Soy el motor de esta casa. La llave que no enciendo permanece apagada. Los hilos que no muevo quedan quietos, los regalos que no compro dejan de existir. Soy un motor fallido, los reyes magos que no vendrán, el vómito permanente de pensamientos infructuosos, una madre intermitente, la no-mujer, en general, trabajadora a destajo, docente del error. Soy la escritora ensangrentada que quiere arrasar con la fatídica tradición, la bastante tibia, la eterna ingenua, la que gusta de la víctima, una chica lenta, lúcida de vez en cuando, rápida para responder e igual de rápida para el compromiso sinsentido. Soy la armadora de grupos, la ilusa, la afectada, la mala cocinera apasionada en las discusiones, peleadora, terca, calentona. Soy la ansiedad de no se sabe muy bien qué, la fácil de convencer, la asmática que se curó corriendo maratones, la nadadora neutral, la aventurera de otro cuerpo. Soy un llanto contenido, un ser competitivo, un alma inquieta, curiosa, insatisfecha, la vencedora de tres batallas, perdedora de otras quinientas. Soy la que a los treinta aprendió a manejar contra todos los pronósticos, sola, sin auto ni autorizaciones. La que no termina de arrancarse. La que se adapta sin problemas. La que dice: "sí", sufre el "no", ama los helados y los asados. La bebedora del abuelo José Luis. La trompita de la abuela Josefina. La que pone el despertador por las noches y acciona la palanca en las mañanas. La que se enoja y se propone los atajos. La que no da tregua a la nostalgia. La que reordena la biblioteca los domingos, cambia los libros de lugar, lee hasta donde quiere lo que quiere. Soy la que escribe menos de lo que pretende escribir. La que corrige en demasía. La neurótica obsesiva que teme todavía al "qué dirán". Soy una taza de azúcar y sal en iguales proporciones, una extensa gama de grises, un elástico paciente de metas infranqueables. Soy bastante estúpida, bastante inteligente. La que odia el veganismo, el feminismo, el machismo, el catolicismo, el judaísmo y cada uno de todos los "ismos" que vayan a aparecer. Soy la que lee, la que "va a", la que propone, la que imagina desde que tiene uso de razón, la que cree en el empeño pese a probar que no sirve para nada. La que puso la lengua en el más allá. La que ama a Platón, platónicamente, a Marte, a Venus, a Júpiter, siempre, y en menor medida que al sol. La que escribe mientras tiene un deja bu. La borgeana. La profunda que quiere levitar. La infatigable. La intangible. La que se arrastra para ser de cuerpo. La que come para no volar. Soy la que soy, la única y todas las que puedo ser, la estela de una tragedia, la hija de la que no se deja, la nena del que mira la tele ensimismado. La madre del amor. El cuerpo de un espíritu indomable que no cabe en esta carne y se desborda, sobra, no se deja contener. Soy la que espera y equivocadamente cree en historias de otro siglo.
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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot
5.1.14
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