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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

26.11.15

La ventana de los fuegos artificiales

la política, el arte
de lo posible
dos chicas que se besan en el subte
la política, el arte
de los relatos
el portazo de una madera contra un marco
convencerse a uno mismo
que esos fuegos artificiales no son balas
y todo lo que quiero está lejos a estas horas
todo lo que quiero todo
quiero todo
está lejos
del arte de lo posible
está lejos de la costa lo que parecía
llegar a buen puerto, está lejos
el puerto, la costa, la tierra firme
estás lejos vos
dormir con alguien que se despierte
si necesito algo, dormir
sin despertarme tantas veces
por miedo a que la política no sea un arte
no sea posible.

19.11.15

Dantesco

De violeta. Escapándole a las normas. Con la camisa floreada y la corbata blanca. Abrazándome con fuerza cada vez que me veías. Mirando a los ojos a todo el mundo. Lanzándote de bomba a la pileta para salpicarnos. Gritando como los Picapiedras. Disfrutando del buen vino y atándote la corbata a la cabeza. Diciendo que tus sobrinas eran las mujeres más lindas de la tierra. Y antes, secando los platos para salvarnos de las tareas y los deberes impuestos. Siempre leyendo el diario entrelíneas. Siempre hablando de anarquismo, escuchando a todos, evitando la discordia. DANTE. Dantesco. Inmenso para siempre en mi memoria. Te voy a extrañar con toda mi alma viejo hermoso.

https://www.youtube.com/watch?v=WQot2LmXaRs&feature=share

escribime mails
con subject o sin motivo
todos los días.

el ritmo y la continuidad

una máquina
un poema que empieza con esa línea
la pieza mínima que no puede faltar
la totalidad de la máquina de leer, funcionando a vapor.

una máquina de leer lo que leés
lo que me llega sin querer por otras vías
a veces con bajadas de línea
interpretaciones posibles.

una máquina de extrañar
detalles que otra olvidaría
de meter la cabeza en los imaginarios
que me conducen a Roma como todos los caminos.

una máquina consciente e inconsciente
que sueña duro con vos
despierta y dormida
adrede y sin querer.

una máquina que se rebela contra el sentido
que al contrario de leer la muerte como amenaza
se aferra a la vida buscando amar
por todos los intersticios que encuentra.

una máquina, mecanismo
una rutina de alejarse y volver
un ruido repetitivo y circular
un funcionamiento.



13.11.15

Gladys Marín






















Me gusta cuando habla de la "reproducción de castas sociales en la educación superior". Y cuando insiste en que "no basta con decir que la educación tiene que ser un derecho, gratuito y de calidad, como consigna, sino que tenemos que repensar el sentido de nuestra educación desde la lógica de un proyecto de emancipación, una educación que te de las herramientas para transformar tu realidad, y no simplemente para salir al mercado endeudado [...] sino con herramientas para generar pensamiento crítico".
Por último me me emociona cuando llama a los partidos políticos y agrupaciones a tener "ambición de poder", y se aclara la garganta por lo bajo, como juntando fuerza.

Camila Vallejo, la próxima presidenta de Chile.

9.11.15

Mundos fantásticos

te voy a mandar
mensajes encriptados en las reseñas
seguro que no vas a encontrarlos, pero van a estar
como la vez de hace mucho que compré
aquel libro de Meschonnic
y te mandé mensajes telepáticos
por las ondas hertzianas
te voy a cuidar en las conversaciones
me voy a ir a vivir a la fantasía
voy a leer tus libros cuando te extrañe
y gastaré mi vida en inventar
                                 lenguajes intangibles
un código morse de megustas
o tal vez podrían ser corazoncitos.



La invención del ex, de Macarena Trigo

Dar sepultura definitiva a los restos de la relación, dejar de exhumar el cadáver en busca de pruebas y culpables. Digerir la soledad sin discurso, asumirla como un modo de vida posible, no como una consecuencia indeseada o un accidente. Y por último, revocar las apariencias de esa soledad de cara a la galería. Volver a aparecer en público con alguien, con cualquiera, para demostrar que se seguía vivo y se volvía a confiar en la humanidad y en el orden de los acontecimientos.

Demasiadas tareas arduas.

