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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

5.11.10

Sobre la propaganda política

Me dicen que el Gobierno no puede usar los Medios del Estado para hacer propaganda. Que se muestra una parte, que se embellece una política, y se esconde otra. Y que eso no es correcto.

Lo pienso en serio, le doy vueltas al asunto y me acuerdo de otras épocas. De mí en los rodajes de los ´90, en el emporio del despilfarro neoconservador, buscando palabras atractivas para vender las promos con regalos que eran clavos de las empresas, clavos con brillantina, disfrazados de regalo con moño para que los consumidores gastaran sus buenos pesos creyéndole al falso 2x1. Me acuerdo de los planes de Speedy, armando el combo para que pareciera ahorro lo que era gasto, aumento de tarifas encubierto. Me vienen imágenes como la cámara lenta sobre la leche que era pintura blanca,  los bebés felices que se filmaban usando los pañales de la competencia, y la grasa de los platos que salía tan rápido porque era apenas polvo de café.

Entonces, para no seguir recordando mentiras, puestas en escena cuyo exponente máximo sigue siendo el tipo que gana minas porque se fuma los restos de la nicotina del primer mundo, o la mina que se vuelve Valeria Masa porque toma agua sin gas, busco mis argumentos de por qué sí me gusta estar acá, contando una política, mostrando una cara no tan bonita. Y es que me cansé de que la tele, o la tanda, sean privativas. Propiedad pura y exclusiva de unos pocos que sí pueden mentir.

Uno sabe que la salsa natural de tomate tiene conservantes, y que los productos light no lo son tanto. Para eso sí "la gente" tiene capacidad crítica. Para lo demás no. Para imaginar que en una cooperativa puede haber madera en el piso, clavos tirados, no. Ahí estamos mintiendo, exagerando, mostrando sólo lo que nos conviene. Es verdad, no mostramos la grasa de una mano, el aserrín por el piso de una maderera o los mocos en la nariz de un bebé. Los mostramos como mejor podemos, igual que las empresas, que imprimen en papel más caro las etiquetas de sus productos para poder acercarles la cámara, o que eligen una por una las galletitas que van en el pack final del comercial.

¿Es mentir mostrar el lado lindo de una política? ¿Está mal que queramos exhibir nuestro mejor perfil? Claro que no. Segurísimo que no. La comunicación es puro punto de vista. Es lo que creemos, en lo que confiamos. Yo no quiero un país con una falsa programación televisiva, con un falso juego democrático. Prefiero toda la vida a 6,7,8 diciendo su verdad, y a TN diciendo la suya, que a los paneles del griterío. Porque a la larga los hechos hablan solos, y porque además prefiero analizar después de ver, yo solita, sintetizando lo que me dicen con mis propias herramientas. Prefiero que dejen de masticarnos la comida, de decirnos que “este es el debate” o que tal o cuál es un programa objetivo. Porque esa es la gran mentira que se esconde atrás de cada mensaje. La falsa objetividad de los que traen a una mesa de debate a varios pensadores, dándole el micrófono al que les conviene ya no engaña a nadie.

Las audiencias no somos tan ingenuas. Y no es una novedad lo que estoy diciendo. Desde los años ´80 se viene escuchando este verso. Tan viejo es que algunos de los que lo esgrimían ya pasaron al otro lado de su propio discurso.

Ahora cada vez más “gente” estudia, se forma, va a la escuela. Los tontos culturales no son tantos, los pibes en las escuelas son más. Quienes quieran poner en duda esto pueden hacerlo, pararse y decir lo contrario. No nos asustamos. La realidad, que sí es objetiva a diferencia del discurso, los números que son cantantes y sonantes, están de nuestro lado. Y sí, empecé hablando de mí, y termino diciendo nosotros. No es un problema de número, es un punto de vista ideológico.

salió el sol

4.11.10

cuando no puedo nada, la poesía, como Casas empinando el libro. Miller, petaca que no embriaga, mal menor que no cura las heridas. yo te copio Fabián, mi religión, si tan solo pudiera no copiarte. pero aprieto a Paul Auster en la mochila, y me trago los mocos por la calle. qué pena ser todo lo contrario, que la risa esté instalada por decreto, verme firme en el espejo, decidida, y saber que no soy la del reflejo. pura representación, constructo, puesta en escena sin libreto, un mar de posibilidades que no son, versos que no riman, que no versos.

