.


"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

7.11.15

Máximas de mi cajeta

Identificar el deseo, despojarlo de las ganas, las pulsiones, los impulsos.
No perderse en cualquiera.
Insistir lo justo y necesario.
Dejarse sorprender por lo que viene de afuera y no depende de uno.
Creer con toda la razón y la inconsciencia en "el instante ya", de Lispector.
No esperar nada.
No pretender el ideal.
Planificar sólo lo imprescindible, que siempre tiene que ver con el amor.
Correr o andar en bicicleta seis veces a la semana.
Clavarse un asado de vez en cuando.
No sentarse a la mesa de cualquiera por buscar afecto.
Rodearse de los que lo hacen mejor que uno.
Considerarse lego y seguir estudiando.
Leer y escribir todos los días.

4.11.15

10 documentales

10 documentales para ver antes de votar a Scioli el 22 de noviembre.

El momento en que todo cambió

Douglas Kennedy

—Por primera vez en mi vida, sabía lo que era la certeza. Podemos pasarnos la vida entera buscando a la persona para la que estamos predestinados. La mayor parte del tiempo aceptamos soluciones a medias, algunas aceptables, otras catastróficas y otras condenadas a naufragar en la callada desesperación y la tristeza de unos horizontes limitados. Pero cuando nos encontramos cara a cara con la persona que nos ofrece la posibilidad de trascender (si es que la encontramos), entonces tenemos que cambiarlo todo, si es necesario, para que todo salga bien. Porque ése es nuestro instante, nuestra hora, y es posible que esa hora sólo nos llegue una o dos veces durante ese lapso de tiempo al que llamamos nuestra vida.

—Nosotros, como las ciudades, podemos cambiar todo lo exterior. Pero lo que no podemos hacer jamás es cambiar la historia que nos ha hecho ser lo que somos, una historia totalmente dictada por la acumulación de las múltiples complejidades de la vida, su capacidad para el asombro y el horror, para el optimismo y la desesperanza, para la luz resplandeciente y la más profunda oscuridad. Somos lo que nos ha pasado. Y llevamos a todas partes lo que nos ha hecho: todo lo que no tuvimos, todo lo que siempre quisimos pero nunca conseguimos, todo lo que conseguimos pero nunca deseamos, todo lo que encontramos y después perdimos...

1.11.15

Descarte

Hagamos de cuenta que esto no es un diario sino una historia de ciencia ficción. Armemos juntos otro escenario, más adelante, pongan ustedes la fecha que quieran. Año 8.040 de la era cristiana, por ejemplo. Observen conmigo la facilidad con la que podemos entrar en conversación los seres humanos del futuro. ¿Se dan cuenta? No hay transportes, no hay petróleo, no hay motores. Navegamos a vela otra vez y podemos circular por el mundo sin movilizar nuestros cuerpos. En 8.040 él existe y yo lo llamo aunque me niegue a hacerlo. El pensamiento apoyado sobre otro ser durante más de cinco minutos activa el diálogo inmediatamente.

—Qué.

—Uy. Perdón. Se marcó solo.

—Dale, ¿qué pasa?

—Nada. De verdad. Fue mi inconsciente.

No es fácil vivir en 8.040. Todo aparece como cercano y transparente. Los movimientos corporales son mínimos. Estamos sentados o parados en nuestros mundos mínimos, entre paredes de cemento, en casas individuales o edificios, y a la vez estamos con todos y nunca solos. No hay frontera entre lo público y lo privado. Todo es lo mismo en 8.040.

—¿Me vas a decir, o no?

—No.

—Entonces me voy.

—No. Pará. Te iba a preguntar si tenés ese libro que me decías el otro día.

En 8.040 estás obligado a mentir. La realidad es ficción y la ficción es lo real. La comunicación total hace insoportable la vida cotidiana. Compartimos cada micro movimiento que hacemos, cada pensamiento, cada deseo, incluso todo aquello que reprimimos. Pensar en otro lo hace presente a pesar nuestro. ¿Pero y si el otro no está dispuesto a hablar? Vivimos exponiendo cada fragmentos de nuestro deseo.

A la mañana vengo más temprano al microcentro, subo a esta oficina y marco su número desde el teléfono de línea. Él me atendería y yo no sabría qué decir. Tal vez volvería a mentirle. Probablemente le hablaría sobre un libro. Tal vez hasta creería que todo lo que me pasa lo está causando él, y olvidaría que en verdad en él se ensamblan todos los él que conocí; olvidaría que para poder decir, antes, hay que encontrar el hueco que da lugar a las palabras. Como la música del relato hay un ritmo que preexiste a las frases y escribir es, apenas, descubrir qué cantidad de sílabas componen ese orden. Escribir es saber cortar, pienso ahora. Eliminar lo que sobra. Esperar la palabra justa y el error que desarmonice la composición.

