acá en mi Bar de Almagro,
donde me escapé a escribir,
quedo apresada de casualidad
en el medio de una orquesta de violines y de chelos,
guardados todos en sus fundas,
esperando.
los chicos mueven las mesas,
esquivándome,
pero termino al lado de ellos, poco más y arriba de la mesa.
son todos varones menos una lady.
entrevistan a un maestro que explica sobre su arte de la composición musical.
saca partituras.
tararea los arreglos que inventó.
es como estar en un gran momento,
viéndolos cranear la próxima pregunta,
esperando la solución secreta que va a decirles el que sabe.
nombran a Pugliese,
a Salgán,
y al segundo bandoneón.
"yo escribo así, a dos sextas", dice el invitado.
miro a
Víctor Lavallen,
así lo llaman,
por el apellido.
no sabía quién era,
lo googleo.
en verdad parece un pibe más.
lo escucho en You Tube y me viene una emoción a la garganta.
con el rato que va pasando
al pelo de Víctor se le van las canas,
a la cara las arrugas.
a las tazas de los chicos, el café.
se ve que lo quieren los pendejos.
que podrían venerarlo hasta las tres de la mañana.
lindo espectáculo mirarlos.
lindo llegar a grande así, reconocido por tus pares,
los más nuevos.
da ganas de no necesitar más que eso.