.


"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

26.8.10

deambular

un vidriecito rojo
Bart Simpson a la derecha
la mano izquierda al costado
dibuja una línea difusa.

se le parece / algunas mañanas
como un primo lejano del
no levanta los ojos de la línea
no respira

su trazo
párkinson
camina mi paso
desviado.

quiere vender pero dibuja
“le voy a comprar un vidriecito”
lo digo cada día hace más de un año
hoy no se fía, mañana sí.

un francés en el subte B

se parte la comida al medio
antes y después de la noticia
el plato lleno, queda
injusticia de los que nunca comen.

la voz suena queriendo calmarse.
[calmar al que escucha al otro lado]
pero hasta un tonto sabría de qué se trata
los timbres no saben mentir.

entonces la intoxicación de evasivas
una atrás de la otra para no pensar
otras cosas nimias aparecen
otros codos rozando la superficie.

una guía para no perderse en buenos aires
una mochila caserón acuestas
todo lo que aprendí hasta ahora es
que las cosas suceden cuando no se las espera.

23.8.10

lo que duele que te

                                                  a fogwill
te necesito nene,
para empezar te necesito y
para seguir también
si pienso en la muerte más
te necesito
antes del día que falta tanto
se precipita todo con la parca
y cada día pasa poco
falta menos /
                  pasa
como en cámara lenta /
                                  chorrea
mi deseo adentro sin vos
nene
tus cuatro letras
adentro
las tengo metidas
adento
la idea fija de vos
de que sin vos
de que te necesito antes de que me lean
muerta
y antes de que me lean coger
                                           coger
                                                  coger
                                                          coger
hasta que me sangre todo.
                                     morirme cogiendo y que me lean.

19.8.10

cuando prende


saltar al cuadrilátero
buscar
diagramar para ver cómo.
resaltar los puntos principales
filo metálico de cromo,
punta, cuchilla, lengüeta,
mango para empujar el codo
cortar rodajas desta historia
talar lo que brotaba solo.

y después armarme de paciencia
darle guerra a los enconos,
dejar la estrategia, ya fue,
ir a la caza del toro
vikinga desta mierda que me toca
india normanda sin zorros
amazona buenosaires del adán
dese hombre que escribieron esos otros
amazona aún vencida en la batalla
furia inyectada entre los ojos.

una vez corté ese brote que asomaba
pero el brote, su raíz, lo pudo todo.

15.8.10

un día


una vieja,
la piel como bandoneones
nudillos en cada uno de sus ángulos
la columna medialuna mira el piso
los pies lo tocan,
todo el tiempo los dos
arranstrando como caricia,
agradecida
la tierra los deja
seguir
se acurruca,
frunce los hombros
y le pide caricias de pies arrastrados
una y otra vez por su lomo sucio
de antiguo mundo.
la vieja sigue,
catrasca,
las suelas muertas
la tierra que entra por los agujeros
y el viento,
siempre de frente,
golpeándola.
las rodillas se tocan,
una con otra,
confundiéndose
y ni la vieja sabe si rascarse cuál
las dos la misma.
entonces la catarata
una en cada una de sus ventanas
todo nublado para adelante
no se ve.

la lluvia de sabañones
pinchazos en la sangre de otros tiempos
mares embravecidos, no más que pantanos
roja como los labios, ya marrones.
y los dos globos terraquios desafían a la ley de gravedad
y se pinchan pero no se desinflan hacia arriba, como piñatas
caen cuando el aire sale y miran la tierra, que surcan los pies.
todo a la tierra,
que se moja, y no de lágrimas.
la tierra charco de líquidos amarillos de la vieja
que un día iba de carcajadas, apenas tocando el piso con las puntas
y otras como alfombra se enroscaba abarcándolo todo
el amor y la muerte
llegan pocas veces.

