba la sensual y tentadora cifra en dólares norteamericanos. sólo tenía que prestar mi tiempo, jugar a que se me ocurría algo genial, convencerlos a ellos de que esa idea era brillante. a cambio iba a recibir casi el monto de un mes de trabajo. sólo tenía que ponerme al servicio de una mente chata, hueca y deslucida. canjear mi poco tiempo libre por unos dólares, sacar la cabeza de mis lecturas, y mis textos, para dar forma a alguna acción misógina. ese era el precio. lo supe después. el precio de correrme del marginal proyecto de escribir un cuento, o tal vez un par de poesías.




10.2.13

#definiciones

un beso
es eso que
tiempo después
cuando ponés la carne al horno
todavía sentís en el cuerpo
como una onda expansiva.

9.2.13

#mute

soñé que levantaba una pared. fue un sueño perturbador, y a la vez un gran sueño. apenas abrí los ojos pensé que era uno de esos chinos que soñás para interpretar después, para llevar a terapia e iluminar una parte incomprensible de tu realidad. había una pared a medio hacer, ladrillos, cemento, un balde bajo y una pala mezcladora. me desperté muchas veces. transpirada, aturdida, sonriente. en una puse el ventilador, en la siguiente me duché, en la siguiente fui a buscar un vaso de agua, en la siguiente me comí un chocolate, y aunque en el sueño creo que lloraba, al despertarme estaba distendida, no sentía esa angustia en el pecho que amanece a diario conmigo. esta vez estaba en paz, recordaba el sueño que era siempre el mismo. no sucedía el zaping de otras noches, ni la condensación, ni el desplazamiento, ni las realidades deformadas. estaba sólo yo, levantando esa pared, mezclando el cemento, pasando el fratacho. después de esa acción, nada. mi sueño era simple, armónico, cristalino. como el vaso de agua que traje hasta mi mesa de luz. lo veía con claridad, y lo recordaba a la perfección cada vez que me despertaba. la única cosa extraña que detecté fue la repetición. cada vez que volví a dormirme —como en un folletín de Alejandro Dumas— volví a soñar la siguiente entrega. pero la viñeta no cambiaba, la historia no terminaba de contarse. de igual forma, en idénticos plazos y disposiciones, todo se repetía y yo gozaba. sólo variaba la música de fondo. no recuerdo, —no puedo saber— si en mis sueños hay voces y sonidos. de hecho pienso que sueño en silencio, como una tele en mute. tampoco sé si alguna vez hubo en mis sueños una canción. ni de fondo, ni protagonizando la escena. eso también hizo de mi noche una noche hermosa, pacífica. una música desconocida, que cambiaba entre un desvelo y el siguiente. eso sí cambiaba. algo cambia a veces.

8.2.13

#puraficción

el plan era que venga a cenar la gallega capa que conocí de casualidad, trabajando en Timbre4, cuando las dos éramos asistentes de dirección; ella de una obra megafamosa, yo de la segunda tercer obra de un nuevo dramaturgo del under porteño. nos cruzábamos en el escenario, desalojando una escenografía y agregando otra, luego nos dábamos un beso, y volvíamos a vernos al viernes siguiente.
nunca supimos más que nuestros nombres.
hace dos semana la gallega me escribió por facebook. llamémosla por su nombre, Macarena, ya que nació en Madrid y no le cabe para nada el apodo "gallega". decía que hace unas semanas Macarena me buscó por facebook y me invitó a tomar un café para contarme un proyecto. "hagamos un ciclo", me tiró, y dejó ver unos síntomas neuróticos, parecidos a los míos.
Maca estudió letras en España y dejó la península hace casi diez años. llegó a la Argentina post debacle institucional, política, económica y social, y conoció a una persona que, no de casualidad, yo también valoro y conozco. Maca se vino con nada, salvo sus ganas de estudiar en una escuela de 600 alumnos, sin programas oficiales, ni habilitaciones permanentes. lo del ciclo me lo tiró en el café La Orquídea. después dijo que deje, que ella pagaba, que lo piense, que no hay apuro, que siga mi impulso, que ella siempre sigue sus impulsos, y que eso la ha llevado siempre lejos. [pongo ha llevado porque Maca usa con frecuencia esa conjugación verbal] obvio le hice caso. "no tengo nada que pensar", le dije ahí mismo, sobre el pucho, y de toque arrancó la historia que estamos desplegando.
la cosa es que anoche planeábamos cenar, conocer los pasados, tomar un vino que traería.
tipo siete entró a mi celular un mensaje de texto de una compañera. "vení a la oficina del jefe".
sin demorarme agarré el celular, mi cuaderno, mi lápiz, y salí hacia destino.
en la reunión crucé los dedos.
escuché, anoté, volví a mi escritorio, dispuse la mente, corrí unos papeles, me puse los anteojos, y comencé a escribir. antes de promediar la página miré el reloj de la compu.
19:30.
le mandé un mensaje a Maca y llamé a mi casa. "no seas puntual", le escribí a ella.
después leí el diario opositor, comparé unos datos, desgrabé un fragmento de un discurso, tiré un tuit, subí el volumen de la tele, y escuché a medias la cadena nacional. mientras lo hacía terminé de guionar. después envié un mail con el texto del guión y esperé una respuesta tomando té mientras miraba facebook. volví a tomar el teléfono y escribí otro mensaje para Maca. "tardá más de lo que pensabas tardar".
otra gente, en otra parte, leyó las palabras que yo elegí.
no me estoy quejando, pero a esas horas pensé que si tenía que volver a mandar un texto era porque la cena terminaría cancelándose.
mis palabras elegidas fueron bien vistas.
a esta altura puedo entramar perfectamente las palabras correctas.
las chicas de la oficina corrieron a la par de mis dedos tipeadores.
contactaron a una locutora, llamaron a nuestro animador, alertaron del apuro a los editores de imágenes. de pronto me di cuenta que la bici estaba en el garage de Balcarce. busqué el ticket y llamé por teléfono. cuando el tsunami pasó fui cruzando los dedos en busca de mi bici. el sereno me abrió la reja y me dejó sacarla. esta vez el llamado previo logró que a estas horas pueda disponer de mi vehículo nacional y popular.
volví a mirar el teléfono: 21:30 hs. me puse los auriculares, subí el volumen al palo y metí pedal a todo trapo. el microcentro estaba desierto. la luna iluminaba las calles. corría un vientito lindo.los cartoneros me tirotearon a piropos, y yo, mientras bajaba por Alsina, les contesté y sonreí. llegué un minuto antes de que la cena deba ser dejada para otra oportunidad.