Uno puede hablar solo en el desierto, escribir monólogos, encerrarse entre las tapas de un diario íntimo. El árbol puede caer en el bosque sin que nadie presencie su declive, sin que se escuche el ruido que hace al desplomarse. Pero esas palabras no escuchadas tampoco pueden terminar de ser. Nunca terminan de decirse. Uno, en cambio, también puede callar.

Esperar.

Escribir es dispararle a lo que no puede ser hablado.

Más tarde leo lo que dejé escrito ayer, el párrafo anterior, e imagino a Tamara golpeando la mesa. ¿Tengo que borrar una vez más? Me gusta la idea del futuro, dejarme ir con la imaginación. Puedo pensar a Tamara ofuscándose aunque nunca la haya visto en ese estado. Seguramente su voz se engrose y su cara se transforme. Imagino su pelo más ondulado y una marca roja en su párpado derecho; las flores explotando en el balcón. Ya casi estamos en diciembre. Puedo ver las flores mientras tipeo. Las de ahora y las más pequeñas, apenas asomando en la ventisca de septiembre. Puedo ver su mano cayendo una vez más sobre la mesa, como tantas otras veces. Oír el eco del golpe. Perdí la trama —pienso. Esa mínima estampida en la mesa preanuncia que debo ir hacia atrás y retomar el dibujo del friso que se desarma en mis distracciones. Puedo ver un agujero en medio del tejido, quedó la marca del error abierta a nuestros ojos. ¿Podré arreglar ese detalle? ¿Podré coser a mano el agujero que aparece entre las hebras? Siempre quedará, de todas formas, algo del error expuesto en la superficie. Eso también es belleza.

31.10.15

Levrero x Sanchiz

Un encuentro de culto en la sede central del CEC.
Con la presencia de Ramiro Sanchiz.
*31/10/15*

Escuchar la clase:

Parte 1. 
Parte 2.









Un prólogo

PRÓLOGO


Leticia Martin

Un libro de entrevistas bien podría ser el ejemplar de una revista de chismes. La afirmación puede sonar despectiva, menor, sin embargo arrastra buena parte de una verdad. Nos interesa el borde de la obra, lo que está por fuera e intuimos, lo que imaginamos, lo que se vela detrás de lo que se narra, el secreto, el detalle, la infidencia.
La entrevista, entonces, se erige como el género por excelencia para hacer de bisagra entre las mentes interpretativas de los lectores y el detrás de escena de los libros. No por casualidad la pregunta obligada, siempre, en toda entrevista, sea la que reclama un relato de las formas de trabajo o del día tipo en la vida de una personalidad.  
Llevamos más de un siglo leyendo conversaciones impresas. “Antes de que se inventara el cine, antes de que existiera la luz eléctrica, ya se hacían entrevistas en los diarios”, señala Rosa Montero. ¿Cómo ser original después de tantos diálogos? ¿Qué preguntar en el siglo XXI? ¿Cómo preguntar? ¿De que forma señalar las diferencias o reconstruir el contexto de la entrevista?
Durante muchos años la formalidad fue la vedette del género y la seriedad el tono que se imprimió tanto a las preguntas como a las respuestas. Sin embargo, una vez entrado el siglo XX —ahora le robo a Silvio Mattoni— “las mejores infidencias de la vida de un escritor pasaban de inmediato a formar parte del contorno de su obra, como un halo que daba cierta profundidad vital y que permitía la identificación de los lectores”.
Nando Varela Pagliaro no desconoce las genealogías del género al consolidar su lugar de entrevistador y presentarnos estas conversaciones que entabló con escritores y periodistas argentinos. Desde su temprana curiosidad y sus descripciones de ambientes y climas, consigue generar unas preguntas renovadas y enfocar los aspectos menos iluminados de la obra de sus dieciséis presas: Pablo Ramos, Mempo Giardinelli, Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Fabián Casas, Hernán Casciari, Reynaldo Sietecase, Guillermo Arriaga, Antonio Dal Masetto, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Marcelo Cohen, Marcelo Birmajer, Eduardo Sacheri, José Pablo Feinmann y Pedro Mairal.
Los entrevistados, por su parte, tienen unas características comunes que el buen entrevistador debe sortear. Ellos se prestan al intercambio, no sin antes constituir un sistema de defensa basado en la repetición de estereotipos. En general, y aún cuando esa no sea la intención, el entrevistado cuenta con una serie de lugares comunes preconcebidos, o unas respuestas armadas de antemano, que lo vuelven impenetrable al diálogo sustancioso. Jorge Rivera en El periodismo cultural señala que los entrevistados actúan dos tipos de papeles o posiciones. Por un lado están los encantadores, positivos, receptivos, y por el otro los que aparecen como eternos huraños, escudándose detrás de la reputación de “difíciles”. Estos últimos se oponen a responder algunas preguntas, reformulan los términos, reemplazan las palabras del entrevistador, se muestran inaccesibles, o esquivan el momento del encuentro. El chiste de la entrevista, entonces, es mucho más profundo que la búsqueda de nuevas respuestas a temas que se repiten desde que el hombre dialoga en público. Lo distintivo de una buena entrevista, permítanme pensar en voz alta, es la puesta en juego de una intención concreta: la necesidad de volver abordable lo inabordable, de despejar el lugar común y la respuesta automática. Como bien señala María Moreno retomando a Graciela Brodsky, “el saber ordenado bajo la forma de la previsión sólo da lugar a la sorpresa cuando falla”. Justamente allí, en el error, en la respuesta inconsciente, fallida, inesperada, en ese punto donde el entrevistado se sorprende a sí mismo diciendo lo que dice, es que la serie de entrevistas presentadas en este volumen, se vuelven atractivas y despiertan la curiosidad de los lectores. Varela Pagliaro no tarda en ubicar el talón de Aquiles de sus entrevistados y hurga, desde su lugar invisible, casi desapareciendo de la escena, en los rincones menos explorados de estas discursividades. Finalmente, a costa de repreguntar, fluye esa materia oculta que captura toda nuestra atención.Por último hay que señalar que estas entrevistas, todas, fueron pensadas alrededor de un tema central y que van cosiéndose entre sí, generando un entramado sólido e integrado. En muchas de ellas se repiten las temáticas con la intención de mostrar distintos puntos de vista y en otras se retoman respuestas de los propios entrevistados para reformular ciertas preguntas y enfocar las diferencias individuales, en torno a las mismas cuestiones.
Parece una tarea sencilla elogiar y recomendar lo que está bien hecho, bien escrito, bien concebido y bien presentado a los lectores. Sin embargo, para ser justos, no lo es tanto. El elogio sin argumentos pasa a convertirse en una gran mentira apenas dejamos pasar unas páginas.