5.8.10

negligencias


mata la desidia
cuando la ves
una vez
la primera siempre
mentiras

mata la desidia dellos
la misma que la mía
verlos
no decidir nada
definitivo

deshacer
lo que ellos no
desandar
lo que ya sé
mirar de nuevo
mañana a la mañana
como si no supiera
quel mal menor
mayor
nunca es lo mismo
qué

21.7.10

on / off

no me quejo,
sólo digo.
quiero ponerlo en
palabras que no cuentan
nunca nada.

el ardor
como latido
acelera la máquina
los engranajes se traban
los vapores.

y sé que prueba
si todavía sí.
sé que no quiere
pero no puede
no.

entonces las horas descomunales invertidas en frenar la máquina, cerrar los grifos, enrollar mangueras y evaporar vapores se evaporan, todas, las fuerzas caen, el esfuerzo es vano, las manos solas se desprenden del cuerpo, un fogonazo y se agitan moléculas más moléculas, con pancartas y salen, juntas, al barro a dar la pelea, rebeldes, retobadas, las manos abren los grifos y destraban las manivelas, calientan los motores de la máquina que solo silba, loca, por las calles, silba frente a la pantalla, sola está, busca, máquina desquiciada, sin saber más que silbar, calentar motores, echar humo negro, muerte, y rechinares, hasta que otra vez algo la apague.

15.7.10

le grand bosta

pero si mirthanea en vez
de andar susaneando así
pabadas ha de decir
y no me pregunten cuantas
porque entre mirtha y susana
no se puede discernir
cual de las dos más fachas
y no porque sean bellas
más fachista la más vieja
cuanta picha habrá tragado
que en el placard guardado
tenía un sobrino preso
que se olvidó por eso
de avisar que lo sacaran
por pensar estupideses
para el próximo programa.

12.7.10

pariéndome

 llegó como 20 años tarde
medio que ya no daba
era como que algo
quien sabe qué
no iría a cerrar,
no debiera.

sin embargo la fuerza del ocaso
la certeza del por qué no
las llagas
de otras ampollas la sangre
de heridas viejas se abrieron
gritando dale que va,
dale que va, querida.
  
y nada fue más cierto entonces
como manzana cayendo
las fuerzas
yo naciendo de mí otra vez
de entre mis propias piernas pariendo
adentro mio yo
y afuera de nuevo para
arrancarme de lo que era cuando no era
yo
todavía.

4.7.10

El 28 de mayo se estrenó la obra de teatro: En tus últimas noches, de Fransisco Lumerman


Con José Escobar, Rosario Varela, Lisandro Penelas, Adriana Ferrer, Julieta Timossi Ignacio torres, y la asistencia de dirección de Leticia Martín.

Va los viernes a las 23.30 hs en la sala nueva de Timbre 4. México 3554. Boedo.

 

Llueve nieve ácida, estalla otra guerra civil, los aliados se enfrentan a la resistencia, y mientras todo pasa, en las afueras de Mercedes dos familias se ven obligadas a vivir juntas. La película de Fabio "Sinfonía de un sentimiento" de fondo todo el tiempo. El dolor, la locura y la muerte, a la orden del día. Mientras tanto la vida que corre como puede, sigue su curso, a ratos.  

TRAILER:
http://www.youtube.com/watch?v=Uz5KnYs3dU0&feature=player_embedded
RESERVAS: 

corregir

yo pensé que si vos
me sacaras el betún
me arrancaras las poesías
                          / tal vez
algo de todo esto sirva.


pensé que si tanto
tiempo escribiendo sola
me rei-te-ra-ti-vi-sé y
                      / ya fue
hay que largar con otra cosa.


formas en la veta
desta madera que soy
porque es tan dificl hacer
                              / no sé
a mi nada me sale fácil.

26.6.10

soberanía

no me cansa el verso
miodeotros
la cosa de buscar la vuelta
encontrar la exacta.

insisto para nada
ya sé
los dedos imanes de las teclas
imanes del.

van sin orden a
se apoyan solamente
no hace falta la voltereta
el cuento.

siguen el impulso
aprenden a encontrarlo
frezan los dictámenes della
desta diosa acá arriba,
soberana.

y me deleita el juego de equilibrios
desta reina seca y de los tontos
y me agita que se le subleven los sentidos
yqueenunsegundodestro nada.

22.6.10

alzheimer

no vas a pensar
que catorce veces
es lo mismo que.

seguramente
las lineas
se van a desdibujar.

borroneada
la nariz
se empasta con los ojos.

y empiezo a no,
confundo donde,
empieza y termina.

no importa cuanto
por + que me esfuerce
alzheimer.

su contorno
parece el de todas
las fotos carnet.