1.11.10

despedida

lo ves con los ojos
mirándose adentro
perdido en por qué
tendrá que ser así,
lo ves con el saco
abierto en arrugas
los hombros caídos
roja la nariz,
un hilo invisible
a los ojos della
seca rama queda
dejándolo al salir,
lo ves que envejece
segundo a segundo
que se va tras desa
sin poder partir.

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27.10.10

Igual te quedaste

 
Los héroes no escamotean. No descansan. Néstor Kichner tenía hasta hoy a la mañana 60 años. Es tan difícil decir unas líneas coherentes cuando todavía la conmoción no pasó, cuando seguimos tratando de entender por qué. Y nos cuesta entenderlo porque lo vemos desde el mundo egoísta de cada uno. Porque hay que decirlo sin vueltas. Kirchner supo mirar a nuestro país pensando en hacerlo grande, proponiendo un modelo que trascienda su gobierno, el de su susesora, y hasta su propia vida. Por eso al día siguiente de operarse estaba en un acto y nunca hizo el descanzo suficiente. Porque el objetivo no era cuidarse. Era cuidar a todos los argentinos, pero sobre todo a los que estaban afuera de los planes del modelo anterior.
Puede ser que hablar de héroes en esta época huela a naftalina. Pero díganme entonces cómo se nombra a un tipo que pone en primer lugar su ideal, lo compartamos o no, por sobre su propia salud. Justamente hoy, más que antes, sobrevalorar el bien común es un gesto para aplaudir. Y a los que les parezca grandilocuente los entiendo, no todos nacimos para ver más allá de nuestro propio ombligo.

26.10.10

de, La vida de mi padre, Raymond Carver


"¿Dejaría mi puesto en el salvavidas, es decir, moriría, por alguno de mis amigos? Vacilo, pero otra vez la respuesta nada heroica es no. Ellos tampoco lo harían por mí, y yo no querría que lo hiciesen. Nos entendemos perfectamente es esto, como en muchas otras cosas. En parte somos amigos porque entendemos esto. Nos queremos, pero nos queremos un poco más a nosotros mismos. Volviendo a la foto. Nos estamos sintiendo bien con nosotros mismos y también con otras cosas en nuestras vidas. Nos gusta ser escritores. No hay en el mundo otra cosa que quisiéramos ser, aunque también hemos sido otras cosas en uno u otro momento. De todas maneras, nos agrada enormemente que las cosas hayan resultado de tal manera que podamos estar juntos en Londres. Nos estamos divirtiendo, como lo ven ustedes. Somos amigos. Y se supone que los amigos lo pasan bien cuando se reúnen".

