me obligo un poco, cada día. me obligo a escribir. a veces mi deseo coincide, a veces no, y ahí es entonces que me obligo, tengo dudas, de que escribir así no corresponda, de sólo correr sin responder, a las preguntas que me esperan. recuerdo la frase de Levrero que leí anoche, cuando intentaba escribir lo que no escribí, el motivo tal vez deste malestar: "escribir no es hacerlo bien, escribir es lidiar con los monstruos de uno". a veces tipeo con el fantasma de la melancolía colgado de la espalda. a veces pienso en otras veces, en cómo lo hice, en qué circunstancias escribí, sobre qué evocaciones, con qué energía. he pensado muchas veces que mi escritura aparece en el dolor, en momentos de reclusión e imposibilidad. voy a romper esos términos, desasociarlos, voy a encontrar mi fuerza en otra parte, de mí, en otro motivo. "mi nafta es que no me importe el reconocimiento", mi nafta es el sabor del juego ecléctico de las palabras que a veces pueden dar sentidos y otras veces no. quiero un piso abierto, algunas baldosas y debajo nada, ni tierra, ni cimientos, ni llegada. un camino sobre el aire y el gozo de caminar sin saber a dónde. sólo tememos cuando queremos seguridades, continuidades, repeticiones. mi nafta también puede ser la apertura total a lo que venga, con sus bifes, sus miserias, las caras de orto de los demás. la aceptación del bache, del dedo faltante de mi hermano, del poder de mi deseo sobre mi pereza.
.
"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot
11.6.13
7.6.13
#loop
la mente es una cuchilla y el filo no falla, está ubicado hacia arriba, siempre listo, mientras escucho mil veces esta canción, leo la letra, pienso en la poesía, qué frases llegan más lejos, qué dicen esas frases, qué verbos, qué adjetivos modifican a cuáles sustantivos, y mis letras, pienso en mis versos inmateriales, una veces, otros tangibles, después, el ritmo agitado de la poesía, que se vuelve oraciones más largas en la prosa, de respiraciones más extensas, duraderas, como el modelo, la política populista, la multitud, ancha y ajena, reunida en la plaza, la historia de imaginar, siempre, el trosko que te agarra de la mano, te dice hagamos la revolución aunque no hay más, nunca hay nada más, debajo de la barba, que deseo sexual enfrascado, vuelto discurso, idealizado, por el cine de sus inicios a esta parte, desde antes de la coca que se tomaron, tus viejos y los míos, antes, de que naciera esta generación, este modelo, el pibe que canta esta canción, las pelotitas cayendo, rebotando por las calles de San Francisco, si al final acá, o allá, en la empresa o el estado, la marca o la propaganda, todo es discurso de los otros y nuestro filo, lo que está en nuestras mentes, la cuchilla, se repite en un loop al infinito, vuelve pese a vos, pensamiento involuntario, es el amor, el deseo contenido, la revolución social de nuestros cuerpos.
