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"La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder de decir y el poder de oír". Maurice Blanchot

10.7.13

se debe notar cómo
junto las mandíbulas y arrastro
una yunta de bueyes
encuentro una carpeta con temas de La patrulla espacial. recuerdo que me gustaba, me gusta, me paso los temas al teléfono celular, los escucho desde las primeras horas de esta mañana límbica. cada track aleja al monstruo oscuro que me tira abajo en este miércoles de vértigo. pero entonces cedo, dejo que la música se meta. escuchar es morir un poco, se parece al momento en que la hamaca tomó velocidad y vuelve, baja, manda la pared del estómago a pegarse contra la espalda y entonces estallás, sin abrir la boca, se desata la guerra por dentro.

7.7.13

#dameDeComer

estaba leyendo y no me había dado cuenta de que sólo repetía palabras que estaban escritas en un epub y que mi boca iba traduciendo, en voz alta, del artefacto al aire, pasando el texto primero por mis ojos, y apenas un instante después por mis neuronas. estaba leyendo pero no entendía nada. y debe haber sido más de una página o dos, que le cedí a mi subconsciente para divagar, porque enseguida después, apenas caí en la cuenta del desvío, pude ver -como en super ocho- las escenas que había construido, con diálogos y escenarios recientes, de mis horas de vagar por Buenos Aires, sola. leía a Philip Dick. un libro que me enviaron por email. Una mirada a la oscuridad. hice memoria y recordé los piojos en los pulmones, la fobia del tipo, la voz del narrador, pero no pude encontrar el punto en que mi mente se desenganchó. 
la palabra 
la idea 
la oración que le abrió la puerta al pensamiento que se coló, ocupando toda mi atención. reordené enseguida las circunstancias de lo acontecido en mi lectura. no había soñado o tenido un recuerdo completo sino apenas la visualización de un escenario sabatino, las luces de la avenida de los teatros, de los autos que venían o que se iban, blancas y rojas, y otras más, arriba, desde los carteles. ese era el escenario, el hecho en sí, para sí, de tomar unas fotos, yo, para no olvidar que en ese instante recordaba, y postear las fotos en las redes, después, como gritando acá estoy, por acá pasé, hoy, a la hora que dice mi muro que pasé, colgué las fotos que estás mirando. como un grito mudo, seco de voces y de fieras. en ese recuerdo empezaba a tejerse una historia. un diálogo que nunca existió, un encuentro fragmentario, que terminó en cuanto leí una frase que no entendí. ¿por donde voy? ¿qué está pasando? ¿de qué se trata todo esto? en ese momento me enteré: hacía una cosa y, sin querer, estaba haciendo otra.

3.7.13

#peso

no tiene cuerpo, narrabilidad. no tengo siquiera la palabra para nombrar qué es lo que no tiene la acción, el hecho, la anécdota que podría tirar en la página para empezar a escribir. no tiene suficiente impacto, doble juego del sentido, densidad literaria, con la lista de salvedades infinitas del uso del término "literaria". no tiene por qué, no tiene fuerza ni peso suficiente. nada tiene el peso del abrazo inenarrable de un amigo.

#memo

releo este diario. el dos de enero comí trucha a la parrilla. era verano y había sol en las tierras sureñas de la Patagonia. mi sentimiento era exactamente el mismo.
lejanía.
acá o allá siempre hay una sensación de lejanía. no había planeado este año, no en los instantes trascendentes. ahora recuerdo la trucha. vuelvo a pensar que la escritura me salvará.

#laHeladera

mando a spam el mail de una capacitación on line. las demás carpetas están vacías. no hay notificaciones en Facebook, o menciones, o invitaciones que me interesen. el libro que esperaba no llegó y en cambio recibí otros cuatro, o cinco, que no tengo ganas de leer. no hace tanto frío en este invierno y sin embargo estoy freezada. no tengo el ánimo de escribir pero igual me siento a seguir este diario. ya me tuve paciencia en estos días y no encuentro el momento, la densidad de alguna cuestión, el suceso que narrar. llené algunas páginas esta tarde, ayer, una reseña y varios guiones. releo las chotadas que escribí. pienso que probablemente ya me convertí en una de las miles de minitas que no entendió nada de lo que dijo Levrero, Kafka, Castillo, Duras, Hemingway, Quiroga. ¿cómo mierda se escribe?, ¿qué mierda es literatura?, ¿dónde se sostiene lo que apenas nos convence?
"mi espacio literario".
"un cuarto propio".
de qué me sirven esas reflexiones si apenas tengo unas horas para escribir, unos minutos por día, entre un trabajo y otro. quiero decirme que no piense. que no vale la pena creer que sólo estoy engrosando el ejército de escritoras mal habidas, mal influenciadas, intérpretes erradas, estúpidas que sólo vuelcan sensaciones. desde mi pieza se escucha el motor de la heladera. se está por quemar. adelante hay una luz encendida. como cada noche se apagará a las cuatro o cinco de la mañana, cuando esté durmiendo y haya movido los pies debajo de las sábanas para chequear que no hay nadie al otro lado. en la pestaña contigua aparece un paréntesis que abre, un número uno y un paréntesis que cierra. voy a revisar la bandeja de entrada. es otro mail de trabajo. cierro todo y leo Final de cuentas; un capítulo al azar. Simone de Beauvoir no tiene mucho para decirme esta noche. habla de su hermana, de las obras de arte, del vacío inllenable del burgués medio. no usa el término "inllenable", pero no importa. la tele está apagada y aún sin audio y sin imagen, sigue acertando testigos falsos para el caso Rawson. hace diez años fui madre por segunda vez. todavía no entendí de qué se trata todo esto.

