"se me hace difícil separar
lo que se aprende de lo que se enseña,
lo que se escribe de lo que se lee".
Harold Bloom
Preludio a La anatomía de las influencias.
La influencia podría ser pensada como una relación edípica, de filiación, como ese amor tabú que prohibe la ley que funda toda sociedad: el incesto. Harold Bloom asegura que incurrir en ese enunciado sería caer en un grave error. El poeta, el autor nuevo, no se ve unido a sus predecesores por un lazo paternalista sino que entabla otro tipo de relación.
"La angustia de la influencia —dice Bloom— no es una angustia relacionada con el padre, sino un proceso fastidioso de sufrir y difícil de comprender". Los poetas crean su propios predecesores. Unos tipos grandes, quienes desearían que fueran sus influencias, y en ese mismo acto de elegir a unos, borran a otros, más cercanos, tal vez, por qué no, más influyentes.
Los poetas fuertes leen su propia poesía. No son sensatos, porque ello equivaldría a ubicarse en un lugar de debilidad. Tampoco se comparan con otros de su época. Hacerlo sería aceptar que no son los elegidos.
Las influencias no serían aquellas que elegimos al dictaminar: "esto me ha influenciado". Los poetas, yo agrego los dramaturgos, los narradores, los escritores en general, estamos sometidos a influencias no poéticas, no literarias, como la tele, el cine, la web, la radio, las redes, los amigos, los cómics, la música, la realidad.
La mente insiste, desesperadamente, en la prioridad de crear, y el poeta nuevo busca, con ímpetu renovado, el sitio donde se supone está parado. Esa es la más trasnochada de las búsquedas. "La más trasnochada y de peor sino", dice Bloom.
La relación de influencias que se entabla entre los "poetas", es finalmente una relación de fuerzas, relación que se despliega sobre las arenas establecidas de la tradición. Esta última, la tradición, no es apenas un amable proceso de transmisión, como parecería, sino una pesada carga histórica que hay que conocer y arrastrar.
En ese marco se entabla la pelea.
En este rincón: "el genio anterior", y en este otro rincón "el nuevo aspirante".
En este rincón: "el genio anterior", y en este otro rincón "el nuevo aspirante".
El resultado de ese enfrentamiento es la supervivencia literaria. Así lo dice Bloom, o todavía peor, porque utiliza la palabra premio: "El premio es la inclusión en el canon."
Bloom es el gran crítico norteamericano. Su obra establece las bases de la Crítica Literaria, que está sumamente ligada a sus lecturas. La ansiedad de las influencias, y El canon occidental culminan en La anatomía de las influencias, libro que acabo de adquirir, esta mañana, y en el que ya me tiré de cabeza.
Sus textos son meditaciones apasionadas sobre una vida —su propia vida— vivida por y para las grandes obras del canon occidental. "Yo escribo para curarme de la sensación de haberme visto demasiado influido desde la infancia por los grandes autores occidentales".
Sus textos son meditaciones apasionadas sobre una vida —su propia vida— vivida por y para las grandes obras del canon occidental. "Yo escribo para curarme de la sensación de haberme visto demasiado influido desde la infancia por los grandes autores occidentales".
En el capítulo sobre el "amor literario" Bloom enlista a los autores que amó. Sólo reescribo algunos, a saber: Crane, Blake, Shelley, Stevens, Whitman, Milton, y por encima de todos —siempre lo resalta— Shakespeare.
"Si los hombres y mujeres inicialmente se hicieron poetas mediante un segundo nacimiento, mi propia sensación de haber nacido dos veces me convirtió en un crítico incipiente", dice Harold Bloom.
"Si los hombres y mujeres inicialmente se hicieron poetas mediante un segundo nacimiento, mi propia sensación de haber nacido dos veces me convirtió en un crítico incipiente", dice Harold Bloom.
Esa frase, "nacer dos veces", me empujó al abismo de esta lectura desesperada. Hace unos días, el 18 de marzo de este año, unas entradas más abajo en este mismo blog, yo escribía sobre esa doble fecha de nacimiento. No conocía algún texto de Bloom; o apenas había leído un prólogo. Camuflé la frase "nací dos veces", buscando ser críptica, hablando de mi abuela. La metí a Josefina García de Martín, dibujando ribetes sobre la idea que estaba tratando de contar; sobre esa nueva vida que estaba tratando de entender. Nacer dos veces, a los 37, durante el mismo mes de marzo.
Hoy encuentro este libro, leo esta frase, pienso que escribo poemas premonitorios. Que mi escritura hace sentido a posteriori, de extrañas maneras paranormales. Que ese sintagma "nacer dos veces" quiere decir alguna cosa, completamente valedera y real, que se encofraba para mí, en el pasado.
"Comprá este libro", quiere decir aquella frase que escribiste —pensé— y lo compré, y ya he comenzado a leerlo.
"Comprá este libro", quiere decir aquella frase que escribiste —pensé— y lo compré, y ya he comenzado a leerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario