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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

8.2.13

#puraficción

el plan era que venga a cenar la gallega capa que conocí de casualidad, trabajando en Timbre4, cuando las dos éramos asistentes de dirección; ella de una obra megafamosa, yo de la segunda tercer obra de un nuevo dramaturgo del under porteño. nos cruzábamos en el escenario, desalojando una escenografía y agregando otra, luego nos dábamos un beso, y volvíamos a vernos al viernes siguiente.
nunca supimos más que nuestros nombres.
hace dos semana la gallega me escribió por facebook. llamémosla por su nombre, Macarena, ya que nació en Madrid y no le cabe para nada el apodo "gallega". decía que hace unas semanas Macarena me buscó por facebook y me invitó a tomar un café para contarme un proyecto. "hagamos un ciclo", me tiró, y dejó ver unos síntomas neuróticos, parecidos a los míos.
Maca estudió letras en España y dejó la península hace casi diez años. llegó a la Argentina post debacle institucional, política, económica y social, y conoció a una persona que, no de casualidad, yo también valoro y conozco. Maca se vino con nada, salvo sus ganas de estudiar en una escuela de 600 alumnos, sin programas oficiales, ni habilitaciones permanentes. lo del ciclo me lo tiró en el café La Orquídea. después dijo que deje, que ella pagaba, que lo piense, que no hay apuro, que siga mi impulso, que ella siempre sigue sus impulsos, y que eso la ha llevado siempre lejos. [pongo ha llevado porque Maca usa con frecuencia esa conjugación verbal] obvio le hice caso. "no tengo nada que pensar", le dije ahí mismo, sobre el pucho, y de toque arrancó la historia que estamos desplegando.
la cosa es que anoche planeábamos cenar, conocer los pasados, tomar un vino que traería.
tipo siete entró a mi celular un mensaje de texto de una compañera. "vení a la oficina del jefe".
sin demorarme agarré el celular, mi cuaderno, mi lápiz, y salí hacia destino.
en la reunión crucé los dedos.
escuché, anoté, volví a mi escritorio, dispuse la mente, corrí unos papeles, me puse los anteojos, y comencé a escribir. antes de promediar la página miré el reloj de la compu.
19:30.
le mandé un mensaje a Maca y llamé a mi casa. "no seas puntual", le escribí a ella.
después leí el diario opositor, comparé unos datos, desgrabé un fragmento de un discurso, tiré un tuit, subí el volumen de la tele, y escuché a medias la cadena nacional. mientras lo hacía terminé de guionar. después envié un mail con el texto del guión y esperé una respuesta tomando té mientras miraba facebook. volví a tomar el teléfono y escribí otro mensaje para Maca. "tardá más de lo que pensabas tardar".
otra gente, en otra parte, leyó las palabras que yo elegí.
no me estoy quejando, pero a esas horas pensé que si tenía que volver a mandar un texto era porque la cena terminaría cancelándose.
mis palabras elegidas fueron bien vistas.
a esta altura puedo entramar perfectamente las palabras correctas.
las chicas de la oficina corrieron a la par de mis dedos tipeadores.
contactaron a una locutora, llamaron a nuestro animador, alertaron del apuro a los editores de imágenes. de pronto me di cuenta que la bici estaba en el garage de Balcarce. busqué el ticket y llamé por teléfono. cuando el tsunami pasó fui cruzando los dedos en busca de mi bici. el sereno me abrió la reja y me dejó sacarla. esta vez el llamado previo logró que a estas horas pueda disponer de mi vehículo nacional y popular.
volví a mirar el teléfono: 21:30 hs. me puse los auriculares, subí el volumen al palo y metí pedal a todo trapo. el microcentro estaba desierto. la luna iluminaba las calles. corría un vientito lindo.los cartoneros me tirotearon a piropos, y yo, mientras bajaba por Alsina, les contesté y sonreí. llegué un minuto antes de que la cena deba ser dejada para otra oportunidad.

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