26.6.13

#gordas

me gustan estas estrías
la parte redondeada de mi abdomen
las cicatrices de los nacimientos
una encima de la otra
el paso de tu cuerpo por el mío
me gusta
el desgarro de la separación
mis tetas blancas, blandas, vencidas
que no han vuelto a mirar de frente
me gustan las marcas de los clavos
uno a cada lado de la rodilla
el tajo donde estaba el tendón
que ya no está y es ligamento
me gusta el ceño serio que fabriqué
entre medio de mis cejas
la espalda curvada de leer
me gusta la carne entre mis piernas
el pelo largo, me gusta, sobre las tetas
mi pelo largo sobre las tetas en la oscuridad
velado en el texto
me gusta reinventarlo
el cuerpo atravesado por la vida
las lecturas de esas marcas
el libro que escribimos en el cuerpo
lo que sobra y lo que falta en cada parte.

la belleza no es en la materia
sino en la mirada sobre ella.

que fácil es pensar
el mundo
desde la destrucción.

24.6.13

estos días leí y escribí. hice lo que me había propuesto. casi ninguna otra cosa. estuve adentro, arme la mesa, comí, lavé los platos, ayudé a los chicos com las tareas. miré los mails, anduve dispersa por las redes, pululando. a decir verdad no leí tanto como hubiera querido. pero tampoco salí de casa en cuatro días. estuve adentro cuidando el tiempo para leer y escribir. "voy a hacer sólo lo que es necesario para mí". pero me enrosqué en relaciones entre autores, corrí para leer completamente un texto, entré en la gula de abarcarlo todo. leer como deglutiendo, como si fuera a acabarse el tiempo para leer. hay un momento donde se pasa como por un tuvo de la lectura a la escritura. leí textos variados a la espera de ese pasaje. muchas veces leo en esa dirección, buscando el chispazo que inicia la escritura, ese ritmo acompasado, ese encuentro de dos cablecitos que hacen contacto sin dar aviso. hoy leí, ayer leí, puse música, leí. marqué el texto, separé las frases, leí. pero no venía el ritmo loco, no sonó tremendo en estos días. es angustiante leer la sequía en los párrafos, a veces, las palabras cortadas sin herramientas, como si yo misma las hubiera arrancado del fluir del lenguaje a mordiscones. todo se trababa en este ocio, en estos días feriados dedicados a escribir. y mientras tanto yo leía y las palabras pasaban, forzadas, de los dedos a la página del word. faltó lubricación entre oraciones. aparecía el texto como un mandato duro, tosco, de alguna parte oculta, dictatorial. se enredaba el texto, me aburría mi cantito, mi prosa achaparrada, enana y retacona. mañana espero elevar las suelas mientras lea, primero, y me ponga a corregir después. mañana espero pegar un saltito y sostenerme. un minuto, dos. tres minutos en el aire. mientras corrija, mañana, cuando me ponga a escribir será otro día.  siempre que secó, llovió.

23.6.13

la lista de Mario Levrero

genealogías

Barton Fink, mil veces
*
Adios Muñeca, de Chandler
Una mujer en la oscuridad, de Dashiell Hammet
La pasión según GH, Clarice Lispector
La vida breve (capítulo 4: Naturaleza muerta) Onetti
Franni y Zooey, de Salinger
Humor, Arthur Koestler
*
nunca Saramago
nada de Paul Auster

21.6.13

#pensar los olvidos

rezo el credo a ver si lo recuerdo. es como el himno, el padrenuestro, sólo pensarlo y a la vez decirlo, de un tirón. se me monta una frase o la salteo, se me encima, creo, con la siguiente. vuelvo atrás y la digo correctamente: "el perdón de los pecados". por como viene la súplica, lo que se está diciendo es que se cree en el perdón de los pecados. si sigo a Levrero ese olvido, ese error, es otra cosa que un problema de la memoria. ¿de qué perdón, de quién estoy hablando? de pronto, entonces, recuerdo aquellos entrenamientos por la General Paz, o de la casa de mis padres a la placita San Pantaleón, las cuadras y cuadras al trote para matar el asma y tener los músculos preparados. sin proponérmelo, a veces, contaba las cuadras con oraciones. había calculado un rosario cada cincuenta y un misterio cada decena de cien metros. igual que cuando me mandaban a Don Bosco. "esta chicas se cura el asma si se pone a nadar". tres ave Marías para cada largo, un misterio sin el gloria y las peticiones cada tres largos completos, un rosario para los quince largos y una corona entera para los cuarenta y cinco. a veces iba a nadar y las frases se me rezaban solas. estaba pensando y de repente "padre nuestro". rezar es cronometrar, medir un murmullo interior con repeticiones, es ocupar el pensamiento evitando el pensamiento. cuando se reza no se peca, no se piensa, no se duda. cuando se reza se cuenta, se suma, se reitera.

20.6.13

#juábado

pienso del lenguaje que es la salvación.
la pregunta, la búsqueda curiosa, la puerta de entrada y de salida de mí misma. unas palabras, letras ordenadas con reiteración, sentidos que se quieren decir y otros, que se dicen pese. solos, los otros sentidos, aparecen en el lenguaje inconsciente. escribo para leer más adelante la parte de mí que desconozco. escribo para leer y mientras leo me soy. voy siendo mientras armo ideas y tramas que me anticipan, mientras escucho la voz oculta, que me empuja a la des-forma, que me corre de la reiteración, del discurso de los demás, en todos sus niveles. escribo el futuro en cada error. junto palabras, borro significados, evito algunas sonoridades. aaardeca me sinonti. esvento mi propio español. puedo ribircse así. organar. ramarte de setram a setram. puedo salirme de mí misma y entrar, a buscar lo que me falta por decir.

18.6.13

#frepajar

cuando llego al TODOR me quino, con la mano derecha, genuflexo, apoyo la bulapa en el argante sugo, después zatoneo con reiteración. frago el íspide molidero en ese acto, el fonible Trumo del TODOR. frago y vuelvo a Fragar en el vacío, como si Trumo pudiera tropengar. no me gusta fragar, aunque lo hago, quino aunque detesto quinar. vogo, tropengo la velaria vincia, hasta el fonible tañir de las campanas. entonces frepajo mi drola en el silencio, me vuelvo un mocronte en ese frepajar. sumoneo mi drola folidante y balbuceo, largas fragas para Trumo en el TODOR: “námido intergoña, Trumo! / námido, intergoñador / tropenga a tu vincia en esta hora / protégenos del dulce frepajar”.

ese lugar inexistente que
igual
cuando se toca sangra.

12.6.13

#choreo

apenas él le leía la devolución, a ella se le agolpaban las palabras y caían en discusiones, en salvajes porfías, en litigios exasperantes. cada vez que él procuraba rebatir los argumentos, se enredaba en un lamento quejumbroso y tenía que retractarse de cara a ella, sintiendo cómo poco a poco las distancias se acortaban, se iban encimando, encomiando, hasta quedar tendido, él, como el cíclope de cristal al que se le han dejado caer unas hilachas de soledad. y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se repetía los argumentos, consintiendo en que él aproximara suavemente su oído. apenas se cruzaban, algo como una ráfaga los reunía, los empujaba, los enfrentaba, y de pronto era el combate, la estruendosa lucha de los discursos, la jadeante evocación del orgullo, el debate del lenguaje en una exabrupta lengua. ¡está bien! ¡está bien! acalorados en la cresta del decir, se sentían bramar, irónicos e imantados. temblaba el bar, se vencían los prejuicios, y todo se resolvía en un profundo beso, en caricias de aguerridos manotazos, en cariños casi crueles que los imbricaba hasta el límite de las baldosas. 
guiono, tacho, sintetizo, leo estadísticas de alumnos ingresantes, de universidades nuevas, cantidades de egresados, guiono con auriculares, una guitarra suave, un vacío existencial. guiono y se me va la mente, la traigo, me acomodo en la silla, busco café, pienso en otra cosa, me vuelvo a calzar los auriculares. guiono, evoco aquelmomento, imagino conversaciones, vuelvo a las estadísticas, repito el disco que se termina, escribo una palabra que no va, corresponde al pensamiento y se escapó, pasó de largo al guión. mi pensamiento se autogobierna, se hace texto de prepo, de matón, porque es machista. mete dolor mi pensamiento, cuando puede.