#por mis signos me reconoceréis
es viernes. comí un sándwich de piedras mientras esperaba que mi hermano saliera del quirófano. pensé en su dedo y me bajó la presión. lo vi sonreír y pude volver a respirar. recordé la noche que Estela puso la comida del día siguiente en el freezer y dejó la nota para los chicos sobre la mesada, la noche que le dio de comer a la perra, ordenó la casa y se fue a dormir para levantarse al día siguiente, la última mañana, el día que entró al quirófano del que nunca salió. vuelvo en subte al trabajo. voy a canjear mi tiempo por dinero, me pregunto si mi piel será más gruesa alguna vez, con el paso de los años y los machucones, si por fin el ser de los otros podrá transcurrir sin marcar mi cuerpo, poner mi garganta en estado de grito permanente, despegarme las uñas, bajar hasta mi estómago, hacerme vomitar. si fumara prendería un pucho, me armaría un cigarrito de vainilla con una seda, en la plaza, me subiría al tren que está acá arriba, sin mirar a donde me dirijo. puedo ponerme en el lugar de los otros con mucha facilidad, me toca las fibras la existencia de los otros, me asumo un ser social, hipersensible, deforme en esencia y victimizado. una emocionalidad a la que se le hace difícil moverse entre los cuerpos. cierro los pensamientos y vuelvo al trabajo. guiono, imprimo, corrijo. también puedo ser una máquina. mando mails, tomo té, desgrabo una entrevista. la tarde cobra sentido cuando encuentro esta frase: "para Levrero las excentricidades no servían, él se autodefinía incéntrico”. hago clic en el botón izquierdo del mouse sobre la última palabra. largo el click en la opción "agregar el diccionario", como hacía él, recuerdo. finalmente ¿por qué estoy tan apegada a la vida? me tranquiliza la idea del traspaso, de estar en este cuerpo, ahora, y de hacer mi propia transposición a un e-book, después. como en Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, cuando sea una idea, definida y acabada, cuando deje este soporte, pase a otro, me descomponga, voy a mandarles señales claras. muchas serán encuentros casuales en la calle, con los amigos más queridos, contactos intensos e impensados, besos robados en las escaleras del subte.
6.6.13
En el subte A un individuo lee El Discurso Vacio de Mario Levrero y me acuerdo de @leticiamartin . Es una señal.
5.6.13
escribo un guión, pongo a Camelo, disuado los pensamientos, me obligo a concentrarme en la tarea. mi primo escribe sobre la distancia con su madre que se fue, hace tantos años. mi madre está en una cocina, seguramente leyendo, o haciendo la comida. quisiera prestársela, mandarme por el cable y que me cuente un chiste o me haga mate. pero no es lo mismo, ya sé. quisiera librarme de mis pensamientos, sólo escribir este guión que ahora está acá abajo, minimizado en el word. quisiera creer que las distancias no existen, que sólo me está por venir, que me están bailando las hormonas. pero es duro el adoquín allá afuera, entre vereda y vereda, y la cabeza no se parte.
#imposiciones involuntarias
tengo que desgrabar, me llega información para dos nuevos guiones. son cortos pero me obligan a leer un excel y un word, jerarquizar datos, redactar. como si esto fuera poco, tengo que ayudar a los hijos con la tarea, leer dos libros, hacer una reseña, el cuestionario de una entrevista. tengo que poner la mesa, hacer la cena, bajar la ropa de la soga. dejar de hacer no es una posibilidad, me doy cuenta. elijo algunos de esas actividades. sopeso. ser mujer y realizar deseos es jugar un partido de ajedrez, mantener equilibrios, elegir bien varias veces en el día. mientras se hace la cena termino pasándole un trapo con Cif a la pared de mi pieza, justo encima del escritorio. ordeno los libros, hago pilas de acuerdo a urgencias, y después comemos y acuesto a los chicos. lavo los platos, enciendo la compu, reviso los mensajes, cambio un par de reuniones y me acuerdo de la cita que marqué esta tarde. paré de golpe, saqué un lápiz y subrayé. tengo los auriculares puestos para desgrabar pero sólo me alcanza la energía para empezar a tipear estas líneas. la cita que leí esta tarde, cuando bajé del subte y no pude cerrar el libro vuelve sin dar aviso a mi pensamiento. llegué a ese punto del libro en Acuña de Figueroa y Humahuaca. ¿por qué no puedo escribir lo que tenía planeado para