22.10.10

El hilo encerado

Fue así. 
Me descuidé un segundo. 
Dieguito se cayó y se abrió la cabeza. 
Me acuerdo que dije “uy teléfono” y que crucé el patio hasta la cocina. 
Los enanitos tendrían uno y medio, máximo dos, y caminaban como astronautas. 
Greta Silva era la que llamaba. Me saludó y me pidió la tarea.
Habré tardado un minuto en pasarle todo. 
-Buscar los cordones montañosos de Europa y ubicar los picos más altos. 
Cuando iba a cortar sonó otra alarma. 
Un grito que me aflojó los dedos, mandando el teléfono al piso. 
Salí al patio y lo vi. 
                         Granito fuera de foco y en el medio Diego, tirado sobre las baldosas. 
Vero deambulaba sin norte, se agarraba con la mano la cabeza. 
                                                                                            Como si ella se hubiera golpeado.
Era el año 1987. 
Estaba sola y los celulares iban a ser masivos recién para la segunda mitad de los noventa. 
Minimicé el asunto y alcé a mi hermano que no lloraba. 
Vero nos seguía, toda una Magdalena. 
Él se iba quedando dormido, dejaba que le cuelgue la cabeza. 
Le dije que no era nada y lo llevé hasta la canilla del patio. 
Salió un chorro frío y me mojé los dedos. 
Enseguida el agua fue de mi mano a su cabeza. 
Pero atrás del pelo y del barro tibio de la sangre, un hueso blanco, la piel abierta en un tajo. 
Y en seguida un mareo, las rodillas sin fuerza, el lavadero desdibujándose. 
Vero tironeaba mi pollera, me iba diciendo qué hacer. 
Puedo jurar que fue así, que sin hablar me guiaba. 
De nuevo el tubo en la oreja y a discar los números que sabía de memoria. 
No me atendió la vecina de Acevedo, ni mi papá en la oficina, vaya a saber por qué. 
No estaba el tío Gustavo, 
y Diego seguía sangrando. 
Manoteé otra toalla y la puse en la herida. 
Las agujas del reloj de la cocina se frenaron a esa hora. 
Lo vi después. 
Las tres de la tarde quedaron hasta las seis, 
cuando volví del hospital.
Me saqué a Diego del hombro y lo puse boca arriba. 
Busqué la puerta de calle con los ojos, di dos pasos y volví. 
Senté a Vero al lado suyo y le improvisé una almohada. 
No había tiempo de dudar. 
Entré en el pasillo medio oscuro, camino a la vereda. 
A veces sueño que ese corredor es tan largo como el que llevaba a Juana de Arco hasta en infierno. 
Lo vi en una película y me sigue apareciendo. 
Estoy con un hombre, la cara de otro, y de pronto me quedo sola en el momento justo. 
El pasillo es estrecho y oscuro. 
Está lleno de hilos de baba negra que lo vuelven resbaladizo. 
Yo me caigo y me levanto, y me enredo con la pollera que tengo enroscada en la cintura. 
Pero salgo y la luz me pega en los ojos, y no hay nadie a las tres de la tarde en la Tablada.
Corro para el lado de San Martín y me acuerdo de la puerta, y de ellos dos adentro. 
Vuelvo para cerrarla pero no. 
Un auto conocido dobla la esquina y entra por Las Heras. 
Salto a la calle y abro los brazos. 
Un poco pidiendo ayuda, un poco que me pasen por arriba. 
El tipo frena y saca la cabeza. 
Es Pepe, un anarquista que vive en frente de mi casa. 
Serigrafista. 
Le hago una seña con la mano para que espere. 
Sin explicarle entro a mi casa. 
Lo que viene es yo cargando a Diego y Vero siguiéndonos, unos pasos rezagada. 
Pepe que se baja, abre la puerta, y acomoda a Vero en el asiento de atrás. 
Le dice que no llore. 
Es un señor grande, él, canoso, la voz siempre afónica. 
Toda su ropa huele a tonner. 
Yo subo adelante, la remera empapada y la sangre que sigue. 
Entiendo que es grave lo que pasa cuando miro los ojos de mi vecino, que no dice nada y acelera.
En menos de veinte minutos estoy en la guardia del Hospital Santojiani. 
Pepe con Vero en el auto, estacionando. 
Yo con mi hermano a upa, sola.
-“Que pase la mamá con el nene lastimado”.
Entro y conmigo una mesita con ruedas, yodo en una botella, olor a hospital como una ráfaga. 
Detrás, calzándose los guantes, viene el médico de turno. 
-“¿Se siente bien mami?”.
Un sí mudo sale como grito. 
Le contesto con los ojos, ahorrando la energía que me queda. 
El médico empapa una gasa con el líquido marrón y la enfermera asegura las dos piernas de mi hermano. 
Yo sostengo su cara, la herida mirando para arriba. 
Junto las muelas y aprieto con fuerza. 
-“Sería mejor que la mamá espere afuera”, larga el médico, la mirada en mi cara empalideciendo. 
-“Estoy perfectamente bien doctor”, le contesto a punto del desmayo, y elijo adrede esa palabra. 
"De acá no me mueve nadie", me acuerdo que pensé, y me gustó que se confundan. 
La aguja entró por un extremo del cuero cabelludo, de afuera hacia adentro y después al revés. 
Lo más parecido a coser una cartera.
El médico tomó las puntas del hilo encerado y tiró con las dos manos. 
La sangre que sobraba rebalsó, y el primer nudo juntó lo que se había roto. 
Así hasta cinco nuditos, uno al lado del otro, todos en primerísimo primer plano. 
Apto para mayores de trece. 
Radiografía, vendas, dieta en un papel y que no duerma. 
Me dieron todo eso, y a mi hermano remendado. 
Cuando volvíamos me asaltó el terror a la penitencia. 
Hice una lista de las posibles, pero me equivoqué. 
Donde esperaba un mes sin salidas, había una especie de entrega de medallas a los héroes de Vietnam. 
Mi mamá me abrazaba, contaba la hazaña y no dejaba de felicitarme. 
Cayeron algunos vecinos y el resto de mis hermanos. 
Yo sentía las miradas.
Esa fue la primera vez que pensé que una hora no dura sesenta minutos, que depende. 
Y desde ese día me la pasé proyectando sistemas individuales de medición del tiempo.

