.


"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

28.3.14

#ParisReview

Tengo un señalador en un libro de entrevistas que me regalaron el 5/11/10 que duerme entre la página 49 y la 50 -desde ese día- señalando la pregunta que Jean Stein le hace a William Faulkner· "¿Puede hablar de cómo se inició como escritor?"· Nada· Eso·

27.3.14

#Fórmula


Anoto lo que entiendo es una fórmula que funciona: tres adjetivos para cada sustantivo y detener la frase en un pensamiento interno descomprimiendo la idea.

#39

No celebro más mi cumpleaños. Celebro, mejor, mis libros, mis logros, los minutos robados a la responsabilidad, que a la larga se convierten en palabras, sentidos cristalizados, fotografías de momentos, decisiones, dudas, dilemas, y pulsiones en tensión. Celebro las veces que venzo el tedio, las mañanas que salto de la cama a leer, o a escribir, las veces que logro arrancarme de la ira que me produce la injusticia, la fuerza interna que me mantiene eligiendo hacer todo este esfuerzo por vivir de la palabra. Celebro que Helga esté corrigiendo conmigo su novela, haber corregido mi novela con Juan, la existencia siempre suprema de mi amiga Paola, las intervenciones certeras de mi analista, la escritura colectiva de Las Claudias. No merece celebración respirar. ¿Qué esfuerzo hacemos para eso? ¿Para amanecer cada mañana? Hay una infinita lista de pelotudos que respiran, sí, en masculino, no en modo genérico, más bien, decididamente en masculino. Celebro que cada día quiero ser mejor. No más, mejor. No cantidad, calidad. Y celebro, también, que no me dejo ganar por lo que la comodidad haría de mí, por lo que el mundo haría de mí. La resistencia celebro. Eso. El dique de contención que soy, la represa hidroeléctrica que quiero ser, la angustia de la imposibilidad, la asociación entre la angustia matinal y la elección de un camino sano, que me enseñó Eli, el encuentro de la gente imprescindible, que no me guste Arjona, Luis Miguel, la música romántica y el sushi. Mis 53 kilos. El rock, celebro, mi rock grisáceo, mi campera de cuero agujereada, mi metro y medio de estatura, mis fernets mientras los chicos duermen, mis uñas casi siempre despintadas, mis piernas más que mis tetas, porque a mis piernas les da forma andar en bici por la ciudad, ponerle onda, hacer un esfuerzo. Mi voluntad, celebro, y mis errores. Todos y cada uno de mis errores.

25.3.14

#voyA

Voy a escribir todo
lo que me pasa cuando leo
lo que me suda
lo que me agita los pulmones
cuando recorro las letras con los ojos.

Voy a llevar un diario de mis
afectos lectores, de la notas
que suenan correctamente, y de los discos
que pegan con cada poeta.

Completame esta, baby
tal sonido para esas letras
la palabra nueva, baby
su sentido
haceme ir a buscarlo ahora mismo
haceme adivinar si en el error
hay un guiño oculto, silencioso
si Walt es Whitman
y Viel es Temperley.

21.3.14

Somos muy boludos, pero
zafamos de comernos el cuentito
del éxito en sus términos de ellos. 

La poesía no es un género
ni se escribe con el alma
es sola, siendo, sin la mano
que cree que la escribe.

La poesía no eres tú
ni el verso en su métrica
ni la rima consonante.

No te mates
no merece explicaciones
viaja
con los que pueden conocerla.

20.3.14

Tengo un forro

Tengo un forro en la billetera
que me dieron en la calle
me gusta mirarlo cuando saco
la plata
la sube
las monedas.
Me siento un poco rocanroll
un poco menos oficina
me gusta tocarlo cuando abro
me gusta saber que sigue estando.
Tengo un forro en la billetera
y otro en el subconsciente
me hacen sentir de veintidós
cuando me niego a dejarlos por ahí.
La otra vez le busqué la fecha
"me muero si está vencido"
apuros tenemos todos
una chica nunca sabe.
Tengo un forro en la billetera
Sol dice que es marca top
se me cayó al suelo el otro día
y nadie me creyó de la promoción.
Tengo una tarjeta Neverland
tarjetas personales y del banco
tengo un forro en la billetera
y otro más grueso en la cabeza.