25.10.15

Tohio Saruki

https://www.tumblr.com/tagged/saeki-toshio

18.10.15

Lo único que quiero es dormir
dormir y verte
dormir y verte si es que sueño

16.10.15

David Houncheringer

Sublimar con fotos lo que pensás de los ignorantes que ganan un sueldo por pajearse. Click acá.




15.10.15

El prime time analógico de la cultura letrada

Una Feria del Libro Popular en un Centro Cultural de dimensiones descomunales. El Centro Cultural más grande de Latinoamérica. El viejo edificio del Correo dispuesto íntegramente para cobijar, durante los próximos cuatro días, a cincuenta editoriales, decenas de escritores, cientos y cientos de libros publicados en todos los rincones de la Argentina. ¿Por qué? ¿Por qué se edita tanto? ¿Por qué el Estado le da ese espacio privilegiado a la literatura nacional?
Si Bourdieu hubiera observado esta postal diría que nos encontramos frente a un momento histórico que pone de relieve un determinado estado en la distribución del capital simbólico de este campo específico: el campo literario. Los libros materializan objetos simbólicos que en una espiral ascendente generan más editoriales, más lectores, más escritores, y, en definitiva, una ampliación del campo de batalla. La trillada y archinombrada: “batalla cultural”.
Cambiemos la pregunta entonces. ¿Por qué un Estado que se amplió en todos los campos no iba a poner todo, también, a disposición del campo cultural? ¿Es lícito? ¿Es criticable? Seguramente habrá opiniones encontradas, razones y argumentos para poner en tela de juicio cada actividad en la que el Estado se vuelva posibilitador de ciertas expresiones. Lo que nadie podrá cuestionar es que más personas están accediendo a la lectura y la escritura y que, leer, siempre, la experiencia literaria es una experiencia de aprendizaje y ascenso social.

El programa completo para los cuatro días: Click acá

10.10.15

7.10.15

Diez x diez



Tercer título de la colección Diez por diez (Teatro en Sociales), libro de ensayos donde publico un trabajo sobre la obra Por eso las curitas, de Macarena Trigo. #Alegría.














1.10.15

El Gigoló


La crítica según Auden, vía Mavrakis

"Más de una vez hemos escuchado la pregunta acerca de cuál debería ser la función de la crítica literaria. Auden la resume en apenas seis puntos: dar a conocer autores ignorados; convencer de la importancia de autores menospreciados; mostrar relaciones entre obras de distintas épocas y culturas; ofrecer una lectura que mejore determinada obra; arrojar luz sobre el proceso del "hacer" artístico; y arrojar luz sobre el arte de vivir, la ciencia, la economía, la ética o la religión. Con cumplir algunos de esos puntos alcanza. Sobre todo, agrega Auden, "la lucidez de un crítico puede medirse por la novedad e importancia de sus preguntas, más allá de que uno pueda estar en desacuerdo con sus respuestas"."

antes