Anoto en la primera
página del libro: “no sentirse ofendido es un modo de ofender”. Pienso la frase
un rato y después la twitteo. Me siento a leer en una roca caliente del arroyo.
De pronto recuerdo el Nahuel Huapi, E., la tarde, La novela luminosa accidentada. Busco el teléfono y le escribo un
mensaje a mi amiga. “En Los Molles de San Luis. Con un libro de Levrero que intuyo no dejé caer al río porque no tengo quién interprete el gesto. Se te extraña ”.
*
Mi hija corre desde
la proveeduría hasta el sector del arroyo donde estoy. “Mirá, ma, mirá”. Señala
un auto que sale del estacionamiento del camping y se dirige a la salida del
predio. Yo miro el auto pero no entiendo a qué viene la algarabía. No veo caras familiares en el auto, ni
reconozco algo extraño en el modelo, o en el color. La miro extrañada mientras escucho me
dice: “La patente, ma. LEY, dice, mirá”.
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