15.6.10

renglones

terrenal,

llana,
 
plana.
 

la vida a veces una linea
que no más que renglón.
 
piso para que me pisen
brillen sus letras torcidas,
malescritas, 
manuscritas,
sin que les lleve la mano
induciendo.

lineal a veces,
tragedia.
 
continua siempre,
comedia.

parece sin vuelo
es.
 
pero que importa
si total 
el escenario.

14.6.10

shit

acá atrás todo él
ruidos
hojas que se mueven
permiso
por favor
las cosas que parecen que así para siempre
que para escribir esto
que para comer lo otro.
el amor adentro de las páginas de Shakespeare
en las telenovelas venezolanas
solo
va apareciendo un objeto para esconder su nombre
le imagino las manos
un hueso deforme en el craneo
los ojos ya se sabe celestes
como mosca atrás de mí
ruidos y enjambres
la espalda torcida
los pies que hormigueos
sorbo frío de mate cocido mejor vino
pis y vuelvo
dos palabras y delete
todo minúsculas es
mejor después de punto mayúscula
música
no mejor no
volumen que decrece hasta silencio
y la casa va siendo tomada por los niños
día agotando fuerzas del
y mías
se extingue
sin los besos que Will
Shakespereárame.

27.5.10

oscuro, abajo, el amor.

se puede enamorar así. 
una. 
de mañana cualquiera, no sé por qué a mí, me enamoré. 
me duele la espalda de esta postura rígida, contra la pared, dije, y miré hacia arriba. 
sentí el agua que me salpicaba, la portera, y monté en guardia.
estaba ahí, detrás del secador que nos iba y venía trayendo el piso. 
un instante todo frenado, el aire que se aquietó, las gotas suspendidas esperando. 
la portera maniquí, parada con las dos manos sobre el palo me lo escondía detrás, él. 
le puse Erdosain. no era entero. tenía su cicatriz. 
cortado a la derecha, como si le faltara un brazo, cabía entre su lindero y el marco de la puerta. 
me lo habían lastimado al nacer. 
toda su cara miraba de frente y el material a sus costados rebalsaba como sin. 
no es cemento lo que nos une, es la pared, 
fondo que de golpe costado y si seguimos un poco más, pared de enfrente. 
uno al lado del otro parecemos soldados. 
marchamos sin movernos, iguales a todos pero distintos, con agujeros y sin brazo derecho despertamos cada día, presos de esta realidad de suelo.
sosteniendo una fila enorme que descansa sobre sus hombros Erdosain se despereza. 
como yo. 
lo sé porque hago lo mismo: un breve movimiento de las aristas que se expanden hacia los costados y bostezan.
nos veo parecidos. 
la misma zona, la forma de las, el nombre que a veces, y los colores fríos. 
cocidos en distintos fuegos de un mismo horno, sacados con palas de acero que nos aplastan después, somos raros. 
él de un azulcito más oscuro. 
yo tirando a celeste.
-Cleo. ¿Por?
-Por nada. Yo Erdosain.
eso nos dijimos, después saltó lo de las partidas.
sin querer me perdí en el enriedo de la casualidad del nombre impuesto, 
tan igual al nombre que yo le puse.
descarté la familiaridad, respiré, y le abrí la jaula a mis ojos. 
se empacharon de tanto verlo. 
Erdosain, pensaba a ratos. 
suena como tintineo. 
tenue.
aún con la luz apagada, por las noches, podía verlo. 
desarrollé la imaginación al máximo. 
podía soñar sus ángulos, mirarlo del revés, atravesar su materialidad 
podía fulminar con el pensamiento a las hormigas que se le acercaban.
por las mañanas, después de que la portera levantara las persianas, aparecía una florcita de azahar en mi parte del piso adelante. 
me lo imaginé despegándose de la pared cuando la noche y nadie lo viera, 
saltar la ventana, salir al jardín y mover el limonero. 
le puse música de fondo, 
cámara lenta.
me despegaba yo, después, y lo chocaba forzando la casualidad, 
entre el marco de la ventana y el vidrio. 
nos crecían bocas y podíamos besarnos. 
lengua con lengua suave, mojada, él me comía, 
como si chocolate primero, a mordiscones después. 
fuerte suave con delicadeza, me derretía hasta que la mañana.


ruido de persiana que se sube. 
la portera maniquí otra vez. 
baño de agua fría para todos sin aviso. 
desinfectante, trapo, y una especie de Pinolux para terminar. 
así durante meses, años, mirándolo. 
pocas veces con diálogos cortos, muchas con sueños de esos que nunca.
después, lo de siempre.
la compañía de demoliciones,
la bola enorme pegándole a la pared y el desmoronamiento. 
punto.

