No lo culpes por no
lograr lo que no intentó.
Dale suficiente espacio a las citas
–al menos un pasaje extenso de la prosa del libro- los lectores necesitan
formar su propia impresión y su propio gusto.
Agregá descripciones a las citas del
libro; poner sólo una frase larga es un procedimiento difuso.
Hacé un resumen sencillo de la trama.
No adelantes el final.
Si considerás que el libro es deficiente, citá
ejemplos exitosos de la obra del autor o de otro lado. Tratá de entender la
falla. ¿Seguro que es él y no vos?
Conservá la pureza de la reacción que se da entre el producto y el interpretador.
No reseñes un libro que te disgusta
porque te sentís obligado por amistad.
No digas que te gustó si no es así.
No vigiles ninguna tradición, ni te
vuelvas defensor de estandartes de ningún partido.
Nunca trates de poner al autor “en su
lugar”, haciendo de él carne de cañón para otros reseñistas.
No reseñes la reputación, sino el
libro.
La comunión entre el que reseña y su público está basada en la
suposición de que hallará cierta posibilidad de disfrute en la lectura. Todas tus
consideraciones deberían inclinarse hacia ese fin.
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