¿Por qué enfrentarse de nuevo a otro comienzo cuando se conocía de antemano el fatídico e inevitable final? ¿Para que desgastarse en un nuevo enamoramiento que se diluiría a los pocos meses apenas las hormonas se aclimatarán a los nuevos olores del proceso químico? A esas alturas sabían que nada compensaba el descuartizamiento emocional y psíquico de una ruptura. También sabían que el enamoramiento podía obviarse o no ser parte fundante en una relación pero la separación, el abandono, el cierre, era insalvable. Incluso aquellas que nunca evolucionaban más allá del estado larvario de lo virtual tarde o temprano terminaban con la paciencia de todos y había que armarse de valor para vaciar los chats y bloquear contactos tan impertinentes como estériles.

La solución, el camino más corto a tan largo trayecto, llegó sola. Había alcanzado con un solo casting y varios cientos de voluntarios para ejercer el rol de nuevo ex en sus vidas. Las pautas eran claras. Se trabajaba desde la primera cita en el desencuentro, se le proporcionaban al otro argumentos de peso para la separación, insultos verdaderamente ofensivos y bien asentados, criterios de autoridad sobre el modo en el que nos manejamos en la vida. También se elaboraban listas de acciones molestas que cada quien puntuaba según sus valores: falta o exceso de puntualidad, higiene, concentración, solvencia económica, independencia emocional, deseo sexual, aspiraciones, realismo, ideales, proyectos... y así. Por supuesto, se proporcionaban también antecedentes familiares y de salud, cosa de saber con quién se estaba discutiendo y tener puntería a la hora de insultarle a los padres, por ejemplo. Para sorpresa de todos los involucrados el sexo de separación había funcionado tanto como el sexo en pareja, llegando incluso a ser necesario fingir la ausencia de orgasmos o coordinar tríos e infidelidades que enturbiaran ese área. Al parecer, según los expertos, la verbalización frontal de los conflictos desde el primer día favorecía unas prácticas sexuales despreocupadas y un tanto feroces que distaban mucho de la abúlica y consensuada rutina sexual tradicional.

Las empresas de búsqueda del ex ideal se convirtieron en un éxito de la noche a la mañana.




***

7.11.15

Máximas de mi cajeta

Identificar el deseo, despojarlo de las ganas, las pulsiones, los impulsos.
No perderse en cualquiera.
Insistir lo justo y necesario.
Dejarse sorprender por lo que viene de afuera y no depende de uno.
Creer con toda la razón y la inconsciencia en "el instante ya", de Lispector.
No esperar nada.
No pretender el ideal.
Planificar sólo lo imprescindible, que siempre tiene que ver con el amor.
Correr o andar en bicicleta seis veces a la semana.
Clavarse un asado de vez en cuando.
No sentarse a la mesa de cualquiera por buscar afecto.
Rodearse de los que lo hacen mejor que uno.
Considerarse lego y seguir estudiando.
Leer y escribir todos los días.

4.11.15

10 documentales

10 documentales para ver antes de votar a Scioli el 22 de noviembre.

El momento en que todo cambió

Douglas Kennedy

—Por primera vez en mi vida, sabía lo que era la certeza. Podemos pasarnos la vida entera buscando a la persona para la que estamos predestinados. La mayor parte del tiempo aceptamos soluciones a medias, algunas aceptables, otras catastróficas y otras condenadas a naufragar en la callada desesperación y la tristeza de unos horizontes limitados. Pero cuando nos encontramos cara a cara con la persona que nos ofrece la posibilidad de trascender (si es que la encontramos), entonces tenemos que cambiarlo todo, si es necesario, para que todo salga bien. Porque ése es nuestro instante, nuestra hora, y es posible que esa hora sólo nos llegue una o dos veces durante ese lapso de tiempo al que llamamos nuestra vida.

—Nosotros, como las ciudades, podemos cambiar todo lo exterior. Pero lo que no podemos hacer jamás es cambiar la historia que nos ha hecho ser lo que somos, una historia totalmente dictada por la acumulación de las múltiples complejidades de la vida, su capacidad para el asombro y el horror, para el optimismo y la desesperanza, para la luz resplandeciente y la más profunda oscuridad. Somos lo que nos ha pasado. Y llevamos a todas partes lo que nos ha hecho: todo lo que no tuvimos, todo lo que siempre quisimos pero nunca conseguimos, todo lo que conseguimos pero nunca deseamos, todo lo que encontramos y después perdimos...

1.11.15

Descarte

Hagamos de cuenta que esto no es un diario sino una historia de ciencia ficción. Armemos juntos otro escenario, más adelante, pongan ustedes la fecha que quieran. Año 8.040 de la era cristiana, por ejemplo. Observen conmigo la facilidad con la que podemos entrar en conversación los seres humanos del futuro. ¿Se dan cuenta? No hay transportes, no hay petróleo, no hay motores. Navegamos a vela otra vez y podemos circular por el mundo sin movilizar nuestros cuerpos. En 8.040 él existe y yo lo llamo aunque me niegue a hacerlo. El pensamiento apoyado sobre otro ser durante más de cinco minutos activa el diálogo inmediatamente.