Aparecer, mayo de 1992


Papaiani era la de castellano, y la que había dicho que esa noche pasaban “La noche de los Lápices”, una película que teníamos que ver sin falta. Éramos chicas, uniformadas, medias hasta la rodilla. ¡Y que las monjas no supieran que una profesora recomendaba una película así! No habría habido más Papaiani. Por eso ni la guacha que le rayó el Renault con una moneda abrió la boca. A la Papa la odiabas pero la respetabas. Un sentimiento era consecuencia del otro. Ella le hacía honor al nombre. Pilar. Era sólida, firme, estricta decíamos nosotras. Pero distinta. Te hacía pensar. Te llevaba al cine y armaba un debate atrás, mientras comía algo en un bar con treinta adolescentes en estado de efervescencia. A la clase siguiente te tomaba una comprobación de lectura del Quijote de la Mancha o del Poema del Mio Cid, pretendiendo que recuerdes de qué pueblo era la Dulcinea, o ese tipo de detalles. Nada la frenaba. Acomodaba el programa para que siempre le sobren márgenes para esos temas que “no podemos dejar de ver”.

Casi todo el curso hizo la tarea. Yo no.

-Vos esa película no la vas a ver porque es tendenciosa y se acabó. A mi viejo nadie le dice cómo son las cosas, así que mis explicaciones acerca del contenido histórico no sirvieron de mucho. Insistí todo lo que pude, pregunté por qué, lloré. Siempre lloro cuando no me explico por qué. Mi mamá intervino con tono conciliador y me dijo que era una película muy fuerte para mi edad, que no era nada que no pudiera ver, pero que, sencillamente, no. Mi mamá tampoco entendía por qué, pero montó la escena del acuerdo de discursos. Creo que su tono de voz me convenció. Eso hace siempre mi mamá. Acuerda. Concilia. Repara. No me dormí así nomás. No es fácil dormir cuando la idea fija. Y si el no incita a la violencia, el no porque no, directamente autoriza a desobedecer. Esperé una semana.

-Ma, hoy después de gimnasia voy a hacer el trabajo ese que te conté, no vengo a comer.

-¿Qué trabajo?

-El de Las venas abiertas… que pidió la Papaiani.

-¡Ah! ¿Y dónde vas?

-A la casa de Helga.  

Ella me había contado de qué se trataba la película en la hora de química, yo le conté Las venas abiertas de América Latina, y su mamá nos hizo milanesas entre atado y atado. Dimos play al video y vimos la película sin una sola pausa, sin decires, sin ganas de ir al baño, mudas. Después me fui. No comentamos, ni empezamos el trabajo práctico.  
Caminé las catorce cuadras que separaban la casa de Helga de mi casa para tener tiempo de respirar. No entendía. Me dolía el pecho. Estuve acongojada varios días. Quise conocer a Pablo, le escribí una carta, me imaginé ese lugar y esas situaciones durante meses, cada vez que cerraba los ojos para dormir. Después empecé a preguntar sobre el tema. El tema estaba desaparecido. No había muchos lugares para hablar, y yo no era la única que tenía preguntas para hacer. En la escuela siempre decían algo parecido: -”Esa fue una etapa dura de la historia, pero tenemos que seguir con lo nuestro...”. Y lo nuestro era un cuadro sinóptico de los presidentes argentinos hasta Perón, o un simulacro de las elecciones, con boletas de verdad y una caja de cartón, por si la democracia se iba antes de que nos tocara votar.
En casa tampoco. No vi ningún diario, no escuché ninguna historia. Nada. Nunca nada.
Cuando aparecieron los grafittis por las calles de Tablada, pregunté: ¿qué es eso de  la obediencia  debida y el punto final? La punta del iceberg se hundió otra vez entre palabras que evadían. Me convencieron de algo que no entendí muy bien y dejé de preguntar por otro rato largo. En mi familia la política se había reducido a un cuadro de Evita en la casa de mis abuelos, la estaban desapareciendo. 
Por esa época volvió a salir el boleto estudiantil. Ya estaba como en tercer año. Papaiani nos instó a sacarlo. –Es un derecho, dijo. Fui hasta la terminal del 49, saqué mi boleto secundario y me sentí bien, casi mejor que la primera vez que fui a votar. Entonces mi viejo abrió la boca. No sé a cuento de qué, pero dijo: -Yo no hablo porque sí, yo sé lo que era porque lo viví, estuve encerrado en la facultad por días, con el culo entre las manos, porque teníamos que hacer la revolución con ellos. Yo sé lo que es el miedo a que te lleven sin comerla ni beberla, porque se llevaban a cualquiera. ¡Pero ellos también se la buscaron! Venían a hablarnos de la revolución y nosotros sólo queríamos estudiar.