7.2.13

#neurosis obsesiva

"todos los días es el fin del mundo", escribo en twitter, "pasa que es lento". no me parece una frase lúcida pero alguien le pone un fav y entonces la traigo acá, la copio y la pego, le cambio la tipografía y el tamaño para que no desentone con el resto de mi blog, la parte más importante de este farragoso mundo de redes sociales. otra cosa es que el word me marca como "error" la palabra Levrero. la subraya con una especie de olitas rojas, perfectas, en línea recta, justo abajo del apellido, ni antes ni después. y entonces yo agrego la palabra, con mayúscula, pulsando el botón izquierdo del mouse y eligiendo la opción "agregar al diccionario". pero el error "Levrero" no termina de integrarse nunca a la lista de palabras en serie. vuelvo a escribir su nombre y vuelve a señalarse el error y yo entiendo por qué esto es así, y le guiño el ojo a  la matrix del paquete Office, sito en alguna parte de esta virtualidad. me duelen los ojos, se me cansa la vista, frunzo el ceño todo el día. cuando miro la pantalla, cuando leo, cuando salgo a caminar y hay sol. dudo de qué voy a perder primero; si la vista o la memoria. ellas, mientras tanto, discuten en los ratos de dispersión mental: cuando viajo en subte al trabajo, o ando en bicicleta, siempre, aparece esa discusión y yo la escucho. las dos son generosas, una le cede el turno a la otra. yo sé que voy a perder ambas, antes, incluso, que el deseo sexual. creo que esto ya lo había contado. también escribo discusión con c. lo hago todo el tiempo y después lo corrijo, para que ustedes no digan que soy una bruta, una negra, o una groncha analfabeta. por último, por hoy, odio necesitar tanto de las comillas cuando "escribo", y leer tuits que me calientan.

6.2.13

#hijos, árboles y libros

los libros no son hijos. leo la frase en el facebook de mi editor. [pongo "facebook", sí, deliveradamente, con minúscula y en inglés. pienso en el término. no creo que esa palabra siga siendo una marca. de ninguna manera. ya es un sustantivo hace rato. así que la cargo en el diccionario de mi word. con minúscula y en inglés. no la vuelvo lunfarda. no me gusta feisbuk, por ejemplo, y no encuentro una forma mejor. queda así] vuelvo al comienzo. "los libros no son hijos". me gusta la distancia entres esas entidades autónomas que yo suelo pegotear. muchas veces pensé que mi pulsión materna había encontrado su cause en la escritura. —un pensamiento boicotero se cruza en este momento por mi mente: "¿a quién le importa lo que estás escribiendo?". me importa a mí, le contesto a esa fábrica de producir pensamientos paralelos, y sigo—. tomo un recuerdo para completar la idea anterior. mi padre eligió tener siete hijos. luego comenzó a plantar árboles. muchos. cada vez más. la terraza de su casa en Lomas del Mirador está llena de Álamos, Paraísos, Moras, Cedrones, Tilos y otras especies arbóreas. por las mañana sube a la terraza y riega cada maceta. en el lugar donde me escapaba a leer en la adolescencia ahora hay un vivero. la diferencia es que esos árboles no se venden sino que se regalan, o se plantan, donde haya una carencia o un lugar apropiado. "los árboles no son hijos", pienso. voy a decírselo a mi papá. también pienso que me agarró mucha hambre y que se está acabando mi hora de almorzar.   

los libros no son hijos
los árboles no son hijos
los libros no son árboles, ni hijos.
y esto no es una pipa.