21.10.10

ayer caminé desde la Plaza de Mayo hasta Callao, con las paradas lindas de las librerías. tanto libro te vuelve chiquitita.

19.10.10

¿por qué las letras? porque nunca me llevé bien con los números.
empezando por el 90.60.90.

17.10.10

la imagen del día

 
que chico es todo
un limón en el árbol
donde trepaba.



16.10.10

15.10.10

cosas que se me tienen que grabar

no casi
no tal vez
no adjetivos
no entonces
no yo misma.

no no
y no a la doble negación
y los puntos suspensivos
y los juegos de palabra.

ojo con los sueños.
ir reprimiendo la poesía.

la imagen del día

un pino casi tan alto como yo, que crecía en una cornisa, sobre la puerta de una casa.

12.10.10

una verdad irrefutable a las 17.35

como son las cosas
qué raro se ordenan
tienen que ver con nosotros
pero ni nos enteramos qué
son lo que elegimos una vez
pero sólo las menos dellas
hice un viaje hace poco
desos que no se olvidan
y la pasé tan bien que a la vuelta
no sabía como ordenarlo
decidí un par de cosas enseguida,
desas que te deciden antes,
no sé cuando ni como pero habían,
empezado sin mí hace tiempo.
y por si una duda me quedaba,
a dos día aparece la que fuera,
moneda de diez céntimos perdida
en el hueco de una alcantarilla,
la amiga costilla a la derecha
la que sabe lo que voy a estar pensando
igual que siempre, pero más,
rompiendo todo desde el orden
aparece regalo inesperado
semáforo verde en la avenida
tan cerca el pasado en esos ojos
espejos que no pueden ocultarnos
como un regazo, una verdad
irrefutable,
inmutable,
inconfundible.

la reencarnación

me corto el pelo
que vuelve incesante
poro por poro, ocupado.

no queda ni un lugar
nunca un solo espacio
debajo de la axila, asfixiada.

y no me deja en paz
nunca estoy tranquila
cuando menos lo espero, aparece.

uno solo alcanza
para arruinarme el día
pelo matón encarnado, morite.

sos tan hijo de puta
que venís a reencarnarte
como si creyeras en eso, maldito.

y sé que vas a seguir
insistiendo sin cansarte
creciendo aun después, de muerta.

10.10.10

arcilla con mocos

se le caen las velitas
y no deja la arcilla,
el brazo por la nariz,
camino del moco.

y tira de ellos para arriba
no pasa nada mi amor
el agua rueda al piso
y nos enchastra.

 hay que verlo
espectáculo que se extingue
posesionándose como profesional
con el cuchillo hace un “aujero”.

y el cúmulo de arcilla sin prometer
hueco al fondo del volcán, hace sentido
lo llena del agua que quedó
y se salpica la cara con gotitas.

Camelo va a sonar siempre
a mañana de domingo con Octavio
los dedos de plastilina y verlo
pensar qué pena el tiempo.



1.10.10

adivinarme entre letras de otro,
buscarme más o menos parecida.
como un olor añejo que una vez pensé.
torcer lo que dice, completarlo corrido,
tratar de que parezca lo que yo.
así voy pisando más fuerte,
hasta que un día me rasgue la remera
y ya no tenga que parecerme a nada
que se haya dicho o se esté.

30.9.10

jugando sin jugar

careta, máscara, antifaz
detrás de la pared no hay mayonesa

la gaseosa no refresca la
vestimos casi nada sobre el cuerpo.

nosotros de este lado nos lamemos
le decimos no a los capellanes
nos reímos de los falsos malhumores
de los éxitos con lata y envoltorio.

nosotros somos muchos, escondidos,
sin miedo a que descubran nuestras plantas
largamos el aire en otras caras
tenemos otro ritmo en las pisadas.


miramos sin mover el cristalino
no nos asomamos desde atrás
vamos en bondi hacia los trenes,
jugamos la escondida sin jugar.

es que somos sobre todo desajuste
desafuero, defasaje, desandar,

escribimos respirando buenos aires
siendo al otro lado la ciudad
.

antes