Directoras creativas de la Secretaría de Comunicación Pública durante el cambierismo: 0 (cero).
Hay que decirlo de una vez y para siempre: el hombre es más flexibles mentalmente que la mujer, es mejor asociando ideas, más generalista, más apto para concentrarse. Cuenta con una virtud genética para esos menesteres. No es un tema del ejercicio del poder de forma continua y casi de modo "hereditario". No. Tiene que ver con configuraciones genéticas. La mujer se desconcentra. Se dispersa. Tiene otras cualidades, pero no las necesarias para elegir las ideas más aptas y cuidarlas hasta llevarlas a la pantalla. No sabría como explicar mejor este proceso porque, justamente, no me salen bien las palabras. Soy redactora, sí. Pero me faltan muchas condiciones para ser una que, luego de 40 años de vida y 19 de profesión, tenga incorporadas las dificultades del medio, pueda lidiar con los difíciles desafíos de la profesión y, sobre todo, cuente con la virtud de dominar la lengua.
El pensamiento creativo, se sabe, es más apto al varón desde el inicio de los tiempos. Ese varón viril que, con su pene, sobre todo con su pene erecto, esgrime mejores BIG IDEAS y pone en acto mejores criterios creativos. Por esa razón se explica que haya tantos de ellos filósofos o políticos, escritores o sociólogos, por no poner "y". Las mujeres, bueno. Las mujeres no podemos. Yo soy un claro ejemplo, junto a tantas otras que por error, creí admirar. La mujer sólo quiere cargos directivos para ganar más guita y despilfarrarla en ropa. Seamos autocríticas. Todas tenemos una amiga directora de jardín de infantes o que llega a puestos directivos de jerarquía en departamentos de marketing o multinacionales. Lo que sucede es que muchas mujeres pecamos de soberbia y no somos capaces de ver nuestras debilidades. Eso hace que lleguen tan pocas. Al final los manuales tenían razón. Todo es cuestión de: fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. La mujer creativa publicitaria, en general, no entiende que ella es presa de la debilidad y la amenaza, en términos mayoritarios. Si entendiera esto no andaría reclamando estupideces por ahí, y se ocuparía de criar a los hijos y tener un trabajito de cuatro a seis horas máximo, que le permita desplegar su creatividad en el hogar, pintando patos en los repasadores o imanes de heladera. En lugar de reclamar nuestro espacio en ámbitos que nos son más naturales y cómodos –como la docencia, el hogar o las oficinas de "Cuentas" y "Atención al cliente"– perdemos el tiempo en luchar contra los molinos de viento de la ingeniería, la cirugía mayor, la creatividad o la política. Sería mucho más inteligente si aprovecháramos nuestras fortalezas y planteáramos mejores estrategias para vender nuestra fuerza laboral en el mercado que sí nos ofrecen.
Otro punto es que el hombre –cuando nos quiere– sabe aconsejarnos muy bien qué camino estratégico tomar en nuestra vida profesional. Deberíamos aprender a escucharlos mejor. ¡Me he cruzado con tantos! Algunos más generosos que otros, claro está, muchos de ellos que han sabido aconsejarme sobre las áreas en las que me convenía desarrollarme, incluso algunos pocos que hay decidido por mí que era mejor que –después de parir– me quedara en casa viendo crecer a los chicos. Eso sí que es genial. Hasta me dieron una mano enorme despidiéndome e indemnizándome. Jamás los olvidaré, ellos han sabido ser buenos consejeros, aún, cuando yo no había conseguido ser una buena oreja para sus consejos.
Las hormonas suelen jugarnos malas pasadas y destruyen todo ese edificio de buenas ideas que esporádicamente podamos tener. Imagino que hay directoras creativas en áreas estatales como municipios y comunas. Eso sí está bien. Esos ámbitos de menos dificultades y sin la necesidad de que la mujer tenga que estar dando órdenes y ocupando lugares de jerarquía son más aptos para la concha. La mujer en esos ámbitos tiene la posibilidad de irse al médico con los hijos, pedir una mañana para una reunión de padres del colegio, incluso ausentarse algún día al año si hiciera falta, cosa que jamás le pasaría al hombre.
Por supuesto, al exponer la situación de la mujer creativa en estos términos, jamás estoy hablando de mí. Sé que mi condición de género me inhabilita para muchas tareas y que mi capacidad creativa es limitada. Además no me gusta exponerme. Nunca lo hice. Justamente por esa razón es que traté de ni esforzarme en escribir dramaturgia y novela, cuentos y poemas, ensayos, críticas y periodismo cultural, al tiempo que cumplía con mis roles de madre y redactora, en el mundo privado como en el mundo público. Me pareció que hacerlo no iba a tener ningún sentido. Además nunca quise mostrar que podía, ni lo demostré, e hice mi trabajo a medias, o como pude.
Bueno, es todo por hoy. Voy a aprovechar lo que queda del horario del almuerzo para escribir una reseña, que es una pelotudez que le sale bastante bien a las minitas. De paso, saludos a todas las boludas que lloran y se hipersensibilizan una vez al mes, descartándose para todo cargo de jerarquía.