5.2.13

#la azotea, o de los azotes que recibe mi cabeza

a veces pienso que en mi cabeza hay muchas fábricas funcionando a la vez, todas gozando de pleno empleo y de un altísimo nivel de productividad. 

la fábrica de pensamientos trabaja dieciocho horas corridas, de domingo a domingo, y hace un receso de seis horas, que algunas veces es de ocho. durante ese período en lugar de pensamientos fabrica sueños; un subproducto que muchas veces resulta más atractivo y "tangible". 

la fábrica de dinero busca información de forma paralela a los procesos que suceden en todas las demás fábricas. sus actividades principales son: detectar datos en una primera instancia y acumularlos ordenadamente -con posterioridad- en un espacio determinado y a la vez agotable. 

la planta central está abocada, principalmente, a la experiencia sensible. sus proceso productivo incluye: 1) detectar el transcurrir de una experiencia novedosa; 2) y casi simultáneamente, buscar el lado narrable de esa oportunidad de conectar interioridad con exterioridad y 3) volcar -en un momento conclusivo- la cristalización de esa experiencia volviéndola "palabras". muchas veces la experiencia sensible alcanza un grado muy alto de comunicación, es decir una llegada directa a las terminales ubicadas en las fábricas de otros cerebros. pero esto no siempre es así. muchas veces la cristalización es opaca y espesa, guardándose para otra oportunidad la capacidad comunicativa, y convirtiéndose en un texto intraducible, críptico e íntimo.

la  fábrica de maternidad está en pleno proceso de desmantelamiento. su nivel productivo ha caído, sin embargo, para no bajar la persiana, sus productos están siendo re-diseñados. los nuevos prototipos de pensamientos maternales son más livianos, efímeros y de alcance puntual. pese a ésto a la vez conservan su calidad amatoria intacta y sumamente concentrada.

la fábrica de femineidad abrió sus puertas hace pocos años y acaba de entrar en su etapa de mayor productividad. por una parte ha dejado de lado su finalidad decorativa y se ha erigido en una plata propia, autogestiva y autónoma, alejándose del objetivo de intervenir en cada uno de los otros procesos. trabajando para sí misma está alcanzando altísimos niveles de auto-satisfacción.

si bien en general este complejo sistema productivo se despliega de modo homogéneo y sin complicaciones, por épocas puede no funcionar "aceitadamente". quiero decir: muchas veces una fábrica sobreproduce a niveles corrosivos para el resto del sistema y esto repercute en las producciones de los demás sectores. lo ideal, como en todo sistema integrado por subsistemas, es conseguir una tendencia estable hacia el equilibrio.



4.2.13

#regales

describió los nogales cargados
repletos de nueces tiradas en el pasto
las varas de hierro, con que golpeaba las ramas
hasta avispar al dueño de la finca:
-che, pibe, ¿qué hacés?
me aclara que es un "pibe"
que él tendrá doce o trece años
y marca la altura en el aire
más o menos
sacude la mano señalando.

se hace una luz delante de sus ojos
se le restan a la cara unos ochenta
años, y arrugas de expresión
los que vinieron después, así de pronto.

y estamos todos en el cerro, ahí, con él
en Catamarca escuchándolo contar
y él corre y grita
lo veo sin mis ojos, en la pansa de mi vieja
desde un óvulo.

lo veo correr, juntar nueces enormes
regadas en el pasto, alfombra amarronada
así, repite,así de enormes
y hace el gesto de tamaño con los dedos
y junta las nueces
y estira su remera
en los cinco minutos que le regala el de la finca para juntar.

2.2.13

#mear fuera del tarro


1. No quiero ofender.
2. Discutir debería ser una práctica más frecuente y mejor vista.
3. Aguante numerar los párrafos.
4. Silvina Boschi meó fuera del tarro.
*
Quisiera poner el ojo sobre cierta “opinión” que la periodista Silvia Boschi despliega en la nota Duras, Austen y el alma de la escritura que perdura (Revista Ñ, 2/2/2013). Olvidemos la cacofonía del título. La nota intenta hablar sobre la crisis del libro y la democratización de la cultura, informando unas cifras lejanas y vacías. Dos números con muchos ceros son todo el argumento que se esgrime para poner en valor cierta “buena literatura”. Por un lado los millones de dólares que la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) estaría dispuesta a pagar por recuperar un manuscrito del Marqués de Sade, y por otro, la cantidad de ejemplares al año que sigue vendiendo en Gran Bretaña la exitosa novela de Jane Austen: Orgullo y prejuicio.

5.000.000 de dólares por acá, 50.000 ejemplares por allá.

Lo raro es lo que Boschi concluye, a partir de estas abstracciones. Textualmente dice lo siguiente: “Más allá de la famosa crisis del libro y de la saturación que están provocando los medios digitales, donde tecno-democráticamente todo el mundo escribe, habla y opina, y cada frase es subida al ciberespacio, la literatura en serio es otra cosa”. Y ahí, entonces, justo después, es donde cita a Marguerite Duras. Boschi usa una cita del peor modo que una cita puede usarse, es decir, para poner en boca de un autor ideas que ese autor jamás quiso decir. ¿Quién soy yo para interpretar qué pensaría Duras sobre el libro digital? Por supuesto que nadie; nadie más que una lectora interpretando en las antípodas de una periodista.

Vamos por parte.