Y mientras él se debatía con el enojo y dejaba salir esas balas atragantadas con la ira tantos años, yo miraba cómo las gotas de saliva se le escapaban de la boca.


-Yo levantaba las paredes de esta casa, estudiaba y laburaba. Vos no habías cumplido cuatro años, no era joda, era salir pensando que por ahí no volvías. Escaparte de la facultad rompiendo una ventana sin saber qué te esperaba del otro lado.

Mi viejo se había transformado. Medio me asusté. La cara se le puso verde. Y el Falcon, pensaba yo. Y quería que mi viejo hubiera ayudado a salvar a alguno, que haya tenido que exiliarse como el padre de Silvina, o algo así, no sé. Pero mi viejo había tenido miedo y me estaba diciendo en plena democracia que no anote el teléfono de ningún desconocido en mi agenda.

14.5.10

Otra vez oigo voces, 14 de mayo de 1910


A veces así, de la nada aparecés.
Como si nada, no, me das vuelta la cabeza.

Y ni sos, ni estás acá siquiera,
y me partís a la mitad las decisiones esas.

Me lo desordenás, todo, a la distancia,
como si un fantasma sos, como si racia.

Y te compro la entrada del cine, 
y apoyo la mano en tu butaca.

Solos los dos, a oscuras, 
tu fantasma y yo sin más que nada.

Y los caramelos de miel derretida en mi boca con tu nombre,
que no me nombra, ni, que no me nombre.

Cualquier desvío en la película se me hace atajo,
excusa para pensarte, tenerte tanto.

Para desear que si tu mano, para querer que si tu boca,
que si me respirás el aire, que si te miro entre las prosas.

Y me doy la carilina como si vos,
y te pregunto si apagaste tu teléfono.

Y te estoy por llamar, pero por qué,
si estás acá, con lo que queda de mi resto.

Salgo y el aire frío en las hojas, la vereda,
en mi cara de invierno deshojada.

Salgo y las luces del bondi de frente que me avanzan,
iguales a tus ojos, océanos de sal desalinada.

Y el pibe del puesto de diario que me indica la parada, 
con su tono de vos, con tu cuerda vocal desafinada.

Y el hambre y el olor a pizzería,
y Boquitas Pintadas en mi bolso por la espalda.

Como el día aquel que me dijiste que,
el botón que, la martingala.

7.5.10

Semanita, 6 de mayo de 1910


Ayer, hoy, esta semana,
fueron días sin, 
vuelo es poco, 
no sabría como 
definirlo,
me levanto, 
trabajo, 
se pelean, 
me exprimen, 
no hago otra cosa después de trabajar, 
me reseco, 
me acuesto cuando casi la mañana, 
me quedo dormida,
arranco mal, 
como mal, 
de nuevo casi no duermo, 
café, 
café, 
café, 
suspendo una salida al teatro
era invitación,
me duele la pansa, 
suspendo una clase, 
y otra, 
más, 
no me toman la baja del seguro, 
me corre otro mes, 
400$ a la basura,
llamadas, 
gasto, 
me cortan el teléfono x falta de pago, 
no escribo ni una linea, 
está nublado desde el martes, 
golosinas, 
muchas, 
a granel, 
y granos, 
muchos más 
que todavía no salen pero están, 
ahí, 
acumulando cosas que después, 
una tarde de estas, 
para afuera, 
con mi bronca, 
ah, 
ni suspiro, 
no.

antes