11.6.13

me obligo un poco, cada día. me obligo a escribir. a veces mi deseo coincide, a veces no, y ahí es entonces que me obligo, tengo dudas, de que escribir así no corresponda, de sólo correr sin responder, a las preguntas que me esperan. recuerdo la frase de Levrero que leí anoche, cuando intentaba escribir lo que no escribí, el motivo tal vez deste malestar: "escribir no es hacerlo bien, escribir es lidiar con los monstruos de uno". a veces tipeo con el fantasma de la melancolía colgado de la espalda. a veces pienso en otras veces, en cómo lo hice, en qué circunstancias escribí, sobre qué evocaciones, con qué energía. he pensado muchas veces que mi escritura aparece en el dolor, en momentos de reclusión e imposibilidad. voy a romper esos términos, desasociarlos, voy a encontrar mi fuerza en otra parte, de mí, en otro motivo. "mi nafta es que no me importe el reconocimiento", mi nafta es el sabor del juego ecléctico de las palabras que a veces pueden dar sentidos y otras veces no. quiero un piso abierto, algunas baldosas y debajo nada, ni tierra, ni cimientos, ni llegada. un camino sobre el aire y el gozo de caminar sin saber a dónde. sólo tememos cuando queremos seguridades, continuidades, repeticiones. mi nafta también puede ser la apertura total a lo que venga, con sus bifes, sus miserias, las caras de orto de los demás. la aceptación del bache, del dedo faltante de mi hermano, del poder de mi deseo sobre mi pereza. 

7.6.13

#loop

la mente es una cuchilla y el filo no falla, está ubicado hacia arriba, siempre listo, mientras escucho mil veces esta canción, leo la letra, pienso en la poesía, qué frases llegan más lejos, qué dicen esas frases, qué verbos, qué adjetivos modifican a cuáles sustantivos, y mis letras, pienso en mis versos inmateriales, una veces, otros tangibles, después, el ritmo agitado de la poesía, que se vuelve oraciones más largas en la prosa, de respiraciones más extensas, duraderas, como el modelo, la política populista, la multitud, ancha y ajena, reunida en la plaza, la historia de imaginar, siempre, el trosko que te agarra de la mano, te dice hagamos la revolución aunque no hay más, nunca hay nada más, debajo de la barba, que deseo sexual enfrascado, vuelto discurso, idealizado, por el cine de sus inicios a esta parte, desde antes de la coca que se tomaron, tus viejos y los míos, antes, de que naciera esta generación, este modelo, el pibe que canta esta canción, las pelotitas cayendo, rebotando por las calles de San Francisco, si al final acá, o allá, en la empresa o el estado, la marca o la propaganda, todo es discurso de los otros y nuestro filo, lo que está en nuestras mentes, la cuchilla, se repite en un loop al infinito, vuelve pese a vos, pensamiento involuntario, es el amor, el deseo contenido, la revolución social de nuestros cuerpos.

#por mis signos me reconoceréis

es viernes. comí un sándwich de piedras mientras esperaba que mi hermano saliera del quirófano. pensé en su dedo y me bajó la presión. lo vi sonreír y pude volver a respirar. recordé la noche que Estela puso la comida del día siguiente en el freezer y dejó la nota para los chicos sobre la mesada, la noche que le dio de comer a la perra, ordenó la casa y se fue a dormir para levantarse al día siguiente, la última mañana, el día que entró al quirófano del que nunca salió. vuelvo en subte al trabajo. voy a canjear mi tiempo por dinero, me pregunto si mi piel será más gruesa alguna vez, con el paso de los años y los machucones, si por fin el ser de los otros podrá transcurrir sin marcar mi cuerpo, poner mi garganta en estado de grito permanente, despegarme las uñas, bajar hasta mi estómago, hacerme vomitar. si fumara prendería un pucho, me armaría un cigarrito de vainilla con una seda, en la plaza, me subiría al tren que está acá arriba, sin mirar a donde me dirijo. puedo ponerme en el lugar de los otros con mucha facilidad, me toca las fibras la existencia de los otros, me asumo un ser social, hipersensible, deforme en esencia y victimizado. una emocionalidad a la que se le hace difícil moverse entre los cuerpos. cierro los pensamientos y vuelvo al trabajo. guiono, imprimo, corrijo. también puedo ser una máquina. mando mails, tomo té, desgrabo una entrevista. la tarde cobra sentido cuando encuentro esta frase: "para Levrero las excentricidades no servían, él se autodefinía incéntrico”. hago clic en el botón izquierdo del mouse sobre la última palabra. largo el click en la opción "agregar el diccionario", como hacía él, recuerdo. finalmente ¿por qué estoy tan apegada a la vida? me tranquiliza la idea del traspaso, de estar en  este cuerpo, ahora, y de hacer mi propia transposición a un e-book, después. como en Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, cuando sea una idea, definida y acabada, cuando deje este soporte, pase a otro, me descomponga, voy a mandarles señales claras. muchas serán encuentros casuales en la calle, con los amigos más queridos, contactos intensos e impensados, besos robados en las escaleras del subte. 




antes