Si el debate va a derivar en que imaginemos qué hubiera dicho Duras sobre el libro digital, permítaseme insistir en que ella jamás intentó ser una escritora seria. Su estilo apasionado, salvaje e impredecible dejó ver un deseo por “decir lo que tenía que decir”, como objetivo prioritario, incluso previo a la forma de narrar. 

En el mismo libro a que hace referencia Boschi, titulado Escribir, Durás dice: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro […] la persona que escribe no tiene idea respecto al libro”. (Durás, 1994)

Francamente no hay modo de hacer que ese texto de Duras sea un argumento en favor de una “literatura en serio”, o de una “literatura para algunos”. 

Por otra parte, tampoco imagino a una autora políticamente comprometida con la Resistencia francesa cuestionando un momento histórico en el que “todo el mundo escribe, habla y opina”.  

Lo disonante, lo hasta –podría decirse- políticamente incorrecto del planteo de Boschi, es ese descuido en el uso del lenguaje. Sobre todo del término: “tecno-democracia”. ¿Qué te jode, Boschi, que yo escriba una réplica que, seguramente, no vas a leer, ni vos, ni una décima parte de los que leerán tu nota mañana? Porque “escribir”, “hablar” y “opinar”, -obsérvense los verbo que discutimos- no debiera cabernos a todos? Me pregunto qué tan “serio” hay que ser para decir algo y subirlo a la web. Me pregunto también: ¿qué mal pueden hacerle a Los Rolling Stones que exista Macaferri y Asociados? O a Messi, ponele, que mi hijo Octavio juegue en la quinta de Ferro y haga unos goles malísimos. Nada, che. Cae de maduro.

La nota de Boschi termina hablando de aniquilar cierta "ostentación", para lo cual nos recuerda que en la lápida de la escritora francesa sólo figuran sus iniciales. ¡Humilde Duras! ¡Justo Duras, la que en uno de sus tantos exabruptos llegó a discutirle a Mitterand ser  más famosa que él!

#almuerzo

soy una paranoica al revés, quiero decir, de movida pienso bien de la gente, de sus actitudes, de sus movimientos. pienso que me quieren ayudar y se me ocurren tramas ilógicas cuando me pasa algo bueno en la vida. un día, por ejemplo, inventé que mi ex jefe, un misógino de gran calado, había levantado el teléfono para ayudarme a conseguir laburo en otra agencia, nada menos que al día siguiente. claro, como iba a ser mérito mío que en sólo 24 horas ya estuviera trabajando en un lugar mejor y ganando más dinero. recién, mientras lavaba la lechuga, pensaba estas cosas. raro.

31.1.13

#inadvertidas

no quiero parecer estúpida en lo que sigue. bah, no me importa lo que parezca. sucede que vine a buscar entre mis escritos unas frases que marqué en La novela luminosa hace una semana, y, para bien o para mal, las frases existían, quiero decir, yo había escrito -sin saber- percepciones que son, fueron antes, percepciones de ML. otra cosa que me sucede, cambiando de tema, es que una muela se me desclava. cada vez que almuerzo o ceno, sobre todo carnes, y hace más de un mes -debería aclarar- la corona pegada al perno se sale de mi encía. es bastante sexual la situación. el perno entra y sale de la cavidad generada en el hueso maxilar por mi dentista, sobre todo cuando masco chicle, y esto genera que un cierto "gusto", un vaho algo podrido debajo del clavo, se disperse por toda la cavidad bucal cada vez que la corona baila. hará dos años me pasó lo mismo, y terminé tragándome la falsa muela. luego de eso soñaba a diario que el perno se me clavaba en los intestinos y, durante esa misma noche, moría desangrada sin enterarme. claro que no pasó nada, jamás, y que tampoco volví a ver aquella muela de porcelana fría, ni intenté hacerlo, como se estarán imaginando. espero no vuelva a pasarme lo mismo esta vez, digo, sobre todo, porque ya no tengo la prepaga que tenía y hacerme esa corona debe salir más de cinco mil pesos. algo más. hoy que es feriado -todavía- pinté con acrílicos la máquina de escribir Olimpia que me regaló mi madre hace unos años. ella aprendió dactilografía en las Academias Pitman con esa "maquinita". así le dice mi padre a cualquier aparato mecánico o digital con el que ha entablado alguna relación afectiva: "maquinita". ahora la Olimpia es de todos colores y está en el estante de abajo de mi biblioteca. de paso, cuando la ubiqué en ese lugar central de mi casa, reacomodé libros y pasé un trapo a los estantes. volvió a sorprenderme un hecho nimio. en el primer tomo de la Antología del cuento extraño, seleccionada y traducida por Rodolfo Walsh, en 1976, hay un cuento de Rosa Chacel; la escritora tantas veces referenciada en La novela luminosa de ML. nunca había leído su cuento En la ciudad de las grandes pruebas, es más, creo haberlo salteado deliberadamente. compré esos cuatro tomos, de colores distintos, hará unos diez años, en el Parque Rivadavia. es esa época era alumna de Castillo, y creía que la posta era escribir un cuento genial. la trama de Chacel no es del todo atractiva, pero su prosa es muy buena, y su biografía merece que la quiera. me resultó increíble pensar cómo una escritora que hace unos años desconocí hoy se vuelve centro de atracción de un libro donde están Lugones, Tolstoi, Borges, y Guy de Maupassant, por nombrar algunos. Rosa Chacel. ¿qué me hace leerte ahora? ¿te vuelven cercana esas menciones en La novela luminosa? ¿te leo por aquella devoción que supiste generar en Mario Levrero? ¿o es sencillamente que me resulta rescatable este texto que acabo de encontrar lleno de ribetes y ornamentos? me odio por las preguntas que surgen al toparme con este cuento. pienso en cuántas minas como Rosa Chacel habrán pasado inadvertidas por la historia de la literatura. pienso en mí, inevitablemente, y aunque me mienta. 