esta noche? hace unos días estoy pensando que este diario -que iba a ser de enero, un registro del tiempo detenido de las vacaciones- está cobrando vida propia y un carácter de necesidad. no puedo desoír el deseo de agregar estos pensamientos. de pronto siento que esta es la escritura más genuina de todas las que despliego. sin querer se me impone, como estas citas, estos personajes que vengo recogiendo. Mario Levrero, Simone de Beauvoir. ¿qué hacen juntos, qué tiene que ver? no comparten geografía ni momento histórico, ni prosa, ni trama, no comparten casi nada. de todos modos por algo reaparecen, ahora, comienzan a cruzarse en mi ecosistema de lecturas y escrituras. ¿qué los vuelve apetecibles a mi voraz deseo de significar, prioritarios, ahora, como nunca antes? tal vez el sentido haya que leerlo a la distancia y yo no deba más que avanzar en la escritura. la cita de hoy, en el cruce de esas calles donde me detuve, marqué las páginas, miré el número -al pie- y besé esa hoja, decía exactamente así: "no son pensamientos propiamente dichos sino un conglomerado de imágenes y de palabras que de un modo u otro aluden a Verónica, o a su casa, o a cosas suyas; hay una zona de signos, que puede ser muy vasta, y que sospecho que por algún motivo, tal vez por mi resistencia a prestarle atención consciente al problema de Verónica, se va haciendo más vasta cada vez, como si poco a poco todas y cada una de las cosas de este mundo directa o indirectamente terminaran aludiendo a Verónica; esa zona de signos es lo que está siempre presente en mí, aunque yo crea no estar pensando en Verónica y dedique esforzadamente mi atención a cualquier otro tema. De tanto en tanto la imagen de ella se me impone, y debo suspender lo que esté haciendo, y atender a ese reclamo imperioso".
2.6.13
#enero en junio
leo El alma de Gardel de Mario Levrero. no es una novedad. desde anoche estoy citándolo en este blog, más abajo, en facebook y en twitter, de manera compulsiva. ya lo leí el año pasado, cuando lo compré, así que en vez de leerlo, lo releo. he vuelto a Levrero en este furor porteño de la publicación de sus conversaciones por mail con Pablo Silva Olazábal. antes quiero explicar por qué "he vuelto" y no "volví". sé que es más coloquial, por supuesto, lo sé y borré la conjugación primera para escribir "volví". porque se debe, se usa, se habla así en la calle. releí el incipiente párrafo. recordé la otra tarde, cuando dije "he vuelto" en la oficina y se rieron, "he vuelto, dice, habla español neutral", repuso alguien, y me quedé pensando en la forma suave y delicada del "he vuelto", que se pierde en el uso del "volví", más directo, seco, cortante, como un latigazo sobre el lomo del lenguaje. decido entonces el pretérito perfecto, compuesto, "he vuelto", no por desconocer la forma coloquial, ni por hacerme la culta usando una conjugación extraña. lo elijo porque, sencillamente, suena más suave y femenino. decía, ahora sí, que he vuelto a Levrero, Jorge Mario Varlotta Levrero, el pibe que cuando empieza a publicar elige su segundo nombre, desconocido, y el apellido de su madre. Mario Levrero, para esconderse, publicar sin nombre y desaparecer. el apellido de su madre, el que queda y se fija después de la muerte que lo consagra escritor. hace un año, un viernes, salí del trabajo y caminé la plaza, crucé por el medio, seguí por Avenida de Mayo, doblé en Perú. ¿por qué me acuerdo el camino hasta llegar a la anécdota? parece extraño. no lo es. siempre elijo Avenida de Mayo. es más corto el trayecto por la diagonal, es más directo, tardo menos, pero no es más lindo, como "volví", no es más linda Diagonal Norte que Avenida de Mayo o que Perú, que tiene librerías, bancos en las veredas, el edificio que fue el Diario La Prensa. no se puede comparar. he vuelto a ese momento, Avenida de Mayo, Perú, la librería, el gran mesón de libros raros. olvido cosas mucho más importantes y recuerdo estas. compré Enero, de Sara Gallardo y El alma de Gardel. también un tercer libro que se borró de este recuerdo. ¿quién sabe cuál sería? podría inventar un nombre para el relato, pero he olvidado y he vuelto a este libro que desde anoche releo, a Avenida de Mayo, a la plaza, a Perú, porque son así los recuerdos, dictadores, imágenes fascistas y reiteradas, señales de algo que no hace falta entender.