—Qué.

—Uy. Perdón. Se marcó solo.

—Dale, ¿qué pasa?

—Nada. De verdad. Fue mi inconsciente.

No es fácil vivir en 8.040. Todo aparece como cercano y transparente. Los movimientos corporales son mínimos. Estamos sentados o parados en nuestros mundos mínimos, entre paredes de cemento, en casas individuales o edificios, y a la vez estamos con todos y nunca solos. No hay frontera entre lo público y lo privado. Todo es lo mismo en 8.040.

—¿Me vas a decir, o no?

—No.

—Entonces me voy.

—No. Pará. Te iba a preguntar si tenés ese libro que me decías el otro día.

En 8.040 estás obligado a mentir. La realidad es ficción y la ficción es lo real. La comunicación total hace insoportable la vida cotidiana. Compartimos cada micro movimiento que hacemos, cada pensamiento, cada deseo, incluso todo aquello que reprimimos. Pensar en otro lo hace presente a pesar nuestro. ¿Pero y si el otro no está dispuesto a hablar? Vivimos exponiendo cada fragmentos de nuestro deseo.

A la mañana vengo más temprano al microcentro, subo a esta oficina y marco su número desde el teléfono de línea. Él me atendería y yo no sabría qué decir. Tal vez volvería a mentirle. Probablemente le hablaría sobre un libro. Tal vez hasta creería que todo lo que me pasa lo está causando él, y olvidaría que en verdad en él se ensamblan todos los él que conocí; olvidaría que para poder decir, antes, hay que encontrar el hueco que da lugar a las palabras. Como la música del relato hay un ritmo que preexiste a las frases y escribir es, apenas, descubrir qué cantidad de sílabas componen ese orden. Escribir es saber cortar, pienso ahora. Eliminar lo que sobra. Esperar la palabra justa y el error que desarmonice la composición.

Uno puede hablar solo en el desierto, escribir monólogos, encerrarse entre las tapas de un diario íntimo. El árbol puede caer en el bosque sin que nadie presencie su declive, sin que se escuche el ruido que hace al desplomarse. Pero esas palabras no escuchadas tampoco pueden terminar de ser. Nunca terminan de decirse. Uno, en cambio, también puede callar.

Esperar.

Escribir es dispararle a lo que no puede ser hablado.

Más tarde leo lo que dejé escrito ayer, el párrafo anterior, e imagino a Tamara golpeando la mesa. ¿Tengo que borrar una vez más? Me gusta la idea del futuro, dejarme ir con la imaginación. Puedo pensar a Tamara ofuscándose aunque nunca la haya visto en ese estado. Seguramente su voz se engrose y su cara se transforme. Imagino su pelo más ondulado y una marca roja en su párpado derecho; las flores explotando en el balcón. Ya casi estamos en diciembre. Puedo ver las flores mientras tipeo. Las de ahora y las más pequeñas, apenas asomando en la ventisca de septiembre. Puedo ver su mano cayendo una vez más sobre la mesa, como tantas otras veces. Oír el eco del golpe. Perdí la trama —pienso. Esa mínima estampida en la mesa preanuncia que debo ir hacia atrás y retomar el dibujo del friso que se desarma en mis distracciones. Puedo ver un agujero en medio del tejido, quedó la marca del error abierta a nuestros ojos. ¿Podré arreglar ese detalle? ¿Podré coser a mano el agujero que aparece entre las hebras? Siempre quedará, de todas formas, algo del error expuesto en la superficie. Eso también es belleza.

31.10.15

Levrero x Sanchiz

Un encuentro de culto en la sede central del CEC.
Con la presencia de Ramiro Sanchiz.
*31/10/15*

Escuchar la clase:

Parte 1. 
Parte 2.