30.1.13

#escasea el tiempo, abunda el poema

el sí tiene
un poco de no
y al revés
lo único que me está quedando de la Patagonia es una cajita de tés.


#deseos desbordados

la brisa suave de esta mañana de verano, pedaleando de camino al trabajo, armó una melodía interesante al pegarle a uno de mis aros. andaba atenta a esas horas, yo. la pude oír. ahora que reparo en el día de hoy esa observación fue la más aguda que pude generar. tengo mucho trabajo. de a poco voy perdiendo ese estado de poesía que me impregnó ML en las vacaciones. vuelve una especie de "apuro" por llegar a todo, armar esquemas de trabajo, y cumplir con la agenda que en sólo dos días ya se fue llenando de reuniones. hago fuerza en un intento de no dejarme llevar por la corriente como una trucha que acaba de desovar. la nota que escribió @angulita sobre Maru Botana en Revista Paco me dejó pensando. descarto algunos de los talleres que planeaba hacer este año.
tengo que escribir.
tengo que escribir.
tengo que escribir.
esto que estoy haciendo es apenas un ejercicio, un ensayo para no caer de sueño, abatida, no rendirme ante la cama y terminar sintiéndome peor mañana. miro las fotos que una amiga se sacó con su novio en Brasil. son miles. todas cachondas. me acuerdo que en mis trabajos anteriores las minitas de "cuentas" hacían eso todo el tiempo; exponían a sus chongos en portarretratos, wallpapers, fondos de pantalla. odio a Facebook, a Twitter, a Máxima Zorreguieta. sobre todo a Máxima Zorreguieta. por suerte hace un rato vino Julia a casa con su nueva socia. contó unas ideas, miramos libros de arte y hablamos de diseños, de tapas, de estilos; googleamos pintores y buscamos dibujantes en la web. en silencio pensé "qué pena que su proyecto no sea el mío". soy la típica pelotuda que quiere estar en misa y tocar la campana. estoy aprendiendo a reprimir esos deseos desbordados, a hacer foco.
tengo que escribir.
tengo que escribir.
tengo que escribir.
¿no era que reprimir estaba mal? dudo, a veces está bien, obvio, me corrijo. después de todo lo relatado  hice la cena, pasé el peine fino en las dos cabezas de mis crianzas, lavé los platos, llamé a una persona por teléfono, coordiné las actividades de mañana y vine a la cama a chequear los mails. un comentario en el blog me sacó una sonrisa.

28.1.13

#falso contacto

volver al trabajo después de 15 días libres, vacacionales, hermosos. armar el tupper a la mañana, poner tomate cortadito, queso, unos daditos de pollo, aceite de oliva y sal. rociar la ensalada con aceto y rosa mosqueta que vino en la valija. enfriarla un ratito en el freezer, con amor. después de escribir ducharse, estitrar la cama y llevar a Malena a la casa de una amiga. justo antes de salir poner el tupper en el morral.  viajar en subte al trabajo, llegar sonriente, guionar hasta las dos. salir a almorzar sola, parar en la Plaza de Mayo, buscarle el lado bueno a la cosa, un lugarcito en el césped. disfrutar el sol, los bancos, los árboles, las fuentes y los vendedores de jugos naturales. buscar una sombra. sacar Falso contacto de Ana Ojeda. leer la contratapa y esperar un rato a que venga el hambre. después sacar el tenedor, quitarle la servilleta y estirarla sobre las rodillas. destapar el tupper, mirar el contenido, quedarse mirando. cuando las glándulas salivales segregan deseo y la lengua se relame en la previa, encontrar medio dulce de membrillo + medio dulce de lima, en lugar de la ensalada. volver a Buenos Aires, volver a pensar en veinte cosas, volver al fallido, al error, al comedor oscuro del trabajo. que atinado título eligió Ana Ojeda para su libro. 