"Ya casi no se usan, normalmente, los portaligas, y es una pena, porque permitían que quedara al descubierto un buen trozo de pierna, ese trozo de pierna situado entre el final de la media y el comienzo de la bombacha. Ahora se utilizan medias-bombacha que lo cubren todo, y se pierde la visión de ese trozo tan especial de la carne" Jorge Mario Varlotta Levrero, El alma de Gardel
31.5.13
#diario de enero + hojas amarillas en la vereda
una vez por semana me acuesto boca arriba en el diván. ya crucé la línea que divide psicoanálisis y literatura. hace un par de semanas decidí trabajarlas juntas, amalgamar diván y word, diván y poesía, diván y libros y crítica y lenguaje. no fue una cosa así como quien dice "natural". hizo falta ejercer la práctica del decir. pensar algo no alcanza para hacerlo decisión. hay que pelearse con la idea, modificarla, someter el pensamiento reiterado mientras hacés otras cosas, como ir de un lado a otro, cocinar los fines de semana, acodarte en la baranda que da al Patio de las Palmeras, sentarte en la tabla ovalada del inodoro. después del boxeo, de la vuelta atrás o de la reorganización final de unas palabras, tenés que decirlas. alguien tiene que escucharlas, o parecer que las escucha mientras dudás de que se entienda lo que estás diciendo -esa condición es necesaria- decía, mientras dudás de que vos misma estás segura de lo que decís.
E me dijo en el verano que poner en palabras el pensamiento es una práctica sanadora. me lo dijo mientras leía a Saer, ella, y yo leía a Mario Levrero.
me lo dijo días antes, o después, de que La Novela Luminosa cayera al Lago Nahuel Huapi en esa página que no voy a olvidar mientras respire.
algunas coincidencias revelan puntos cúlmines del pensamiento de una época. aquel fue el caso.
algunas coincidencias revelan puntos cúlmines del pensamiento de una época. aquel fue el caso.
los fragmentos de ideas más fuertes se unieron en una especie de "verdad efímera", o no tan, que sigue construyendo pensamiento en mi cabeza, en torno a ella.
desde hace un tiempo hablo en el diván de lo que más tarde voy a escribir, pienso escribir, debato mentalmente, sola, después vuelvo escritura.
sé, ahora, que escribir es detener la palabra hablada, mirarla pasar en cámara lenta, tachar la rebarba del lenguaje. es ir a contrapelo de la inmediatez, tamizar el pensamiento, ajustar el sentido, decidir qué queremos decir en realidad. escribir es también procesar impulsos que surgen en los actos de habla, civilizar la lengua verbal para entrar en contacto con los demás, quiero decir, para civilizarnos a nosotros, al aspecto material de nuestra existencia, que se sabe salvaje, igual, pese al lenguaje.
30.5.13
iba a rezar, hermano
pero sería una traición
mi alma se niega a esos menesteres
fue expulsada.
en lugar de rezar te escribo
como si tuviera esperanza de algo
unos versos de mierda a mi hermano de las herramientas
al que sube al árbol
dice la verdad
se pela el lomo todo el día
le escribo a la moladora como si pudiera incriminarla
sacarte con cada pensamiento una tristeza
te escribo como si fuera posible
como si fuera fácil decir te quiero
como si algo pudiéramos hacer cuando escribimos
como si la existencia no fuera una mierda y alguna cosa
que no vemos
algo de esto fuera bueno para vos
igual.
pero sería una traición
mi alma se niega a esos menesteres
fue expulsada.
en lugar de rezar te escribo
como si tuviera esperanza de algo
unos versos de mierda a mi hermano de las herramientas
al que sube al árbol
dice la verdad
se pela el lomo todo el día
le escribo a la moladora como si pudiera incriminarla
sacarte con cada pensamiento una tristeza
te escribo como si fuera posible
como si fuera fácil decir te quiero
como si algo pudiéramos hacer cuando escribimos
como si la existencia no fuera una mierda y alguna cosa
que no vemos
algo de esto fuera bueno para vos
igual.
