en el escensor
en la antesala de la terraza
de costado
en el brazo
robados intempestivamente
en alguna callecita de San Telmo
besos que no quieren tener miedo
húmedos
en una calle entre Boedo y Almagro
por Palermo
en el segundo subsuelo
de un estacionamiento de un teatro
muy bien iluminado
apenas empieza el segundo semestre
besos en la cabina
un montón
de besos
disimulados
un abrazo extendido
de la oreja
besos que dejan marcas
en el cuello
como lluvia de inversiones
/ a todo el mundo
uno con todas las ganas que te tengo
ahora
y que te tuve ayer
un beso donde dé
muchos besos para que vayas administrando hasta que nos veamos
un beso rápido y sorpresivo
porque acaba de llegar el bondi
otro de lengua, lenta, pasando sobre el párpado del ojo izquierdo
para despertarte
un beso contra la pared antes de poner las sábanas
un beso cómodo en el sofá, despatarrados
besos de lengua
de piernas
mordiscones sin violencia de género
desde la puerta del telo
hasta el departamento lleno de cal
besitos en la piel rala
en la cama
en tu casa
en el aula
en la mesa
y contra la puerta del baño
apenas la cerramos
besos virtuales que nos mandamos
gifs de besos de animales
y abrazos de oso y de felinos
apelmazados
en la panza
de casualidad
besos en un salón clausurado
a oscuras
a puertas cerradas
a plena luz del día
o cuando cae la tarde
pasando la autopista
en CABA y en el CONUR
al pie de cada mail
y abriendo cada día
en el transporte público
frente a próceres de mármol
o de hierro
y en días históricos
a escondidas de la fuerza pública
antes de la selfie
y después de la marcha
en Avenida de Mayo
un beso semidormido
entre cada palabra que leés
tirado en la cama
antes de cruzar la avenida
en recitales varios
y debajo de la ventana
de mi ex trabajo
cerca del Río –hediondo– de La Plata
en el cine
mientras pasan los títulos
en cada dedo de cada mano
en la rambla
en el Parque Rodó y la Ciudad Vieja
al pie del faro, en el puerto
tomando helado con los labios fríos
en los bares sin gente
y de camino a Pocitos en bicicleta
besos en fiestas donde parecemos extras
sentados al pie de un falso ombú
entre las raíces de una especie que voy a googlear
en la cabina –el primero–
en el diván, después
dando la vuelta manzana, desorienta
por Recoleta
en qué parte
o dónde
van a venir
en todas las ciudades y los más largos
besos acumulados
que esperan con desesperación cuando no estás.

