"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír".Maurice Blanchot
voy al aire
trago espinas
despierta estoy me desvelé
pasó tan pronto todo,
la cornisa,
los párpados de guayaba en el mantel
anchos como su cordillera crecen
henchidos, como su Palmira del
pesados de tanto perderse en estas tardes
ojos que atraviesan la pared.
voy en el aire
agonizo en mis espinas
la nube sola
el sol que empuja con el pie
los ánimos con sol van para arriba
aún cuando nada queda de él.
y debajo el colchón del amazonas
espejitos de otras aguas sin correr
y de pronto todo es nube y todo es foto,
los tinglados bogotanos,
la pared,
las turbinas que ensordecen la mirada
tiñen todo de esta ausencia de que esté
se desgarran las ruedas en la pista
caucho en el asfalto arándose.
y atrás
marrón y verdes los sembrados
de la tierra, los hermanos del café
atrás el trópico, y la noche en San Antonio
las luces de los flashes y el frapeé
atrás la rumba, el aguardiente
el mango en sal
y yo tragándole con sed
nosotros en la chiva deste valle
del Cauca río vivo sin Gardel
nosotros con los otros y la salsa
mis ojos sin sus cuencas y con él.
entonces las horas descomunales invertidas en frenar la máquina, cerrar los grifos, enrollar mangueras y evaporar vapores se evaporan, todas, las fuerzas caen, el esfuerzo es vano, las manos solas se desprenden del cuerpo, un fogonazo y se agitan moléculas más moléculas, con pancartas y salen, juntas, al barro a dar la pelea, rebeldes, retobadas, las manos abren los grifos y destraban las manivelas, calientan los motores de la máquina que solo silba, loca, por las calles, silba frente a la pantalla, sola está, busca, máquina desquiciada, sin saber más que silbar, calentar motores, echar humo negro, muerte, y rechinares, hasta que otra vez algo la apague.
porque entre mirtha y susana
no se puede discernir
cual de las dos más fachas
y no porque sean bellas
más fachista la más vieja
cuanta picha habrá tragado
que en el placard guardado
tenía un sobrino preso
que se olvidó por eso
de avisar que lo sacaran
por pensar estupideses
para el próximo programa.
llegó como 20 años tarde
medio que ya no daba
era como que algo
quien sabe qué no iría a cerrar,
no debiera.
sin embargo la fuerza del ocaso
la certeza del por qué no
las llagas
de otras ampollas la sangre
de heridas viejas se abrieron
gritando dale que va,
dale que va, querida.
y nada fue más cierto entonces
como manzana cayendo
las fuerzas
yo naciendo de mí otra vez
de entre mis propias piernas pariendo
adentro mio yo
y afuera de nuevo para
arrancarme de lo que era cuando no era
yo
todavía.