Un prólogo

PRÓLOGO


Leticia Martin

Un libro de entrevistas bien podría ser el ejemplar de una revista de chismes. La afirmación puede sonar despectiva, menor, sin embargo arrastra buena parte de una verdad. Nos interesa el borde de la obra, lo que está por fuera e intuimos, lo que imaginamos, lo que se vela detrás de lo que se narra, el secreto, el detalle, la infidencia.
La entrevista, entonces, se erige como el género por excelencia para hacer de bisagra entre las mentes interpretativas de los lectores y el detrás de escena de los libros. No por casualidad la pregunta obligada, siempre, en toda entrevista, sea la que reclama un relato de las formas de trabajo o del día tipo en la vida de una personalidad.  
Llevamos más de un siglo leyendo conversaciones impresas. “Antes de que se inventara el cine, antes de que existiera la luz eléctrica, ya se hacían entrevistas en los diarios”, señala Rosa Montero. ¿Cómo ser original después de tantos diálogos? ¿Qué preguntar en el siglo XXI? ¿Cómo preguntar? ¿De que forma señalar las diferencias o reconstruir el contexto de la entrevista?
Durante muchos años la formalidad fue la vedette del género y la seriedad el tono que se imprimió tanto a las preguntas como a las respuestas. Sin embargo, una vez entrado el siglo XX —ahora le robo a Silvio Mattoni— “las mejores infidencias de la vida de un escritor pasaban de inmediato a formar parte del contorno de su obra, como un halo que daba cierta profundidad vital y que permitía la identificación de los lectores”.
Nando Varela Pagliaro no desconoce las genealogías del género al consolidar su lugar de entrevistador y presentarnos estas conversaciones que entabló con escritores y periodistas argentinos. Desde su temprana curiosidad y sus descripciones de ambientes y climas, consigue generar unas preguntas renovadas y enfocar los aspectos menos iluminados de la obra de sus dieciséis presas: Pablo Ramos, Mempo Giardinelli, Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Fabián Casas, Hernán Casciari, Reynaldo Sietecase, Guillermo Arriaga, Antonio Dal Masetto, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Marcelo Cohen, Marcelo Birmajer, Eduardo Sacheri, José Pablo Feinmann y Pedro Mairal.
Los entrevistados, por su parte, tienen unas características comunes que el buen entrevistador debe sortear. Ellos se prestan al intercambio, no sin antes constituir un sistema de defensa basado en la repetición de estereotipos. En general, y aún cuando esa no sea la intención, el entrevistado cuenta con una serie de lugares comunes preconcebidos, o unas respuestas armadas de antemano, que lo vuelven impenetrable al diálogo sustancioso. Jorge Rivera en El periodismo cultural señala que los entrevistados actúan dos tipos de papeles o posiciones. Por un lado están los encantadores, positivos, receptivos, y por el otro los que aparecen como eternos huraños, escudándose detrás de la reputación de “difíciles”. Estos últimos se oponen a responder algunas preguntas, reformulan los términos, reemplazan las palabras del entrevistador, se muestran inaccesibles, o esquivan el momento del encuentro. El chiste de la entrevista, entonces, es mucho más profundo que la búsqueda de nuevas respuestas a temas que se repiten desde que el hombre dialoga en público. Lo distintivo de una buena entrevista, permítanme pensar en voz alta, es la puesta en juego de una intención concreta: la necesidad de volver abordable lo inabordable, de despejar el lugar común y la respuesta automática. Como bien señala María Moreno retomando a Graciela Brodsky, “el saber ordenado bajo la forma de la previsión sólo da lugar a la sorpresa cuando falla”. Justamente allí, en el error, en la respuesta inconsciente, fallida, inesperada, en ese punto donde el entrevistado se sorprende a sí mismo diciendo lo que dice, es que la serie de entrevistas presentadas en este volumen, se vuelven atractivas y despiertan la curiosidad de los lectores. Varela Pagliaro no tarda en ubicar el talón de Aquiles de sus entrevistados y hurga, desde su lugar invisible, casi desapareciendo de la escena, en los rincones menos explorados de estas discursividades. Finalmente, a costa de repreguntar, fluye esa materia oculta que captura toda nuestra atención.Por último hay que señalar que estas entrevistas, todas, fueron pensadas alrededor de un tema central y que van cosiéndose entre sí, generando un entramado sólido e integrado. En muchas de ellas se repiten las temáticas con la intención de mostrar distintos puntos de vista y en otras se retoman respuestas de los propios entrevistados para reformular ciertas preguntas y enfocar las diferencias individuales, en torno a las mismas cuestiones.
Parece una tarea sencilla elogiar y recomendar lo que está bien hecho, bien escrito, bien concebido y bien presentado a los lectores. Sin embargo, para ser justos, no lo es tanto. El elogio sin argumentos pasa a convertirse en una gran mentira apenas dejamos pasar unas páginas.

25.10.15

Tohio Saruki

https://www.tumblr.com/tagged/saeki-toshio

18.10.15

Lo único que quiero es dormir
dormir y verte
dormir y verte si es que sueño

antes