El sábado presentamos Kintsugi de Celeste Blanco
en la Galería Patio del Liceo.
PRESENTACIÓN KINTSUGI de CELESTE BLANCO
Henri Meschonnic: crítico aguerrido, estudioso del lenguaje, traductor y también poeta francés escribió: “el sujeto, para constituirse como tal, debe hacerse a la necesidad del poema”. ¿Qué significa hacerse a la forma del poema? Crear un hueco en la vida cotidiana donde quepan diversas experiencias del orden del lenguaje. Meschonnic no quería discutir terminológicamente, lo que buscaba era oponer poema a poesía. Su objetivo último era castigar a la poesía. ¿Por qué? Porque el “acto poético” era para él algo muy distinto de la “idea” de poesía, a quien consideraba una reina institucionalizada a la que la lengua francesa le estaba rindiendo culto ciego. El poema era entonces lo contrario del conformismo despolitizado y de los academicismos capaces de sofocar al poema y asfixiarlo, anularlo y arrancarlo de la experiencia del sujeto.
Por eso Meschonnic despreciaba a la poesía, que no hacía más que estetizar los esquemas de pensamiento. Ponerlos lindos, prolijos, a la moda. Meschonnic le dispara al medio de la frente a la poesía: Para eliminar a los idólatras. Para terminar con el entusiasmo bobo. Para terminar con la pose del poeta. Y para terminar con el fetichismo sin voz de la poesía. Por ello también eligió tener una posición contra la poesía banal. Y escribió: “Sólo existe el poema si una forma de vida transforma una forma de lenguaje y si, recíprocamente, una forma de lenguaje transforma una forma de vida.”
Cuando leí Kintsugi pensé que estaba frente a alguien entregándose al poema y no a la forma de la poesía. Acá, Celeste Blanco, en este libro difícil de nombrar, le está haciendo un hueco al lenguaje en la vida cotidiana.
“Todo lo que no tengo que saber / ahora está próximo y suspendido / sobre mi cabeza y ms hombro / a punto de cubrirme ya / y no me asusto por el ruido / que hace la lámpara / de papel contra el viento”.
Habría que analizar dos cosas de estos versos. Todo lo que no tengo que saber y …. ya sé, por un lado, y el no temerle a algo tan in-temible como la lámpara de papel que se mueve. ¿A qué le teme entonces? ¿A lo que sabe? Blanco hace que nos preguntemos y respondamos cosas al leer sus poemas. Entonces nos lleva por un hilo de sentido delgado y politizado, desde el cual administra a cuentagotas unas informaciones que nos tienen atentos, interpretando.
“El remedio lo trajimos / desde un lugar que no recuerdo. / Concentrarme en un objeto y respirar y respirar / Agua caliente y trapos (antes hablamos de la partera) / para limpiar la arena desgranada / alrededor mío hicimos algo / como un abrazo.
Hay una escena de parto y una escena que terminará en la irrupción del plomero que viene a arreglar el caño y la pared. Me gusta la imagen de la interrupción en ese lugar del libro.
Los versos se encabalgan y también los temas se encabalgan. Los objetos de la casa, los rincones, los cajones, como escribió Bachelard, hacen poemas con ese lenguaje al que Celeste Blanco le hace lugar en su vida cotidiana. La pared arenosa entra en el poema, lo hace, interrumpe la otra historia trágica y política que se está contando. Pero a la vez el poema elige esa pared y la deja ahí. Podría ignorarla pero no lo hace.
Luego las voces de la administradora, el plomero, el viejo, los otros, a los que se decide dejar hablar. Sin embargo a todo ese bullicio externo Blanco responde con otro poema contundente.
“No hay soledad / fuera de cualquier paisaje, / quien dice las cosas sin palabras me acompaña”.
¿Qué es decir sin palabras? ¿Es hacer? ¿Es decir con hechos?
Una poeta juega con las palabras sin embargo sabe que el borde del lenguaje lo vuelve en otra cosa, que allí donde el lenguaje se pliega: no dice nada, que las palabras son dagas y pueden esquivar, traicionar, mentir, llevar al equívoco e incluso incomunicarnos.
En esos pasajes da gusto encontrar a la poeta detrás de sus versos. Porque la pose del poeta se descascar intencionalmente y lo que queda no es la fútil poesía, como decía Fogwill, sino el poema que constituye al sujeto, que se hace con el hacer del lenguaje y la forma.
Lo político aparece como praxis, como elecciones, como fuerza femenina que se expande y lucha.
Traigo un último poema.
“Abracemos al nonato / es como un óvulo librado / al calor de la tierra, mendrugo / de fibras y posibles errores / abracemos al germen / y a lo que de él provenga.”
No es fácil decir "algo" con el poema. Ni siquiera es intención de los adoradores bobos de la poesía. Sin embargo Blanco dice cosas, toma posición, decide, ejerce el lenguaje y lo pone al servicio, lo ubica en su lugar, entiendo lo que pregonó Meschonnic: que “en la poesía siempre es la guerra”.
Preguntas a Celeste:
–¿Por qué Kintsugi se llama así?
–¿Sabías que estabas contando una historia en este poemario?
–¿Cómo surge un poema, qué pensás / hacés primero?
–¿Por qué poesía y no narrativa? ¿Qué te permite el género?
–¿Cuándo supiste que el poemario estaba terminado?