16.3.14

A todos nos parece que nos aman
pero eso nos pasa porque amamos
alguna vez
               negamos
                             que el amor
es posible en casos excepcionales
entre una topadora y un yuyo
#porejemplo
o entre un cuis y el fuselaje de un avión
entre muertos y vivos a destiempo
entre partes de objetos inanimados.

A todos nos parece que nos aman
porque las cosas nos salen como "bien"
y atribuímos al amor la coincidencia
la luz del sol por la mañana.

A todos nos parece que nos aman
que el bondi paró por nuestro amor
que el café se volcó para encontrarnos
que el reloj falló para nosotros.

Pero el amor se muere con los besos
empieza a morir cuando se ve.

"¿De qué sirve la otredad o el misterio de la muerte?"

Conocí a Walter Iannelli en Casa de Letras. Lo vi desplegarse en palabras elocuentes, presentando los Cuentos Completos de Alberto Laiseca. Luego, esa misma noche, me encontré con mi amiga Eli y cené con los alumnos del taller de Lai. Por esas épocas iba y venía por los eventos literarios, perdida, buscando un camino, un rumbo, una posibilidad de creer en mí. Recuerdo la sonrisa de Walter, la amabilidad con la que nos contó los pormenores de la presentación del libro, su campera de cuero negra, su libro en manos de mi amiga, que le pedía una dedicatoria. Walter Iannelli era narrador, docente, poeta y periodista cultural. Publicó los libros Alguien está esperando (1996, cuentos), Sanpaku (2002, novela), Zumatra y la mecánica de tu corpiño (2005, poesía) y Metano (2008, cuentos). No te despedimos, Walter. Comenzamos a leerte de verdad.


WALTER IANNELLI
Nene ponéte la camisetita

Si te vas a leer poesía, Nene

ponéte la camisetita.

La poesía es fría Nene.

Ya sé que dicen que calienta el alma

pero qué alma Nene 

en la parada del colectivo

este invierno a las cinco de la mañana.

Ponete la camisetita Nene.

¿Y los guantes?

Cuidáte de los versos que cortan

cuidáte Nene 

de esas palomas

de la luna

del viento

del poniente Nene 

que se desangra sobre las casas 

como una marea escoriata.

Nene: ¿No pensaste en la bufanda?

Ya van a venir a soplarte hielo al cuello

a afilar la palabrita

retorcerla como si fuera tu cogote.

Sabés cómo son esos tipos Nene.

Te dan la mano, te aplauden y después

te mandan de vuelta con el estómago vacío.

Y no me comiste nada antes de irte.

Ahí te dejé el guiso de papas y arvejas.

Si al menos te llevaras el añorak de tu difunto padreo el sobretodo. 

Pero te vas sin darme un beso

Nene.

Cuántas veces te dije que tenés que encaminarte.

Estudiar abogacía, conseguir una novia que al menos

los domingos no esté borracha.

Pero Nene, vos andás con esos que viven del aire

revoleando las letras.

¿Dónde viste el fulgor del cosmos infinito?

¿Desde cuándo el fuego es una llamarada impúber?

Decime Nene, no te vayas todavía.

Te hubieras puesto los zapatos con suela de goma

a ver si tanta imantación, si tanto voltaje te electrocutan.

Pero Nene: ¿No viste que estoy sola?

¿Que mamá te necesita más que todo el diccionario?

¿Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?

Podemos jugar Buraco, terminarnos el strudel

ver sábados continuados al lado de la estufita de cuarzo.

¿Para qué el doble sentido

la metáfora

la sinécdoque

la metonimia, Nene

si me volvés con un resfrío?

Para qué la paradoja, Nene, el verso libre

La aliteración, la elípsis.

