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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

27.12.09

Escritoras sin nombre


Nos enseñan a ser esposas,
a no molestar al esposo,
a trabajar como si fuéramos esposos de nosotras mismas.
Las publicidades se ríen 
de la que estorba al estúpido 
mirando el partido.
De la que llama,
de la que espera despierta 
porque desde niña 
le inculcaron el desvelo.
Nos dan una muñeca,
y nos quitan la destreza de los pies.
Llorá, nos dicen,
y nos permiten ser sensibles.
Madre, tenés que ser.
y linda.
Madrecitas nuevas
de Barbies virtuales
que amen a sus esposos 
aún cuando no estén.
Barbies solas 
con sus cabellos rubios
y largos / brillosos
Barbies con 2000 autores 
sabidos de memoria,
incapces de patear el tablero 
y de romper las piezas.
Barbies que no puedan barajar 
y dar de nuevo.
Estúpidas intelectuales 
que siguen meciendo cunitas 
de juguete
alimentando el ego 
gordo 
del macho proveedor.
Mujeres que sólo gritan 
cual si el grito acallara los mandatos.

Estúpidas.
Frágiles nos hacen, 
paranoicas
frágiles / duras
intelectuales de la casa 
escritoras sin nombre y sin destino,
con el apellido prestado
que ni siquiera puede trascender en esos, a los que les dimos el útero.

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