#Elenas

me despierto a las cinco cincuenta. el ventilador tira un ruido denso y reiterado. le saco el cargador a la Netbook y vengo al baño. seguramente será más tarde cuando publique esta entrada, habrá más claridad, habré desayunado y corregido el texto. siento la necesidad imperiosa de anotar mi sueño. es bastante extraño y nuevamente lo estaba escribiendo dormida, o, mejor dicho, lo escribía en la duermevela del momento en que uno se da cuenta que está soñando. había anotado la cita de un libro que me descargué y leí en las vacaciones, El inconsciente y su escriba, de Moustafa Safouan, discípulo de Lacan, y había asociado el final del sueño con el final de mis días de descanso. todo eso ya era parte de este relato que aún no me había sentado a escribir. recostada en la cama, apenas despierta, registraba el final del sueño, un poco perturbada por no poder seguir soñando libremente. mi inconsciente me dictaba una posible forma de narrar. me sentaba en la cama, anotaba esta cita en la compu, y, al hacerlo, al tomar forma este relato, iba dejando de ser sueño y trayéndose a la conciencia. cuando estuve un poco más despierta me levanté de un salto y vine al baño, encendí la Netbook, la apoyé en mis rodillas y escribí la hora. es el momento de agregar que muchas veces —que fea es la imagen— escribo sentada en el bidet. recién entonces registré mi dolor de pansa y la regla. voy a elegir provisoriamente la palabra "regla" —por falta de una palabra mejor— para nombrar el suceso mensual que experimenta el cuerpo que llamamos femenino. a decir verdad voy a buscar en breve una palabra más personal y atenta al fenómeno. pero eso será luego, ya veremos cuándo. 

decía, entonces, que debería analizar la conclusión del sueño, por qué habrá sido esa, y si será posible que el inconsciente femenino tenga la capacidad de percibir los cambios corporales mientras duerme. yo entiendo que sí. no es la primera vez que abro los ojos en la cama, abruptamente, unos minutos antes de la explosión nocturna de la regla. —qué palabra más infeliz terminé eligiendo— "regla". me recuerda a la serie española Verano Azul*. anoto la referencia para luego pensar por qué habré asociado estos relatos de manera tan caprichosa.

cuando las piernas comienzan a dolerme salgo del baño y vengo a la cocina. un hormigueo recorre mi circulación sanguínea. sacudo los pies, preparo mate, le doy de comer a mi gato y me siento a la mesa temiendo que, en todo el traqueteo, se haya perdido algún dato importante. ¿Qué habrá querido realizar mi inconsciente en este sueño de hoy? sé que ya me estoy adelantando al interpretar de forma bruta y sin herramientas el relato de mi deseo. sin embargo no puedo dejar de decir que anoche terminé un extenso libro significativo, que pensé en el final definitivo de mis vacaciones, y que acaba de concluir mi ciclo fértil en la ya nombrada "regla". definitivamente soy una mujer ansiosa. tengo que retroceder y contar el sueño, me digo, no sirve que sobreinterprete y me adelante a los hechos. sobre todo en el relato escrito. tengo que  reconstruir primero, con la menor edición posible, los sucesos del sueño tal cual los registro, si es que todavía puedo hacerlo.

me da pudor recordar las circunstancias, el escenario, los personajes y los hechos del sueño que acabo de tener. igual, se sabe, los escenarios seguramente son desplazamientos, y los personajes no son ellos, sino alguna de sus características o señas personales. se trataba entonces, comienzo de una vez, de un programa de televisión que estaba siendo grabado al aire libre. su conductora, en minishort de lentejuelas, entrevistaba a dos escritores y a mí. ella era bastante tonta, rubia, flaca y hacía preguntas estúpidas. primero a los chicos, por suerte. pero el rollo era más adelante y no tenía que ver con ella. durante el programa los dos escritores estaban de buen humor, pese a que el más morrudo de los dos suele ser bastante parco. ahora recuerdo que el año pasado compartí lectura con él, en el Centro Cultural Matienzo, y que sentí vergüenza cuando tuve que leer, después de que él desplegara una cantidad de frases brillantes que trajo escritas y exhaló de un respiro. lo voy a llamar B para identificarlo en el relato. B no gesticulaba. tampoco respondía las preguntas de la entrevistadora. con mucha astucia sabía esquivar la estupidez reinante, sin ofuscarse ni decir que lo hacía. en la primera pregunta sonreía como negando, en la segunda contestaba algo absurdo, y en la tercera sacaba un papel del bolsillo y comenzaba a leer sin pedir permiso. la rubia quería encausar el programa y giraba hacia mi lado, como pidiendo auxilio. "qué bien, qué lindo", decía, "¿vos también trajiste alguna cosita para leer?". yo sonreía, como sonrío siempre, y buscaba un libro rojo en mi cartera. mientras lo hacía pensaba: "lo tengo que tener". el programa, como creo haber comentado, era al aire libre, entre los árboles y cada vez se hacía más de noche. yo no sabía qué poema era pertinente leer, y tampoco podía ver las letras. todo el texto parecía un extenso pie de página, impreso en un cuerpo textual minúsculo. el otro escritor, a quien voy a llamar J, llenaba el bache con preguntas y comentarios. "¿trajiste el texto tal?", me preguntaba, y hacía alguna referencia a ese relato. mientras tanto yo, con la cabeza metida en mi libro rojo, buceaba desesperada y seguía perdida sin poder leer. sus comentarios llenaban mi vacío en el programa, y ocupaban el espacio que yo estaba desperdiciando. J volvía a intervenir para ayudarme, sacaba temas y hablaba con la rubia. el guiño era, claramente, un ayuda afectuosa, una muestra de cariño. "tengo que encontrar algo" —pensaba yo— "tengo que encontrar algo que zafe". pero nada de lo escrito era pertinente; y a la vez nada podía ser leído. en eso J se dirigía a mí, las luces y las cámaras lo seguían. "¿no trajiste el texto ese de las Elenas?", me decía. la conductora y B dirigían sus miradas hacia mi cuerpo femenino. "ese texto está buenísimo", decía J. yo me ruborizaba. ¿cuál será ese texto?, me pregunto ahora. los nombres y los números son buenas puntas para analizar los sueños. ¿quién es Elena?, pienso. ahora que lo escribo, creo recordar, que el nombre Elena me molestaba en el sueño. ¿será porque no existe un texto mío que se titule de ese modo? ¿de qué Elena me está hablando J?, pensaba yo en el sueño, ¿de quién mierda es ese texto? finalmente la conductora pedía un corte y se acercaba a mí para tranquilizarme. yo me recluía en el baño y seguía buscando en el libro. entonces encontraba el fragmento que iba a dejarme bien parada y volvía al rodaje a salvar las papas. cuando llegaba al set, con el libro en la mano, todos estaban sentados a la mesa, comiendo empanadas con descuido. "listo" —decía yo— "acá tengo el relato"; pero el bullicio no se detenía y un técnico me contestaba con media empanada en la mano y la boca llena: "ahora estamos comiendo".