¿De qué sirve la otredad

o el misterio de la muerte?

Si es todo tan simple como que te vas desnudo

porque vivís una realidad hecha en pedazos.

¿A eso le llaman poesía?

Vení, Nene

que mamá te hace una sopa con galletitas 

Manón en el té con leche.

No seas tonto

el mundo debería ser chico

el mundo no se conquista agrandándolo de sentido

ni doblándolo, ni pegándolo

ni siquiera tratando de romperlo.

El mundo es, mirá vos Nene lo que te digo

el mundo es como el cajoncito de tu ropero.

Así, cuadrado, en el fondo de una habitación

en tu propia casa, con todo lo que hace falta.

Vení Nene, que ahí está tu camisetita nueva.

Mirá qué linda.

Se la compré a Don Samuel en dos cuotas.

Ponétela Nene.

No quiero que tomes frío.

x

Post it

12.3.14

El tajo

Por Juan Gelman
La poesía no hace
que algo suceda, dijo W.H. Auden.
Apenas sobrevive, dijo.
No dijo por qué. Sobrevive como
sobrevive la imposibilidad.
Es decir, nuestro amor,
o el bisonte que hace cruces en la arena
olvidado de sus dientes de leche.
Es bello eso. Significa
que el frío de conocerse
puede tener otro destino.
Lo que nadie dijo
está bajo las máscaras
que la verdad necesita.
Mis ganas de dar besos y palabras
son un cuarto muy grande donde
se sienta absurdamente el corazón.
Es decir, sobrevive.
En el tajo de sus corrientes extrañas.

9.3.14

la única cosa que elegimos
es de quienes nos rodeamos
y eso a veces
porque a veces
hay que verle la cara a los otros
destilar palabras, también
es elegir el colador
los pequeños agujeritos por los que
querés que pase tu escritura
el agujerito de Fogwill, al lado
del agujerito de Viel Temperley
que se cruza con los agujeros de los vivos
con el tamiz de Kafka y de Levrero
si termino en el Moyano prometo
hacer un programa de radio
llamar a los oyentes y entrevistarlos
pedir temas y que ellos me saluden.

¿Por qué despertamos?

8.3.14

Saborear un vino que
todavía no bebiste.

6.3.14

"¿Vamos a por el croissant de vegetal?"

"¿Vamos a por el croissant de vegetal?"
le escucho a Leopoldo María Panero
   conozco a Leopoldo María Panero 
me acerco a su existencia cuando deja de existir
¿cuántos otros como vos?
a Mario
a Levrero
a veces le hablo a Viel
tipeo sangre entre la locura y la muerte
con el machete de Quiroga
¿a qué le temo más?
la muerte es un acto irremediable
dicen
pero yo muero mientras subo las escaleras 
y todavía respiro
mientras doblo la ropa por la noche
cuando cae la luz y se quiebra la piel reseca en el cemento
¿a quién le importa la muerte?
como cerrar la puerta si no se tiene en los planes volver
la muerte es la idea de la musa
la muerte es reprimir el poema en la cabeza 
arrinconarlo en la línea del renglón
profundizar
darle parejo a la idea reiterada
darle y darle como la mecha 
girando caliente contra la pared
hacer un agujero más grande
donde nunca quepa nada
nadie
nunca
reiterar y reiterar
la seriedad
la muerte es la seriedad
la lucha en vano de ideales con olor a naftalina
la muerte es la falta de confianza
¿no es peor, acaso, la muerte que la locura?
¿es remediable la locura?
las palabras se amplían como la cinta en la boca del mago
tira la letra hacia afuera
sola
la palabra envuelta debajo de la lengua
tira la mano
del mago
la palabra
se arma un monte de cinta que se encima
revuelta en el piso como catarsis
y los chicos intentan adivinar
mirando al mago
que tira y tira de la cinta blanca de papel.



27.2.14

Amo que Ruano me diga
que no me corte nada
que evada la palabra "pija"
que se relama en el lenguaje.