#siempre es poco
me duele la muela
llevo tres días con un dolor infame en esta muela
que me sube desde el maxilar hasta la sien
me adormece la boca
crepita sobre mis labios
me quita el ánimo
se lleva mis deseos
más fervientes
me obliga a tomar calmantes
que me dopan
doblegan mi ánimo efervescente
sin aliviar, por fin, esta molestia.
me duele la muela
la ausencia de esa paz
que tengo a veces
esporádicamente
cuando estás
me duele mucho
pienso que nada puede doler más questa muela
sin embargo es un error.
suena el teléfono y mi hermano
como si fuera una parte de mi propio cuerpo que puede hablar
me dice que van a amputarle el dedo.
llevo tres días con un dolor infame en esta muela
que me sube desde el maxilar hasta la sien
me adormece la boca
crepita sobre mis labios
me quita el ánimo
se lleva mis deseos
más fervientes
me obliga a tomar calmantes
que me dopan
doblegan mi ánimo efervescente
sin aliviar, por fin, esta molestia.
me duele la muela
la ausencia de esa paz
que tengo a veces
esporádicamente
cuando estás
me duele mucho
pienso que nada puede doler más questa muela
sin embargo es un error.
suena el teléfono y mi hermano
como si fuera una parte de mi propio cuerpo que puede hablar
me dice que van a amputarle el dedo.
acá le salía tímida la voz
se le estrangulaba el agudo cuando lo miraba.
https://www.youtube.com/watch?v=EYGlcRjOD24
se le estrangulaba el agudo cuando lo miraba.
https://www.youtube.com/watch?v=EYGlcRjOD24
29.5.13
26.5.13
esto no es un poema, quiero decir, en mi cabeza se escribió un poema que no es este párrafo aprosado, ordenado en oraciones corridas que tratan de contar una anécdota más que una sensación. esta es la forma enroscada del poema, que pudo haber sido y no fue, la forma que quedó después del atormentado paso de un momento por mi cuerpo, por mi psiquis argentina, moderna, modelo siglo XXI, mi psiquis adiestrada por internet, por la cadena de afirmaciones y negaciones estéticas que educaron mi subjetividad desde 1975. este no es el poema. el poema estaba afuera, sucedía sin la intervención del lenguaje, de mi particular apropiación de la lengua castellana. sucedía a pesar de mí. no puede estar ni va a estar, nunca, en este texto, en este blog, registro apenas, información, hojas de té filtradas en el colador redondo de alambre, resto diurno de ese instante, ayer, en las inmediaciones del Parque Centenario.
yo había encastrado el auricular en el orificio de mi teléfono celular. la música pasaba por el cable y se descomponía en mis oídos. cada piano, cada violín, cada instrumento de otra época se comprimía con el correr de la historia, entraba en una pista, luego en una enorme red, viajaba por el aire, vía wi fi, llegaba hasta mí gracias a los ciento diecinueve pesos mensuales que le pago a Claro. pero esa es sólo una parte del momento, lo que terminaba de escribir el poema era la imagen, yo atravezando los puestos de antigüedades, ropa usada, tapados, venta de tortas, papel higiénico, corpiños, guantes, bombachas, zapatos, destornilladores usados. es otoño y no hace tanto frío. las cosas pasan muy rápido de moda. están intactas, casi nuevas, pero deslucidas, colgadas en perchas, despidiendo olor a naftalina. los tacos de alguna señora muerta, los libros de alguna biblioteca desguazada, de pronto el piano, solo, dos dedos ejecutando, los demás instrumentos acallados, quién sabe en qué año, una especie de congoja, palabra triste, no hay otra, y enseguida después, para compensar, un ejército de pensamientos restitutivos. "mirá para allá, nena". enfrente el café, la vidriera, un plasma colgando en la pared, la gente alegre en las bicicletas. más adelante un montón de hojas amarillas, el viento arrastrándolas por las veredas.
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