son las ocho y veinte de la mañana. tomo un mate amargo y escribo un sueño que no comprendo. debería estar durmiendo, tomar un Evanol, un té, recostarme. pero estoy viendo como entra la claridad por la ventana, se despliega la luz en mi cocina, en esta mañana de enero. estoy tratando de hacer las cosas bien.











*Verano Azul fue una serie de Televisión Española producida en 1981 y dirigida por Antonio Mercero que tardó sólo 16 meses en ser rodada, en la localidad malagueña de Nerja y que se transmitió en la Argentina a partir de 1983.

27.1.13

#daimon


termino de entender el centro de gravedad de La novela luminosa de Levrero. ese hilo que la recorre, le permite un diario de experiencias cotidianas, un orden de dos cosas, dos momentos, y un cargar las tintas sobre el presente rasposo, en el que a la vez sucede un hecho "de luz" que, sin embargo, queda afuera de la novela siendo parte del extenso Diario de la Beca. ¿qué hace Levrero al plantear esa estructura sofisticada y simple; ese paralelismo arbitrario entre su presente y la paloma muerta, y a la vez, ese presente y su núcleo "luminoso" del pasado? ¿se puede contar un hecho así? la narración demuestra que se puede al menos intentarlo, sí, pero a la vez no se puede, no sin transformarlo en otra cosa, sin antecederlo de los sucesos posteriores, sin desnudar el alma y decirlo todo, absolutamente todo, antes. la llegada a la página 479 [esa narración infernal de un orgasmo, su verdadero daimon, y, la mirada de aquella chica de ojos verdes] perdería todo el maremoto de fuerzas que la secunda sin la cantidad de relatos anteriores, las advertencias y el gran despliegue que hace el autor, para llegar a ese momento. leo a Levrero, sigo leyéndolo, voy a volver a leerlo tantas veces como sea necesario. marco sus páginas, las twitteo, puse fotos y muchas citas en Facebook. subrayé íntegros los tres capítulos de la novela propiamente dicha. siento esa misma "necesidad intensa de comunicación con alguien", la comunión de nuestras psiquis, por afuera del tiempo y del espacio, la necesidad de avanzar sobre esas sensaciones sin poder explicarlas en su totalidad. después me clavo un cuarto de helado y trato de hacer memoria. ¿qué fue lo que había pensado hoy que iba a escribir acá? en pocos minutos lo recuerdo claramente. luego de un rato largo caminando entre los mesones de Yenny, la cadena de librerías, no vi expuesto ni un solo libro que hubiera querido comprar, aún sobrándome la plata. eso pensé hoy, "qué librería de mierda Yenny".