Amo decir que me la voy
a cortar como si pudiera
que duden de mí
que se retuerzan
en estúpidos prejuicios.

Amo mi pija imaginaria
mi miembro ausente
mis cojones
mi agujero ovalado y hacia adentro
mi pesebre para tu mesías.
Un día gris es una expresión ingenua para nombrar un día en que todo parece irse a la mierda. Un día así, no sé de qué color, qué etiqueta, qué clasificación, digo, un día así llega su mail a mi correo electrónico. No era un mail desesperado, una duda absurda, un miedo que venía disfrazado, por escrito. Era, por el contrario, una pregunta sencilla, que respondí con la más sincera de mis convicciones. Podría haberme equivocado en la respuesta, ¿quién no?, pero toda mi capacidad, razón, lógica e intuición quisieron responder esa pregunta lo más al centro posible, dar en el blanco, quiero decir, satisfacer al escritor, llenar lo que sea que no había, decir "confía"; "gracias por confiar, por venir, por escribir". No existe alguna cosa más genuina que la reacción de las personas en momentos de crisis. Ahí se ven amores y odios, las actitudes más miserables y las más grandiosas, en general, las actitudes que nunca se vuelven de público conocimiento. Los diálogos silenciosos son la expresión más descarnada que uno pueda experimentar. No necesitar las palabras para entenderse es darle al lenguaje un lugar preponderante; ese lugar que funda al ser y desde el cual el ser puede comunicarse, aún, sin pronunciar palabra. Quien haya pasado por algo similar sabrá entenderme. Amar es un poco así. Es un poco conocer, un poco compartir un código común, mudo, silencioso, saber correrse a tiempo, callar, volver, esperar sin esperar algo concreto. Amar es permitirse seguir de este lado, leer una vibración, oler una necesidad, ansiar y reprenderse al mismo tiempo.

23.2.14

Dormir. Poner la vida en automático y cerrar los ojos.

22.2.14

Veinticuatro


Mi forma de defensa es irme. No importa por qué, nunca importa qué me exaspera, no quiero indagar en eso sino en cuál es la parte mía que se engancha en el drama que “acaso suele plantear” alguien ajeno a mí. La pregunta que me hago es por qué no me resbala lo otro, por qué, finalmente, me involucro. Para evitar la discusión infructuosa, salgo. Van unas cuantas salidas en lo que va de esta semana. Elijo caminar en subida, porque me cuesta más. Debe ser, un poco, algún resabio de la idea de “calvario”, “caminar el camino de la cruz”. ¿Acaso no es eso tolerar? Llevo el libro y el lápiz. Anoto ideas, pienso en las maneras apropiadas o convenientes, en mis límites y en mis miedos. Es la primera vez en estos días que me siento completamente sola, responsable de mover una maquinaria que se fue engrosando sin que me diera cuenta. ¿Hasta dónde soy la responsable y por qué? De pronto el pensamiento deja de auto flagelarme y me quedo suspendida observando la imagen que tengo delante de los ojos, otra vez la misma imagen. Me siento en una piedra, en medio del cerro, y me quedo observando la belleza de una topadora oxidada. Cuando vuelvo a la computadora escribo lo siguiente.


Topadoras oxidadas, olvidadas en la ladera del cerro, amarillas, abandonadas. Topadoras dejadas ahí. Vidrios rotos y pozos aledaños convertidos en charcos. Montañas de tierra a sus costados, escoltándolas, como ladrones clavados en la cruz. Pastos crecidos encima de las topadoras crucificadas. Tiradas. Promesas de casas que no fueron. Vacaciones truncas, cabañas olvidadas. Cimientos que quedaron enterrados, yuyos sepultantes, cardos y matas rastreras ahogando topadoras, topos que se toparán con topadoras enterradas, podridas, agujereadas. Restos fósiles de robots constructores del Siglo XX, poesía escrita en la realidad, fuera del texto y de la cabeza de quien lo escribe. Imagen que no necesita ser narrada. Excavaciones que no se harán. Decadencia de lo que nunca termina de ser.

