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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

16.3.14

"¿De qué sirve la otredad o el misterio de la muerte?"

Conocí a Walter Iannelli en Casa de Letras. Lo vi desplegarse en palabras elocuentes, presentando los Cuentos Completos de Alberto Laiseca. Luego, esa misma noche, me encontré con mi amiga Eli y cené con los alumnos del taller de Lai. Por esas épocas iba y venía por los eventos literarios, perdida, buscando un camino, un rumbo, una posibilidad de creer en mí. Recuerdo la sonrisa de Walter, la amabilidad con la que nos contó los pormenores de la presentación del libro, su campera de cuero negra, su libro en manos de mi amiga, que le pedía una dedicatoria. Walter Iannelli era narrador, docente, poeta y periodista cultural. Publicó los libros Alguien está esperando (1996, cuentos), Sanpaku (2002, novela), Zumatra y la mecánica de tu corpiño (2005, poesía) y Metano (2008, cuentos). No te despedimos, Walter. Comenzamos a leerte de verdad.


WALTER IANNELLI
Nene ponéte la camisetita

Si te vas a leer poesía, Nene

ponéte la camisetita.

La poesía es fría Nene.

Ya sé que dicen que calienta el alma

pero qué alma Nene 

en la parada del colectivo

este invierno a las cinco de la mañana.

Ponete la camisetita Nene.

¿Y los guantes?

Cuidáte de los versos que cortan

cuidáte Nene 

de esas palomas

de la luna

del viento

del poniente Nene 

que se desangra sobre las casas 

como una marea escoriata.

Nene: ¿No pensaste en la bufanda?

Ya van a venir a soplarte hielo al cuello

a afilar la palabrita

retorcerla como si fuera tu cogote.

Sabés cómo son esos tipos Nene.

Te dan la mano, te aplauden y después

te mandan de vuelta con el estómago vacío.

Y no me comiste nada antes de irte.

Ahí te dejé el guiso de papas y arvejas.

Si al menos te llevaras el añorak de tu difunto padreo el sobretodo. 

Pero te vas sin darme un beso

Nene.

Cuántas veces te dije que tenés que encaminarte.

Estudiar abogacía, conseguir una novia que al menos

los domingos no esté borracha.

Pero Nene, vos andás con esos que viven del aire

revoleando las letras.

¿Dónde viste el fulgor del cosmos infinito?

¿Desde cuándo el fuego es una llamarada impúber?

Decime Nene, no te vayas todavía.

Te hubieras puesto los zapatos con suela de goma

a ver si tanta imantación, si tanto voltaje te electrocutan.

Pero Nene: ¿No viste que estoy sola?

¿Que mamá te necesita más que todo el diccionario?

¿Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?

Podemos jugar Buraco, terminarnos el strudel

ver sábados continuados al lado de la estufita de cuarzo.

¿Para qué el doble sentido

la metáfora

la sinécdoque

la metonimia, Nene

si me volvés con un resfrío?

Para qué la paradoja, Nene, el verso libre

La aliteración, la elípsis.

¿De qué sirve la otredad

o el misterio de la muerte?

Si es todo tan simple como que te vas desnudo

porque vivís una realidad hecha en pedazos.

¿A eso le llaman poesía?

Vení, Nene

que mamá te hace una sopa con galletitas 

Manón en el té con leche.

No seas tonto

el mundo debería ser chico

el mundo no se conquista agrandándolo de sentido

ni doblándolo, ni pegándolo

ni siquiera tratando de romperlo.

El mundo es, mirá vos Nene lo que te digo

el mundo es como el cajoncito de tu ropero.

Así, cuadrado, en el fondo de una habitación

en tu propia casa, con todo lo que hace falta.

Vení Nene, que ahí está tu camisetita nueva.

Mirá qué linda.

Se la compré a Don Samuel en dos cuotas.

Ponétela Nene.

No quiero que tomes frío.

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