25.1.13

#todo muy lindo

"tengo ganas de volar", me dice Malena, bajando de la tirolesa. tiene once, el pelo encima de las orejas, las piernas largas y puntiagudas. la miro y no creo que haya salido de mí. no puede ser hija mía, pienso. después caminamos hacia la cumbre del Cerro Bayo. unas cuantas curvas al rayo del sol. cuatro de la tarde en la Patagonia Argentina. el calor raja la tierra. nuestros pies levantan las cenizas que el volcán Puyehue desperdigó por todas partes. ahora está sedimentada en las zonas a las que no llegó la limpieza estatal. ayer se produjo el desprendimiento de una porción del Glaciar Perito Moreno. se adelantó siete años, le comento a E. ella no dice nada. caminamos un rato en silencio. me imagino un fin del mundo cercano. sed, calor, muerte de los árboles y los animales primero, de los hombres después. no cuento mi Apocalipsis para no parecer tremendista. al rato estamos transpirando. me saco el pañuelo gris del cuello —todavía no lo perdí, como lo voy a perder— y me lo ato en la cabeza a modo de turbante. después hacemos dedo. nos dividimos para que nos lleven los automovilistas más amables. llegamos a la base del Bayo y entro al baño. la aerosilla no está funcionando, ya cerró. en el espejo mi imagen vacacional se expande sin temores. me río mucho al verme. tengo unos aros enormes de color violeta, dos rodetes atados con una colitas rojas, a lunares, el pañuelo gris con borlas en la cabeza y unos anteojos de sol enormes. salgo y le digo al resto: "no me avisen que soy un cocoliche, ¿eh?". todos me miran y se ríen. nos reímos hasta no poder seguir hablando. me duele la panza de reírme. igual me dejo disfrazada lo que queda del viaje. vamos a la cascada del Río Bonito. el lugar es enorme pero los tábanos lo arruinan todo. son comparables a algunos pensamientos neuróticos. no me dejan sacar fotos, ni contemplar el paisaje. por alguna razón todos vienen a mí, como hace unos días, giran al rededor de mi cabeza en círculos concéntricos, me aturden. soy la carnada de los tábanos, pienso, pero no hay nadie que vaya a cazarlos. ellos aumentan el zumbido al rodearme. entonces me saco el trapo, desarmo el turbante, y comienzo a espantarlos con desesperación. más insisto, más insisten. vuelvo a la ruta, sola, esperando librarme de mis atacantes. los demás disfrutan de la vista infernal de esa cascada escondida, kilómetros abajo. una vez en el ripio no consigo sacarme a los tábanos de encima. desde la ventanilla baja de su camioneta, un chofer me dice: "no hacen nada, deje de espantarlos que es peor". intento hacerle caso al lugareño —seguro sabe más— pero yo leí que los tábanos pican, que hay 4500 especies distintas. me quedo quieta viéndolos pasar delante de mis ojos, posarse en mi pollera, en mi brazo sin mangas. espero que estos sean de una especie sin aguijón, pienso, y en ese mismo instante siento el pinchazo en la cabeza. pego un grito y me muevo como un látigo. sin dar aviso comienzo a descender. todo muy lindo.

23.1.13

#volver

soñé que me enojaba con mi mamá, me ponía el abrigo y salía expulsada de su casa en Lomas del Mirador, agarraba a la izquierda, como quien va hacia Las Antenas, y le metía un tranco ágil a mis pasos. la altura iba quedando atrás. tres mil ochocientos, tres mil novecientos, cuatro mil. después de una cantidad de cuadras, cuando la casa ya no se veía al girar la cabeza, ni el Hogar Betania, ni el asentamiento vecino, ya casi a la altura de Crovara, volvía a aparecer la casa de mis padres; de cerámicas amarillas, con su canasta de flores pintada encima, a mano, el pasto recién cortado, las rejas verdes y los canteros en degradé. era como irse a ninguna parte, pensaba yo, huir volviendo, no poder escapar. sentía una angustia difusa, levreriana, y además me decía: "es un sueño", como si soñara que estaba soñando.
después de recordar desayuné, fui hasta el Cerro Bayo, y devolví el auto que habíamos alquilado ayer. conducir achicó las distancias de golpe y me hizo sentir muy bien por varias horas. no estoy segura qué me gusta más; si la sensación de llevar a los otros a donde quieran, o la sensación del mundo al alcance de la mano, la posibilidad de avanzar muchos kilómetros rápidamente, en la dirección que sea, o incluso decidir detenerme a descansar, o bañarme en el lago. 
por la tarde, después de una siesta, bajé al Nahuel Huapi con La novela Luminosa de Mario Levrero. de nuevo miré a un chico del campamento que se estaba sentando en el muelle con una guitarra. tenía unos shorts azules, a rayas, y el torso desnudo, bastante trabajado. me recordó a G, supongo, o a una imagen de G que rearmó mi recuerdo atolondrado de una vez y para siempre. luego de casi quince días de mirar el agua y leer, entré al lago de cuerpo entero. puse los pies, caminé hacia Chile —mirando el Paso Samoré— y enseguida el agua me llegó hasta las rodillas. me apoyé en un tronco que flotaba y quise sentarme. el tronco se hundió enseguida, como era de imaginarse, y mi cuerpo —íntegro— lo siguió sin perder tiempo. quedé sumergida, de pies a cabeza, en las aguas que, extrañamente, esa tarde tenían olas. es increíble cómo después del primer choque con el agua el cuerpo ya no siente frío. mis hijos hicieron una fiesta. les gusta ver mi cara de gila cuando entro al agua, salpicarme, saltar conmigo, reírse de mí. al rato un perro se había sumado al juego con nosotros. me hizo acordar al de la foto que pusieron en la tapa de El discurso vacío. le tirábamos un palito y él lo traía de regreso, le tirábamos una piedra y lo mismo. era negro azabache, de pelo cuidado y lustroso. dejé a los chicos entretenidos en ese juego de reiteraciones. salí del agua y me dispuse a leer. antes tiré un toallón sobre la piedra y busqué en la mochila los lentes de sol. cuando estaba en la mejor parte del diario de Levrero, diciembre, el autor insistiendo en hacer funcionar un aire acondicionado que compró, el perro ya se había acomodado a mi lado, sin que lo viera, y sacudía su cuerpo empapado sobre mí. recordé a P, a quien dediqué mi Breviario, su forma temeraria de echar por tierra a otros autores, de desautorizarlos, de desestimarlos para hacerme creer, escribir, confiar en mi prosa frágil y temblorosa.  


antes