Veintitrés


Vamos a Villa Cura Brochero a ver el cráneo del “pastor con olor a ovejas”, también llamado “cura gaucho”, beatificado por el papa Francisco el 14 de septiembre de 2013. De paso vimos la campana gigante que el Vaticano donó a Santiago Olivera, obispo de la diócesis, para ser colocada en el santuario Nuestra Señora del Tránsito, en la plaza de la Villa.

Durante el viaje, después de ver los restos del cura, mi hija me pregunta, así como al pasar, qué quiero que haga ella con mis libros, cuando yo me muera. Le digo que haga lo que le parezca, que lo que ella decida va a estar perfecto para mí. Entonces lo piensa un rato y a los pocos metros rompe el silencio para decirme: Ok. Vendo todos los libros y me guardo los tuyos.

El trayecto de Carpitería San Luis a Cura Brochero Córdoba me lleva de paso por una serie de pueblos detenidos en el tiempo. Chacras del sur, La Paz, La Población, Yacanto, San Javier, Las Tapias, Villa Las Rosas, Los Hornillos, Las Rabonas, Nono y Mina Clavero. Cada lugar con su encanto, sus zonas decadentes, sus residuos históricos, sus más o menos mejoras tecnológicas, su aporte provincial y su ganancia turística. Viajar por el país para conocerlo por dentro, pienso. ¿Es posible conocer el país mirándolo de cerca por unos días, o acaso sólo aminoramos la culpa que nos provoca semejante brecha comprando artesanías o consumiendo lo que nos propone cada lugar? La extensión de la Argentina es abrumadora. La disparidad, lapidaria. Cada pueblo tiene un cementerio, una iglesia, una plaza, una carnicería. Chacras del sur, pueblo límite geográfico a pasos de San Luis, ofrece miel pura de abeja a 40$ el kilo. Apenas dejo San Luis, ya comienzo a escuchar la tonada cordobesa en la voz de los parroquianos. La vegetación se hace abundante y más tupida. Compramos vino dulce y cactus de diversas especies. Un gordo nos cuenta cómo prepara las aceitunas en sal muera y nos da a probar pan de campo y jamón serrano.

Más adelante nos dejamos llevar por el Río Los Sauces. Nos sentamos a la sombra de uno sus vegetales llorones, comemos empanadas y después nos mojamos. Nuestras lonas y bolsos quedan amontonadas en uno de los márgenes del lecho donde el agua corre cuando el río crece. Los Sauces se extiende a lo ancho de casi 200 metros y muere en el Dique La Viña. Su naciente corresponde a la confluencia de los ríos Panaholma y Mina Clavero. Pocas piedras y arenas amarillas. Cualquier improvisado podría creer que es el Caribe sin olas. Lo más llamativo es que la corriente se abre dentro del lecho en diversos brazos que conforman pequeñas islitas de arena en medio del cauce. Cada brazo tiene su temperatura. Una más, una menos tibia.

De regreso, cuando paso pasamos por Villa Las Rosas me compro un tronco de árbol con alambres circulares incrustados, de los que cuelgan macetitas de colores donde hay plantados cactus de diversas especies. Sigo comprando cactus. ¿Tendré que interpretar el sentido de ese gesto? Los cactus se vuelcan en el baúl del auto y de regreso en la cabaña tengo que reorganizar las macetas, tierra, plantas y piedritas decorativas. Los dedos se me llenan de mini espinitas imperceptibles, que no puedo sacarme de la piel. Pese a la molestia mis ojos disfrutan de los colores y las diferentes especies de cactus como lengua que acaba de imbuirse en un frasco de melaza. Cuando todas esas plantas terminen de secarse en la mesada de mi casa en Buenos Aires, habrá terminado el verano.


21.2.14

Veintidós


Sentir frío adrede. 
Escuchar el arroyo.
No esperar nada.

antes