me escribe un ex compañero de trabajo, radicado en un país de corte capitalista, ascendido a clase alta, pelo largo, bastante facha, dos idiomas o tres, puesto jerárquico en una agencia de publicidad. obviamente me escribe por trabajo.
—hola, Leti, tanto tiempo, cómo anda la flia, tengo un freelo si te interesa, contame en qué anda tu vida.
—ey, qué bueno saber de vos, tanto tiempo que no nos vemos. contame de qué se trata, siendo trabajo siempre es bienvenido.
el intercambio de mails terminó en una reunión vía Skype, con otro integrante de la agencia, del área de cuentas, llamémoslo N. siendo sábado, víspera de un feriado, pedí que la reunión se haga al día siguiente, con la fresca, dije, "desde las ocho puedo estar disponible". por supuesto mi pedido no fue escuchado y el mismo sábado a las once de la noche, mientras mi padre sacaba el asado de la parrilla y el resto de la familia tomaba unos hermosos vinos de doce pesos, yo respondía el llamado vía Skype desde mi teléfono celular.
me hubiera gustado preguntar al toque; —che, negro, ¿cuánto hay?— pero antes de quedar como una angurrienta, preferí escuchar de qué se trataba.
N, cual Moisés con las tablas de la ley, desplegó una inmensa cantidad de datos y, al minuto de iniciado el contacto telefónico, me pidió que pasemos a la compu. yo pedí silencio en el patio y, mientras mi máquina se iniciaba, me serví agua, le puse hielo, me arreglé el pelo y me ubiqué en la mesa del comedor.
apenas abrí el Google Crome tenía cuatro mails de N en la bandeja de entrada. en uno había un video, en otro varias fotos de un boliche bastante oscuras, en el tercero un documento de Word, y en el cuarto un pdf comprimido linkeado vía We Transfer. como estarán imaginándose a esta altura yo seguía preguntándome; —che, negro, ¿cuánto hay?—. de todos modos decidí parecer civilizada y no abrí la boca. sonó la ringtone de mi Skype y atendí la llamada enseguida. mi madre entró a preguntarme si ya terminaba. —esto recién empieza, ma—, le dije, —hola, qué tal, N, yo te escucho bien ¿y vos?
N peló un habano y vomitó un estilo de vida impecable. quiero decir, mientras pintaba de punta a punta los hábitos del target, me hizo saber quién era él, en realidad, qué actividades hacía y cómo hay que hablarle a esa "clase" de consumidores. por lo que entendí hasta ahí el trabajo era para un whisky. N se acercaba a la cámara, se batía el pelo y abría los ojos. después fumaba y bebía de un vaso bajito, que parecía pesado. atrás suyo, el fondo de la imagen dejaba ver una pared blanca sobre la que colgaba un estante exótico, blanco también, con dos o tres libros de diseño.
—Ellis es una marca top. por ahí en Buenos Aires no la conocen, pero acá la rompe. compite con Jonnie Walker, para que te des una idea. ¿Conocés ese whisky?
yo iba a decirle que sí, que en una clase de poesía que dictaba Carlos Godoy el año pasado, los lunes en el CEC, casi nos tomamos media botella que nos dio Gogui en menos de una hora; pero mejor no dije nada. ni eso, ni —che, negro, bancá, antes de contarme todo, ¿cuánto hay?
N, pelo batido, exhalando humo en la camarita de su Mac, me explicó que el whisky se toma solo y que en esta "activación" le estamos hablando a tipos que gastan entre 550 y 1000 dólares por noche.
—es un target AB, ¿entendés? gente con dinero, y a la vez mucha cultura, gente que tiene y gusta de mostrar lo que tiene.
—ajá.
—tenemos que activar en tres centros de consumo—, y me tiró los nombres de los lugares y las edades de los grupos.
—las activaciones tienen que ser atractivas e impactantes.
—ah, ok, yo tengo que pensar las activaciones.
—¡claro! uy, no te dije, empecemos por ahí—, se corrigió.
—tenemos que hacer ruido en los
boliches de moda. si voy muy rápido parame.
ahí nomás casi lo corto para decirle, no vas muy rápido, vas muy lento, papi, ¿cuánto hay?— pero no, seguí poniendo cara de quien está escuchando seriamente.
—ojo, a estos pibes con una modelo no los arreglás, por más que sean súper modelos carísimas. ¡no! acá hay que pensar en grande; pantalla de leds, proyecciones, exuberancia. nada de stands, o la típica idea de regalar vasos de vidrio. necesitamos ideas que no invadan al target objetivo, insights. porque este tipo es un empresario que no sabe qué hacer con su guita. ¡nada de hieleras o esas cosas, como regalar destapadores, o que el barman haga alguna gilada en la barra! estas son fiestas exclusivas. ¡ah! y es muy importante que uses el color cobre, porque el producto se destila en barricas de cobre. la idea es que pienses excentricidades.
creo que fue justo cuando dijo esa última palabra que yo me paré, fui hasta el ventilador de pie y lo puse fijo, mirando mi silla.
—sorry, le dije cuando volví, un poco para no decir perdón. no sé allá, pero acá hace un calor tremendo.
mientras él terminaba con las aclaraciones del caso yo pensé en la típica situación de boliche, el millonario en el sofá, todo oscuro, los gatos rondándole, una mina en calzas tipo leopardo justo sentada en el sillón de enfrente, el tipo que pide el producto y cuando la camarera se lo sirve —y él lo prueba— le agregamos una mina vestida igual, de calzas de leopardo y tetas bien expuestas, sentada justo al lado de la otra. no es tan complicado, traté de convencerme, habría que reclutar muchas parejas de minitas, hacer un casting de gemelas, y la degustación podría terminar con una escena lésbica entre ellas, cuando el tipo prueba el segundo trago.
por supuesto no dije nada en el momento, y me guardé la idea para trabajarla después.
ok, ok, finalizó la charla de una hora, y los dos nos desconectamos.
en el patio, mis viejos ya estaban juntando las copas de la ensalada de fruta. me quedé pensando si esa punta era realmente una buena idea, qué pasaba si la redondeaba un toque más, la guionaba, se la mandaba a mi director de arte amigo, y en dos semanas cobraba la mitad de la guita que hubiera.
en el patio, mis viejos ya estaban juntando las copas de la ensalada de fruta. me quedé pensando si esa punta era realmente una buena idea, qué pasaba si la redondeaba un toque más, la guionaba, se la mandaba a mi director de arte amigo, y en dos semanas cobraba la mitad de la guita que hubiera.
volví a Almagro con la cabeza revolucionada. —algo me cayó mal, comí rápido—pensé, y me tiré en la cama para darle unas vueltas al asunto. seguía sin saber cuánta guita iban a pagarme. todas las ideas que se me ocurrían tenían la forma de lo que el tipo iba a querer escuchar. soy una mujer pensando como si fuera un hombre, pensé, y me di cosa.
soñé toda la noche con vasos de whisky y modelos pulposas. a la mañana siguiente un mail tiraba la sensual y tentadora cifra en dólares norteamericanos. sólo tenía que prestar mi tiempo, jugar a que se me ocurría algo genial, convencerlos a ellos de que esa idea era brillante. a cambio iba a recibir casi el monto de un mes de trabajo. sólo tenía que ponerme al servicio de una mente chata, hueca y deslucida. canjear mi poco tiempo libre por unos dólares, sacar la cabeza de mis lecturas, y mis textos, para dar forma a alguna acción misógina. ese era el precio. lo supe después. el precio de correrme del marginal proyecto de escribir un cuento, o tal vez un par de poesías.
soñé toda la noche con vasos de whisky y modelos pulposas. a la mañana siguiente un mail tiraba la sensual y tentadora cifra en dólares norteamericanos. sólo tenía que prestar mi tiempo, jugar a que se me ocurría algo genial, convencerlos a ellos de que esa idea era brillante. a cambio iba a recibir casi el monto de un mes de trabajo. sólo tenía que ponerme al servicio de una mente chata, hueca y deslucida. canjear mi poco tiempo libre por unos dólares, sacar la cabeza de mis lecturas, y mis textos, para dar forma a alguna acción misógina. ese era el precio. lo supe después. el precio de correrme del marginal proyecto de escribir un cuento, o tal vez un par de poesías.
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